En agosto de 1949, William Peter Blatty estudiaba literatura en la Universidad Jesuítica de Georgetown. Como todas las mañanas, se levantó, preparó el desayuno y mientras comía unos huevos revueltos comenzó a repasar las páginas de The Washington Post. Las noticias contaban la actividad del presidente Harry Truman que había comenzado su segundo mandato; en China, las tropas comunistas habían ocupado Pekín. A William el deporte no le interesaba y lo pasó de largo. Pero en Sociedad una noticia atrajo su atención. Narraba la historia de Robbie, un niño que jugando a la ouija intentó comunicarse con su tía espiritista muerta. Sus padres lo encontraron hablando con voz extraña en lenguas desconocidas, golpeándose contra las paredes con una fuerza anormal y maldiciendo todo objeto religioso. Los médicos que contactaron se declararon incompetentes y decidieron consultar con un sacerdote quien luego de verlo aseguró que el chico estaba poseído. Solo se salvaría mediante un exorcismo. El ritual llevó seis semanas, en la sesión 30 el niño dijo “Christus, Domini” (“Cristo, el Señor”) y se despertó sin poder recordar nada. William Blatty cerró el diario, había encontrado una gran historia pero no era su tiempo para escribirla.
Veinte años después, en 1969, Richard Nixon gobernaba los Estados Unidos y la China comunista estaba en conflicto con la Unión Soviética. A William Peter Blatty los deportes seguían sin interesarle pero había ganado 10 mil dólares en un concurso televisivo lo que le permitía dedicarse a lo único que sí le interesaba: la escritura. En su cabaña a orillas del lago Tahoe decidió que era tiempo de reflotar la historia de Robbie y así fue que escribió El exorcista, que recreaba la historia de Robbie. La novela fue publicada en 1971 y se convirtió en un best seller que vendió 13 millones de ejemplares.
Ante semejante éxito la Warner Bros decidió contratarlo para filmar la película. Blatty sería el guionista y Wiliam Friedkin el director. Pero en la pantalla el poseído no sería un niño sino Regan, un niña interpretada por Linda Blair. Todos intuían que tenían entre sus manos un éxito, lo que no intuían es que -y nunca mejor dicho tanto para crédulos como para incrédulos- “el diablo metería la cola”.
El rodaje comenzó el 14 de agosto de 1972, apenas comenzó se escucharon ruidos extraños y algunos técnicos aseguraban que habían visto sombras furtivas. Friedkin y Blatty intentaban tranquilizar al equipo asegurando que solo estaban sugestionados pero empezaban los rumores que la película estaba maldita. Es que apenas unos días antes de iniciar la filmación se incendió el decorado que representaba la casa de la niña poseída y murieron tres operarios. Las llamas devoraron todo, menos la habitación donde se representaba el exorcismo. Las pericias aseguraban que una paloma había entrado al lugar y, asustada, había provocado un cortocircuito. Por las dudas muchos comenzaron a persignarse.

El incendio aplazó el inicio de la filmación seis semanas. Parecía que el mal momento quedaba atrás pero al segundo día, Max Von Sydow que debía interpretar al padre Lankester pidió permiso para ausentarse: su hermano había fallecido. Días después, Linda Blair la protagonista también faltó unos días, su abuelo había muerto. Los personajes encarnados por Jack MacGowran y Vasiliki Maliaros que en la película morían, en la vida real no llegaron al estreno, ambos murieron en la post producción. Uno de los técnicos fue asesinado y el vigilante nocturno que custodiaba el estudio fue encontrado sin vida. La muerte también rozó a Jason Miller, otro de los protagonistas, su hijo estuvo gravísimo después de estrellarse con su moto.
La muerte seguiría persiguiéndolos aún mucho tiempo después. En 1979, el actor Paul Bateson, que tenía una pequeña aparición en la cinta fue condenado por asesinar a un crítico de cine y fue sospechoso de otros seis crímenes. En 1987 el hijo de Mercedes McCambridge, la mujer que le puso voz al demonio que poseía a Regan, mató a su esposa, a sus hijos y se suicidó.
Pero volvamos al set. Sugestionada o no por las muertes, por los ruidos y las sombras Ellen Burstyn que interpretaba a la madre de la niña endemoniada, se negó a seguir filmando si no sacaban las líneas que decían “creo en el diablo” porque aseguraba que sufrirían consecuencias. Por las dudas, le hicieron caso.
Más tranquila, la actriz retomó sus escenas. El guión marcaba que su hija debía estrellarla contra una pared y para evitar accidentes un arnés la protegería. Pero al grabar, el arnés se rompió y la actriz cayó con violencia. El golpe fue tan fuerte que gritó de dolor, el director lejos de cortar la filmación siguió y los alaridos que se escuchan son los reales. Después de todo esto, Burstyn exigió que el sacerdote Thomas Berningham, asesor de la cinta, realizara un auténtico exorcismo, pero el religioso dijo que eso pondría más nerviosos a todos y que mejor solo los bendecía. Le hicieron caso y obviamente, se siguieron persignando.

