El “maltrato” de Juana Repetto, los “minutos para pensar” de Pampita y el fin de la maternidad azucarada

Hace unos días las figuras reflexionaron sobre lo que pasa puertas adentro de sus casas, eso que no suele contarse muy a menudo y que ocurre en la mayoría de los hogares. En diálogo con Teleshow una psicóloga analizó la importancia de los mensajes y cómo enmendar situaciones conflictivas

Juana Repetto con Toribio y Pampita con Ana
Juana Repetto con Toribio y Pampita con Ana

—Bajate de ahí que te vas a lastimar.

—No le saques las cosas a tu hermana.

— ¡Sentate que ya está la comida!

—Dije que ¡No!

Y al rato se van a dormir y los mirás… no podés creer lo hermosos, buenos y dulces que son tus hijos ¡Qué harías sin ellos! Y entonces… la culpa: porque gritaste, retaste, hoy no jugaste o no tuviste paciencia. Te das cuenta que ese mail no era tan urgente, que el vaso que se volcó no era tan grave y que esos patos sucios podían esperar. Mamá: mañana será otro día…

Aunque las fotos de Instagram parezcan perfectas: chicos sin mocos que no gritan y que posan sin moverse, casas de revista espléndidas donde nada está fuera de lugar y hasta el perro brilla para la postal, el detrás de escena no siempre (o casi nunca) lo es.

Una de las primeras romper con el estereotipo de las mamás que se muestran perfectas fue Juana Repetto que desde que se convirtió en madre de Toribio de cinco años (ahora también lo es de Belisario de seis meses) muestra en sus redes sociales aquellas cosas que no son tan glamorosas y que también implican asumir que en la maternidad, como en casi todos los aspectos de la vida, no todo es color de rosa como soñamos cuando chicas y los Reyes Magos nos trajeron ese carrito de bebé que habíamos pedido para pasear a nuestros hijos muñecos.

Juan Repetto con Toro, embarazada de Belisario
Juan Repetto con Toro, embarazada de Belisario

Hace unos días, la actriz contó que en su casa había “maltratos” entendiendo con esa palabra gritos y apretones de brazo. “Cuesta asumirlo, hacerse cargo y aún más decirlo, pareciera que al decirlo uno terminara de asumirlo. Lo cual genera (en mapadres sanos) un inmenso dolor e indescriptible angustia. Pero es necesario empezar por ser conscientes para poder hacer algo al respecto. Con todo el dolor del mundo y lágrimas en los ojos yo asumo que como ya saben quiénes son parte de esta comunidad, estamos en un momento difícil y en casa hay gritos, enojo, algún apretón de brazo. Si bien nada justifica lo anterior, también hay conciencia, hay (pre)ocupación y acción. Pido ayuda, sé y noto que no está bien, que no es la forma”, escribió en su Instagram.

Juana se abrió y contó a su millón y medio de seguidores aquello que generalmente, y con suerte, queda relegado a una charla que solo se tendría con un pequeño grupo de amigas íntimas de toda la vida.

Pampita, mamá de Blanca (fallecida en el 2012) Bautista, Beltrán, Benicio y Ana contó hace unos días cómo hace para poner límites a sus hijos. “Te vas a pensar. Y me dijeron que es un minuto por edad: un año un minuto, dos años dos minutos, tres años tres minutos...Y así, le vas subiendo minutos al tiempo de pensar. No sé si ayuda mucho, pero ya saben”, dijo en su programa.

La foto de domingo de Pampíta, Ana y su marido Roberto García Moritán
La foto de domingo de Pampíta, Ana y su marido Roberto García Moritán

“Si no, bajo línea, sacamos dispositivos eléctricos en un segundo y bueno, no hay más teléfono, no hay más esto y no hay más lo otro. A los hijos les hacen bien los límites. Los ayuda a crecer, se sienten amados y contenidos. No hay que dejar pasar nada”, agregó, ya que a veces las cosas no fluyen tas fácilmente.

Hace un tiempo en diálogo con este sitio, Belu Lucius, mamá de Bautista y Benjamín quien no tiene problema en mostrar su casa tal cual es, definió a la maternidad: “No siempre es linda y tiene momentos en los que uno se replantea y quiere volver el tiempo para atrás. Hay tristezas, desarraigos y frustraciones y también los momentos mas hermosos que te va a regalar la vida, son una bendición”.

