El testimonio de Lourdes Fernández sobre la transformación física y emocional tras una operación mayor resonó este martes. En un relato crudo y honesto, la cantante compartió detalles sobre los cambios que atravesó luego de la detención de su ex pareja, Leandro García Gómez, y el impacto de una cirugía que marcó un antes y un después en su vida.
La confesión tuvo lugar en el programa La mañana con Moria (El Trece) donde Lourdes eligió hablar en público apenas tres meses después de la detención de García Gómez, acusado y a la espera de juicio por lesiones leves, privación ilegítima de la libertad y amenazas coactivas. El proceso judicial en curso se entrelaza con una etapa personal compleja, marcada por el cierre de una relación y el inicio de una recuperación física y emocional.
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La artista abrió la entrevista con palabras que evidencian el peso de lo vivido: “Hoy lo sigo queriendo pero no lo amo más. No tengo ya esa sensación que solía tener, donde sentía que si no estaba, me faltaba alguien”. Esta frase resume el distanciamiento afectivo y la resignificación de su vínculo con quien fue su pareja.
A fines de noviembre, Lourdes fue sometida a una histerectomía completa en el Sanatorio Finochietto, una intervención de alto impacto físico y emocional. La cirugía, planificada con anticipación pero postergada por cuestiones personales y profesionales, implicó la extracción del útero y ambos ovarios a raíz de múltiples miomas y un útero agrandado, condiciones que la cantante venía padeciendo desde hace años.
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El procedimiento llegó después de un periodo de desgaste físico y mental. Había pasado semanas realizando estudios, controles y trámites médicos en medio de la demanda del regreso de Bandana a los escenarios. La presión del entorno y la incertidumbre sobre su salud se sumaron al proceso de separación y al contexto judicial que involucraba a su ex pareja.
“Yo perdí la creencia de formar mi familia. Por eso fue que permití que pasaran muchas cosas y lo más loco de todo, es que mi cuerpo lo primero que hizo, fue esterilizarme. Perdí mi útero, lo último femenino que me quedaba”, relató Lourdes en una confesión que retrata el vínculo entre el cuerpo y las emociones.
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La operación quirúrgica, aunque necesaria por motivos médicos, representó para ella un punto de inflexión personal. Reconoció que la experiencia de ingresar a un quirófano resultó extraña y aleccionadora. “Y pasar por un estadío físico que no es que estuve al borde de la muerte, pero siempre cuando te metés a un quirófano se siente medio raro…”, compartió durante la charla.
La pérdida del útero y los ovarios significó para Lourdes mucho más que el final de una etapa médica. La histerectomía fue vivida como la pérdida del último atributo que vinculaba a la artista con su feminidad. “Lo último femenino que me quedaba”, profundizó la artista, al tiempo que la conductora Moria Casán coincidía: “El cuerpo dio señales”.
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La carga emocional de la cirugía se sumó a la sensación de duelo por la maternidad no realizada. Lourdes confesó que la idea de ser madre solo había aparecido en su vida a partir de la relación con García Gómez. La ruptura de ese proyecto familiar, sumada a la imposibilidad biológica de gestar, generó un proceso de aceptación y redefinición de su identidad.

Entre risas y resignación, Lourdes también se permitió reírse de sí misma, afirmando: “Ahora soy una Bandana trans”. Con esta frase, la cantante dejó entrever la forma en que el humor puede funcionar como herramienta de resiliencia ante situaciones adversas.
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Su testimonio da cuenta de un proceso de aprendizaje forzado por las circunstancias. La cantante reconoció sentir una cuota de responsabilidad por haber buscado retomar la relación con su ex pareja a pesar de las señales de alerta. En su relato, la experiencia de “caer en el hoyo para salir” se transformó en una lección vital: “Entender eso, que es parte de un aprendizaje todo, lo malo y lo bueno”.
Esta etapa, marcada por el dolor y la recuperación, implicó la necesidad de reconstruirse no solo físicamente, sino también emocionalmente. La operación y la pérdida de su capacidad de gestar significaron un quiebre, pero también el inicio de una nueva etapa en la que, lejos de la idealización, la artista busca entender el sentido de los cambios y encontrar nuevas formas de bienestar personal.
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El testimonio de Lourdes Fernández se presentó así como el retrato de una mujer que enfrenta los efectos de una intervención médica mayor en un contexto de desgaste emocional y reconstrucción personal, donde la resiliencia y la honestidad se convierten en sus principales herramientas.
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