Algunos sucesos que ocurrieron no fueron producto de fuerzas ocultas sino de comportamientos cuestionables. Friedkin empleaba métodos insólitos para lograr los efectos buscados en sus actores. Jason Miller que interpretaba al padre Karras debía lucir aterrorizado ante la niña poseída, pero el director no estaba conforme con la expresión del actor. Dispuesto a lograr lo que quería llevó un arma y sin decir nada en la escena señalada comenzó a disparar. La cara de pánico que logró en el actor no fue actuación.
El director tampoco estaba conforme con la expresión de Father O’Malley, otro de sus actores. Se acercó hasta él y le cruzó la cara con un cachetazo. Al ver su reacción dijo “esta es la expresión que quería, ahora sí a filmar”.
En otro momento Regan vomitaba una sustancia verde y asquerosa sobre el padre Karras. Lo que nadie le advirtió al actor es que Linda estaba preparada para arrojarle una mezcla de puré asqueroso y maloliente en su cara. La expresión que quedó registrada es la del asco real que sintió el actor.
Para lograr la escena del aliento helado, Friedkin ordenó instalar en el dormitorio de Regan cuatro aires acondicionados que hicieron descender la temperatura a 40 grados bajo cero. Linda solo estaba vestida con un camisón. Fue el único momento donde un ángel bueno anduvo dando vueltas. Si no contrajo pulmonía fue por un verdadero milagro.
Durante las grabaciones se caían focos y desaparecían cintas con escenas ya grabadas. Sugestionados o no todos aseguraban que se escuchaban ruidos, pasos, voces, que los objetos se esfumaban y que si atendían el teléfono se escuchaban susurros. En medio de ese clima tan opresivo como tenso cada vez que el equipo tomaba unos minutos de descanso a Friedkin no se le ocurría mejor idea que poner la música de Psicosis de fondo. Para colmo algunos técnicos aseguraban que lo habían visto “rodando por el suelo y echando espuma por la boca”. Comenzaron a llamarlo “el loco” y obviamente, “el endemoniado”.

Al comienzo del proyecto, guionista y director eran muy amigos. Fue en el rodaje que comenzaron los enfrentamientos. Friedkin le decía que la obra tenía demasiadas premoniciones, un estilo rebuscado y que debía ser más frontal. El guionista contraatacaba asegurando que él abusaba de los efectos especiales y que el que usaron cuando Regan giraba la cabeza era ridículo en vez de terrorífico. Los que vieron la película ya saben quién ganó la pulseada.
Los modos de Friedkin hacían que no solo chocara con el equipo, también con los directivos de la Warner. El que se encargaba de acercar posiciones era Blatty que les recordaba que el director había ganado un Oscar por Contacto en Francia. Pero cuando El exorcista se estrenó, Friedkin se sentó en un lado y el guionista en la otra punta. Era un momento de gloria para Blatty al que, sin embargo, se lo notaba enojado y contrariado. No era para menos, el que había considerado su amigo, con el compartía un pasado de crianza con madres complejas, y al que defendió con vehemencia, había seducido a su novia que lo abandonó para irse con el director. Desde entonces nunca más se hablaron.
Cuando El exorcista comenzó a ser exhibida muchos espectadores se desmayaban, vomitaban y sufrían crisis de pánico. Una mujer demandó al estudio porque aseguró que salió de la proyección tan aterrorizada que perdió el equilibrio y se rompió la mandíbula. En Roma, se estrenó en un cine cercano a una iglesia. Minutos antes de la función un rayo dio en una de las cruces del templo y la hizo caer estrepitosamente. En 1975 se estrenó en Londres la versión teatral de la obra. La actriz Mary Ure que interpretaba a la niña poseída se fue a su casa tras el estreno. Al otro día la encontraron muerta en la bañera de su casa.
Dicen que el 28 de octubre de 2010, un colaborador de un prestigioso portal, murió desangrado tras arrancarse su mano a mordiscos, minutos después de escribir un artículo titulado “La Maldición del Exorcista”. Por las dudas escribí esta crónica junto a un frasquito con agua bendita.
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