Belu con Juan Bautista y Benjamín
Belu con Juan Bautista y Benjamín

“En el último tiempo nos empezamos a encontrar relatos mas abiertos sobre cómo se vivencian las mapaernidades y no es solo la imagen romantizada e idealizada de quien cuida y cría, sino que empiezan a aparecer ambivalencias y otras caras no tan gozosas de esta tarea”, celebró la licenciada María Agustina Capurro, Psicóloga Clínica con Orientación Perinatal (MN 69748) y destacó que “es interesante porque habilita a sentires compartidos, desculpabiliza”.

Sin embargo, le pareció prudente aclarar: “En estos discursos aparecen manifestaciones ‘por las infancias’ o ‘por el adulto’ y lo que está en el centro es el vínculo, no uno u otro, la complejidad que reviste lo vincular y poder desculpabilizar, porque quedan mensajes deterministas donde si sucede A por parte del adulto al niño le va a pasar B y no hay alternativa. No existe una forma de hacer las cosas que no garantice fallar, hay aprendizaje y es restitutivo, nuestros hijos aprenden de cómo nosotros aprendemos en el vínculo”.

“Mas allá de Juana, me parece interesante lo que sucede: no todo es tierno, hay malestar, desgaste y que a veces uno no reacciona como quiere”, explicó y destacó: “Lo que no está bueno es que ella todo lo engloba en concepto de maltrato, un golpe y un grito, como que si yo madre le grito va a ser arrasado por la humanidad”.

En diálogo con Teleshow la licenciada en psicología Diana Hunsche, autora del libro A terapia, ¿yo?, celebró también la iniciativa de Juana Repetto de abrir las puertas de su casa: “Todo lo que ayude a visibilizar lo que pasa puertas adentro en cualquier área es bienvenido, mas si se trata del ámbito familiar, ya que el hogar es el sitio mas íntimo y por lo tanto inaccesible a la mirada social”.

“Desde que empezó la pandemia, lo que venia mal se potenció aún más, debido al encierro, la situación económica y sanitaria. La actitud de Juana de contar lo que sucede en su casa es doblemente valiosa porque llega a mas gente porque es una figura icónica y admirada por haber sido pionera en muchas decisiones que tomó en su vida”, dijo y destacó que la actriz “no solo tiene la valentía de admitir y asumir que le grita a sus hijos, sino de declararlo públicamente”.

“También destaco que reconoce saber que existen muchos chicos que reciben mayor mal trato y abuso de todo tipo pero que ella no quiere escudarse en eso para naturalizar el grito, es importante porque piensa que no hay que justificar apretón de brazo ni maltrato”, agregó la especialista.

—¿Qué genera el mensaje de ella en quienes la leen?

Agustina Capurro: —La frustración, el enojo, el cansancio tienden a ocultarse y manifestarlos hace que se deje de sostener esta maternidad idealizada, sacrificada, hiper paciente, donde no puede haber desregulaciones por parte del adultos.

Diana Hunsche: —Produce alivio, porque en la mayoría de los hogares, especialmente después de la pandemia, hubo gritos y enojo. Ella con sus dichos toma de la mano a los mapadres y los induce, les sugiere que le pidan disculpas a sus hijos y me paree fundamental porque se predica con ejemplo.

—¿Y qué pasa con las familias de portada de revistas? ¿Pueden afectar a las madres y padres que se muestre algo irreal?

A.C.: —La persistencia de imágenes de maternidades y familias en general perfectas generan malestar psíquico porque aquello que hace brecha con la realidad da culpa, vergüenza y angustia por no poder cumplir con un estándar que está lejos del camino que la mayoría de las madres y padres pueden transitar. Fundamentalmente porque uno no cría ajeno al resto de la vida, sino que lo hace mientras es hijo, trabajador, amigo, cría y cuida a otros hijos y materna otros vínculos.

A.H.: — La familia perfecta no existe e inclusive las personas que figuran en las tapas de revista cuando vuelven a sus casas también tienen conflictos. Muestran un ideal y un modelo de lo que uno quisiera ser pero no es. La persona cuando lee la revista suele compararse y siempre cree que lo que esta viendo es la situación permanente de esa familia y en realidad es una configuración realizada para la foto que no representa la totalidad.

