La muerte de Rubén Rada, ocurrida este miércoles en Montevideo a los 83 años, reactivó la circulación de buena parte de su repertorio, pero entre todos sus clásicos uno volvió a ocupar un lugar central: “Muriendo de plena”, el tema que a comienzos de los 2000 amplió su llegada popular y se convirtió en una de las canciones más reconocibles de su trayectoria.
Editada en 2000 dentro del álbum Quién va a cantar, la canción quedó asociada a una idea inusual: pensar la muerte desde el festejo. “Cuando yo me muera, no quiero llanto ni pena/ Prefiero que se me vele bailando una rica plena/ Y si no me muero, tampoco me hago problema/ Porque tengo todo el tiempo de bailar hasta que muera/ No quiero a la gente todita de negro/ Prefiero de rojo vestir a mis suegros/ Y quiero en la tumba, pollito y arroz/ Patitas de cabra, con todo y melón/ Porque yo en la vida he sido feliz/ Y quiero morirme comiendo perdiz/ Pero con vino tinto y pan-ton/Pero con vino tinto”, dice una letra que reemplaza el tono solemne por baile, comida y vino. Esa inversión del rito funerario fue una de las claves de su masividad: el tema conservó el humor y la musicalidad de Rada, pero encontró una forma directa de entrar en la radio, la televisión y la cultura popular.
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El álbum al que perteneció marcó un punto de inflexión en la carrera del músico uruguayo. Quién va a cantar reunió varios de los temas que más circulación tuvieron en el cambio de siglo, entre ellos “Cha-cha, muchacha”, “Mi país” y “Muriendo de plena”. El disco fue grabado en Buenos Aires, editado por Universal y alcanzó certificaciones comerciales en Uruguay y Argentina.
La producción de Cachorro López fue decisiva en ese tramo. El propio Rada recordó que el productor no estaba convencido de empujar “Muriendo de plena” con la misma fuerza que otros cortes del álbum. “Si no sale la plena, no saco el disco”, sostuvo al evocar aquella discusión. La frase permite leer hoy el lugar que el tema ocupaba para su autor dentro de un repertorio pensado para ensanchar su público.
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Esa búsqueda de amplitud fue reconocida por el propio Rada en una entrevista de 2013 con Radio Universidad Nacional del Litoral. Allí explicó que Quién va a cantar respondió a una decisión consciente de salir del circuito más reducido que acompañaba buena parte de su carrera. “Si yo toda la vida hubiera grabado canciones como “Cha-cha muchacha” y “Muriendo de plena” sería millonario, pero para mí es muy fácil hacer eso. Yo siempre compuse música para los músicos. La única vez que compuse música para la gente me junté con Cachorro López”, afirmó en esa conversación, donde vinculó el álbum con una necesidad concreta: lograr una llegada más amplia y convertir ese reconocimiento en una plataforma de estabilidad profesional.
“Le dije “quiero vender discos, estoy cansado de la elite, porque la elite en Uruguay pueden ser 1000 personas o 500” y me dijo ‘Bueno, venite, traeme las canciones y no vengas’, porque si voy, yo voy a meterle introducciones largas…“, rememoró.
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Lejos de funcionar como una concesión aislada, “Muriendo de plena” conservó rasgos centrales del universo de Rada. Aunque toma la estructura de la plena puertorriqueña, el tema la filtra a través de su sello rítmico, su trabajo con la percusión y una escritura que mezcla ironía con vitalismo. La canción convirtió la despedida en una escena festiva y popular, un movimiento que ayudó a distinguirla dentro de un repertorio vasto y diverso.
Su expansión posterior confirmó ese lugar. El tema fue usado como cortina musical de Entre Moria y vos, el talk show que condujo Moria Casán entre 2001 y 2003, y recuperó visibilidad a partir del interés reciente en torno a la figura de la conductora por Moria, su biopic que viene siendo una de la series de Netflix más vista en el mundo. A eso se sumó otro desplazamiento: la melodía fue apropiada por hinchadas de fútbol en Uruguay y Argentina, con versiones escuchadas en tribunas de Peñarol, Racing y River Plate.
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Ese recorrido explica por qué, tras la muerte de Rada, “Muriendo de plena” reaparece como algo más que un éxito de catálogo. A 26 años de su lanzamiento, la canción sigue funcionando como una síntesis precisa de una parte de su legado: la capacidad de transformar una idea incómoda, como la muerte, en una escena colectiva de música, humor y celebración popular.
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