Cada cuántos días se deben cambiar todas las contraseñas de redes sociales y correos

Los accesos breves y fáciles de descifrar dejan cuentas personales, financieras y laborales al alcance de herramientas capaces de probar combinaciones a gran velocidad

Gestor de contraseñas de Google
La solidez de una contraseña importa más que cambiarla cada 90 días (Google)
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Cambiar las contraseñas puede reducir los riesgos de acceso no autorizado, pero la frecuencia adecuada depende de la solidez de cada clave y del tipo de cuenta protegida. Redes sociales, servicios bancarios, plataformas de trabajo y aplicaciones con información sensible requieren contraseñas únicas, robustas y difíciles de descifrar.

Una clave simple, de hasta siete caracteres, puede caer en manos de un cibercriminal en apenas dos segundos mediante herramientas automatizadas.El hábito de actualizar credenciales tiene incluso una fecha dedicada en Estados Unidos: cada 1 de febrero se celebra el Change Your Password Day.

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De acuerdo con Eset, el cambio periódico puede ser útil, aunque no existe una regla única para todos los usuarios y servicios. La empresa de ciberseguridad recomienda analizar la composición de la contraseña, la importancia de la cuenta y la existencia de posibles filtraciones antes de decidir cuándo renovarla.

Primer plano de un dedo índice situado sobre la tecla Enter iluminada en azul de un teclado gris.
Una credencial extensa, exclusiva y difícil de adivinar ofrece mayor defensa frente a ataques automatizados que las renovaciones frecuentes con variaciones predecibles - (Imagen Ilustrativa Infobae)

La regla de los 90 días no siempre ofrece más seguridad

Durante años se extendió la recomendación de modificar las contraseñas cada 90 días. Sin embargo, esta práctica no garantiza por sí sola una mejora relevante de la seguridad. El especialista Lance Spitzner, en un análisis publicado por Sans, considera que el beneficio es reducido frente al costo que implica para las empresas obligar a sus usuarios o empleados a renovar las claves con frecuencia.

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Spitzner plantea que esos recursos podrían emplearse en enseñar a utilizar contraseñas únicas y seguras, además de facilitar gestores de contraseñas y sistemas de verificación en dos pasos. La idea central es que una clave sólida y exclusiva para cada servicio ofrece una barrera más efectiva que cambios periódicos que no modifican realmente la estructura de la contraseña.

Un estudio de la Universidad Carnegie Mellon también observó una conducta repetida: cuando los usuarios deben cambiar sus claves con demasiada frecuencia, suelen aplicar variaciones mínimas. Cambian el mes, el año o un número final, una solución sencilla de recordar, pero previsible para quien intenta vulnerar la cuenta.

Cuáles son los tiempos indicados para cambiar contraseñas

La empresa de seguridad digital plantea una orientación basada en la complejidad de cada contraseña. Una clave de 10 caracteres que solo combina letras mayúsculas y minúsculas debería cambiarse cada mes, pues ese sería el periodo estimado en que podría ser vulnerada.

Una clave sencilla puede quedar expuesta en apenas dos segundos
Una clave sencilla puede quedar expuesta en apenas dos segundos

La frecuencia puede espaciarse si se incorporan números. En ese caso, el cambio podría realizarse cada seis meses. Si la contraseña además incluye símbolos, la actualización puede hacerse de forma anual. Estos plazos no eliminan la necesidad de actuar antes cuando existe una sospecha de filtración, un acceso extraño o una brecha de seguridad.

Las claves bancarias merecen una atención distinta. Suelen ser más cortas y protegen información financiera, por lo que conviene cambiarlas con mayor frecuencia. La contraseña funciona como la llave de entrada a la vida digital: protege cuentas, datos personales, dinero y recursos frente a accesos no autorizados.

Qué no se debe hacer al crear una contraseña

El primer paso consiste en crear una contraseña robusta, con una extensión considerable y una combinación de mayúsculas, minúsculas, números y caracteres especiales. Claves como “123456” o “password” siguen apareciendo entre las más utilizadas y no ofrecen una protección suficiente frente a ataques automatizados.

También es esencial evitar la reutilización. Usar una sola contraseña para el correo electrónico, las redes sociales, la banca y otros servicios equivale a utilizar la misma llave para la vivienda, el automóvil y una caja fuerte. Si un atacante obtiene una de esas credenciales, podrá probarla en otras plataformas.

El doble factor refuerza la protección de las cuentas digitales - EFE/Juan Carlos Gomi
El doble factor refuerza la protección de las cuentas digitales - EFE/Juan Carlos Gomi

Actualizar una contraseña sin señales de que haya sido filtrada no siempre la hace más segura. La prioridad debe estar en su calidad, en su exclusividad y en la capacidad del usuario para administrarla sin recurrir a anotaciones inseguras.

Los gestores y el doble factor refuerzan la protección

Las contraseñas no deben guardarse en papeles, notas adhesivas, hojas de cálculo ni documentos de texto dentro del dispositivo. Tampoco resulta recomendable almacenarlas en el navegador. La alternativa indicada es un administrador de contraseñas, que permite proteger todas las claves mediante una única contraseña maestra.

El otro aliado es el doble factor de autenticación o 2FA. Esta capa adicional dificulta el acceso de terceros incluso si ya obtuvieron una contraseña. Puede requerir algo que la persona sabe, como una clave; algo que posee, como un teléfono o token; o una característica personal, como la huella dactilar o el iris.

La revisión periódica de las credenciales, el uso de gestores y la activación del 2FA permiten proteger mejor las cuentas. Cambiar una contraseña debe ser una decisión vinculada a su complejidad, al valor de la información que protege y a cualquier señal de posible compromiso.

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