—Si hay gritos en prácticamente todas las casas, ¿por qué cuesta tanto contarlo y sorprende el relato de Juana?

D.H: —Lo que nos cuesta contar es aquello que revela nuestros defectos, cuesta admitir errores porque es un golpe a nuestro amor propio y orgullo y reconocer nuestros defectos nos genera vergüenza, culpa y sensación de inmadurez, cuando en realidad es un signo de madurez.

—¿Y qué pasa con la paciencia?

A.C.: —Lo que tiene que ver con vulnerar derechos no tiene lugar en esto que estamos halando, pero sí la desregulación propia que puede tener un adulto a la hora de cuidar y criar, porque lo hacemos siendo sujetos. Es incorrecto, culpabilizante y lineal creer que todo lo que hacemos y generamos no tiene posibilidad de reparación.

D.H.: —Los hijos son para los mapadres una escuela de la paciencia, nos sacan de nuestro centro, nos obligan a mirar hacia afuera, nos convierten en mejores personas, nos ayudan a crecer. Es una doble educación: la que impartimos y la que ellos nos imparten a nosotros. Muchas veces se parte de un concepto erróneo, se cree que los mapadres podemos ser totalmente espontáneos en todo momento, con nuestra pareja e hijos, y hay que establecer filtros también en casa, sino la casa es el chivo expiatorio donde uno canaliza lo que no pudo manifestar afuera.

Juana y Toribio
Juana y Toribio

—Sin embargo, las ocupaciones diarias a veces hacen que la paciencia escasee... ¿qué se puede hacer cuando eso ocurre?

A. C.: —Es importante entender que no porque yo grite o tenga una situación de desborde causará un efecto irreparable en el niño y entonces va a ser violentado o violentara a sus hijos. Está bueno que una persona pública ponga luz por la experiencia, ella lo hace de un modelo donde el niño esta en el centro y todo lo que se hace o no ofrece y generará impactos irreparables y no puede habar de lo que acontece, que a veces (los niños) confrontan con nosotros y disparan cosas humanas, como cansancio. Otra cosa es vulnerar los derechos de los niños. Las madres y los padres nos equivocamos y eso no está mal. No existe una forma ni un saber que garantice no fallar. Nuestros hijos nos exceden, tienen sus propias improntas y despliegan sus propios estilos que nutren al vínculo.

D.H.: —Si queremos que nuestros hijos se hagan respetar en la comunidad y que se cuiden, nosotros somo los primeros que tenemos que respetarlos y cuidarlos y tenemos que saber que somos humanos y puede haber desbordes. Cuando esos desbordes suceden, está la herramienta del perdón, que genera alivio y resetea la relación. Además, al pedir disculpas se valida el dolor del otro.

—¿Qué otra cosa se puede hacer para hacer?

A.C: —Hay que tener en cuenta el devenir, se construye y deconstruye, hay ensayo y error siempre que n o hablemos de cuestiones de asimetría, o que haya abuso de eso, como el castigo que es algo. El grito es una manifestación de la emoción”.

D.H.: —Una herramienta buena es el elogio que compensa estas situaciones de desborde. Una criatura logró empezar a caminar, escribir o hablar con muchísimo esfuerzo por ejemplo, entonces los elogios son bienvenidos y sanadores y cuando un halago es justo, se convierte en necesario e imprescindible. Una buena nota o ayuda a la mamá, hay que destacarla para incentivarlo a que lo vuelva a hacer.

Carla Orsini, pediatra y “mamá de cinco” tiene más de 300 mil seguidores en las redes donde suele mostrar la “maternidad real”. “El colapso parece el título de una novela. El colapso es muchas veces lo que domina parte del día de muchas maternidades. Nos criaron para aguantar, para estar calladitas, para ser perfectas, para ocuparse de la casa sin chistar. Tengo días que colapso. Si la maternidad fuera real y no con kilos de azúcar. Si se pudiera disfrutar más. Disfrutar de verlos crecer y compartir. Si no quedáramos absorbidas por obligaciones, horarios y rutinas. El colapso inevitable de la mapaternidad de hoy. Tan juzgada y observada. ‘Vos quisiste ser madre’. Y amoooo. Pero eso no quiere decir no esté cansada. No puedo con todo. La ambivalencia. Los sentimientos encontrados. La realidad. Un día a la vez”.

SEGUIR LEYENDO: