Fiorella Giménez, reconocida por su participación en el programa La Academia de Showmatch y por su relación con el actor Agustín “Cachete” Sierra, decidió viajar a Brasil para disfrutar de unas vacaciones junto a su abuela. Durante su estancia, ambas planearon diversas actividades turísticas, incluyendo una excursión a una favela, un tipo de asentamiento urbano característico de las grandes ciudades brasileñas.
Según relató la protagonista, la visita se llevó a cabo en un grupo reducido de cinco personas en una favela de Río de Janeiro: ella, su abuela, un guía y dos turistas más de nacionalidad brasileña. A lo largo del recorrido, el grupo se mantuvo unido, aunque la comunicación con los turistas fue limitada debido a las diferencias de idioma, obligándolos a interactuar en una mezcla de español y portugués.
En apariencia, el paseo transcurría sin inconvenientes, y no hubo indicios de que algo extraño pudiera suceder. La excursión, organizada como parte de una oferta turística tradicional, no generaba sospechas en la bailarina ni en su abuela, lo que las llevó a confiar en la experiencia, hasta que se convirtió en un episodio traumático para la joven.
Todo se disparó cuando el grupo hizo una pausa para comer, los dos integrantes del grupo pidieron licuados de banana. “Nos convidan a mi abuela y a mí y nos dan dos vasitos perfectos, con licuado de banana”, relató la joven, que agradeció gesto. “Mi abuela me dice ‘Fio, tomátelo vos el mío si querés, porque me va a hacer mal a la panza’”, contó Fiorella, que bebió ambos vasos.
Luego de un rato, mientras el grupo continuaba con el recorrido, comenzó a sentirse extraña: “Me paro y digo ‘uf, qué cansadas que tengo las piernas’”, detalló acerca de como se dio cuenta de que algo andaba mal. En un principio, intentó atribuirlo al calor extremo de Brasil. Sin embargo, la sensación en su cuerpo no desaparecía, sino que se intensificaba.

“Me empezaron a temblar las piernas, los cuádriceps. Sentía que ya no podía subir más las escaleras, como que se me desvanecían las piernas”, explicó. Minutos después, la misma debilidad llegó a sus brazos. A pesar de la incomodidad, trató de restarle importancia para no preocupar a su abuela. “Yo no la quería asustar”, aseguró.
Tratando de aliviarse, bebió agua, lo que le dio un leve respiro. Sin embargo, su estado seguía deteriorándose. Al llegar a una casa en la favela, decidió entrar al baño para intentar registrar mejor lo que le estaba ocurriendo. Fue entonces cuando notó que sus manos también temblaban.
En ese momento, el guía de la excursión se acercó a ella para intentar calmarla, atribuyendo sus síntomas a una baja de presión por el calor. Pero Fiorella no le creyó. “Le digo ‘abuela, no tengo la presión baja. Estoy sintiendo algo en el cuerpo que nunca en la vida sentí’”, afirmó.

Su abuela, notando que la situación podía volverse más peligrosa, se hizo cargo de la situación: “Me agarra el brazo y me dice ‘Fiorella, venís conmigo’”. Ambas salieron del recorrido por su cuenta, a pesar del riesgo que significaba en un terreno desconocido. “Nos mandamos solas en el medio de la favela, lo cual es un peligro. No encontrábamos un puto taxi. Teníamos como 40 minutos y yo no podía más”, relató. Su estado continuaba empeorando y comenzó a experimentar síntomas aún más alarmantes. “Empiezo a sentir palpitaciones muy fuertes en el corazón”. Finalmente, lograron tomar un taxi y regresar al hotel, una vez en la habitación, la bailarina comenzó a sentirse un poco mejor, pero el agotamiento era extremo y se quedó dormida.
Al despertarse, notó que la sensación de pesadez en los brazos persistía. Buscando respuestas, decidió comunicarse con su psicólogo y relatarle lo sucedido con lujo de detalles, en esa conversación recibió una revelación inquietante. “Me dice ‘una paciente la semana pasada me contó la misma situación que me estás contando vos en Brasil con los mismos síntomas, pero no fue con un licuado de banana, fue en contexto boliche a la noche’”. Esto, sumado a lo que ocurrió al día siguiente encendieron las alarmas.

Cuando se despertó, Giménez abrió su Instagram y recibió un mensaje inesperado: “‘Buen día. ¿Todo está bien? Soy el chico que estuvo contigo en el paseo ayer. ¿Estás bien? Esperé el final del recorrido para invitarte a hacer algo’”.
Esa actitud generó aún más sospechas en la bailarina, quien comenzó a atar cabos: “¿Por qué me preguntás si estoy bien? Bol..., me viste una sola vez en la vida y me fui cinco minutos antes de la excursión. Es que cierra todo, ¿entienden?”. Al darse cuenta de la gravedad de la situación, tomó una decisión inmediata: “Obviamente, lo bloqueé y no le respondí”. Y agregó: “Yo soy una mina muy confiada, que no pienso realmente que la gente puede llegar a tener una mala intención. Pero no saben lo mal que la pasé”.
“No podía controlar mi cuerpo y yo tengo mucha conciencia de mi cuerpo porque soy bailarina. A mí no me van a pelotudear. Yo no tenía la presión baja, a mí no me afecta el calor, no me pasaba nada de eso”, reflexionó al respecto. Después de analizar todo lo ocurrido, y viendo que el malestar persistía, decidieron denunciar el hecho.
Además, utilizó su experiencia para advertir a sus seguidores sobre los peligros de aceptar bebidas de desconocidos: “¿Viste cuando tu mamá te dice ‘no tomes nunca de un vaso que no viste cómo lo hicieron’? Por más que estés en una excursión paga, donde todo parezca seguro, no tomes un vaso nunca”, concluyó.
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