Grandes editoriales de Estados Unidos usan IA en secreto y sus empleados se rebelan

Trabajadores de tres de las cinco editoriales más grandes describen correos, portadas y textos de contratapa hechos con IA sin avisar a los autores

Decenas de empleados de HarperCollins fueron designados como "campeones de IA" sin que se les consultara. (Europa Press)
Decenas de empleados de HarperCollins fueron designados como "campeones de IA" sin que se les consultara. (Europa Press)
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Empleados de tres de las cinco editoriales más grandes de Estados Unidos, HarperCollins, Simon & Schuster y Hachette, usan herramientas de inteligencia artificial generativa para escribir correos a agentes literarios, textos de contratapa y materiales de marketing sin avisar a los autores, según una investigación de la revista Wired.

El reportaje, basado en entrevistas con más de dos docenas de trabajadores que pidieron mantener el anonimato para proteger sus empleos, describe un uso extendido de modelos como Claude y ChatGPT para generar texto a partir de instrucciones escritas. Según los testimonios, también se emplean para diseñar portadas y producir videos publicitarios.

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El contraste llama la atención porque, durante el último año, las mismas editoriales demandaron a empresas de inteligencia artificial por infracción de derechos de autor y cancelaron contratos de libros sospechados de haber sido escritos con asistencia de modelos de lenguaje, como la novela de terror Shy Girl de Hachette o el thriller Call Me, I’ll Hide the Body de Macmillan.

Claude y ChatGPT ofrecen planes gratuitos si no quieres pagar por usarlos.
HarperCollins compró licencias de Claude, ChatGPT y Jasper para sus equipos editoriales y de marketing. (Anthropic - OpenAI)

Lo que nadie anunció puertas adentro

En HarperCollins, los directivos compraron licencias de Claude a Anthropic y más tarde sumaron ChatGPT y Jasper, una plataforma que promete ejecutar campañas de marketing de punta a punta. Decenas de empleados fueron designados, sin pedirles opinión, como “campeones de IA” encargados de encontrar nuevos usos en sesiones mensuales de lluvia de ideas.

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Cuando algunos trabajadores plantearon dudas legales, éticas y ambientales en una de esas reuniones, la persona a cargo las descartó calificándolas de “el costo de hacer negocios”, según uno de los asistentes citado por Wired. “Fue una cachetada”, dijo un empleado sobre el episodio.

El salario promedio de un puesto inicial en editoriales de Nueva York era de USD 47.583 en 2023, de acuerdo con datos citados en el reportaje. Varios trabajadores vincularon el malestar con esa brecha salarial frente al gasto en licencias de software.

Simon & Schuster, propiedad del fondo KKR, lanzó en 2024 un concurso interno con premio de USD 10.000 por el mejor uso de inteligencia artificial. (Europa Press)
Simon & Schuster, propiedad del fondo KKR, lanzó en 2024 un concurso interno con premio de USD 10.000 por el mejor uso de inteligencia artificial. (Europa Press)

La resistencia interna crece

En Simon & Schuster, propiedad del fondo de inversión KKR, la compañía organizó en mayo de 2024 un concurso interno con un premio de USD 10.000 para quien propusiera el mejor uso de inteligencia artificial, y luego moderó el impulso después de que el personal se quejara en asambleas internas.

La tensión se reavivó este mes cuando empleados juntaron firmas para una carta abierta dirigida al director ejecutivo Greg Greeley, en rechazo a una posible incorporación de Blueprint, un producto de la firma Skan AI que analiza flujos de trabajo y detecta tareas automatizables.

El 6 de octubre, Greeley respondió en un memo interno que la compañía no había tomado ninguna decisión sobre adoptar Blueprint ni otra herramienta similar de monitoreo. La plataforma de detección de texto generado por inteligencia artificial Pangram señaló que parte de ese mismo memo parecía escrito con IA.

Greg Greeley, director ejecutivo de Simon & Schuster, negó en un memo interno que la empresa haya decidido adoptar la herramienta de monitoreo Blueprint. (Europa Press)
Greg Greeley, director ejecutivo de Simon & Schuster, negó en un memo interno que la empresa haya decidido adoptar la herramienta de monitoreo Blueprint. (Europa Press)

Wibke Grutjen, directora global de marketing y comunicaciones de Simon & Schuster, dijo que los empleados tienen acceso a un número limitado de herramientas empresariales aprobadas, que su uso no es obligatorio y que las no vetadas están prohibidas.

Los límites que reclaman los agentes

Agentes literarios sospechan desde principios de año que algunos editores de las tres compañías usan inteligencia artificial para redactar cartas de rechazo a manuscritos. “Comparamos correos sobre distintos libros de los mismos editores, y todos tenían las mismas marcas clásicas de escritura con IA”, relató uno de ellos a Wired. Empleados de las tres compañías dijeron creer que esas sospechas eran correctas.

Un vocero de Hachette sostuvo que la editorial “apoya el uso de herramientas de IA para fines operativos, cuando ayudan a que los libros de sus autores lleguen a más lectores”, pero que “no respalda usos creativos, incluida la comunicación con autores y socios”.

Agentes literarios sospechan que editores de las tres compañías usan IA para redactar cartas de rechazo a manuscritos. (Europa Press)
Agentes literarios sospechan que editores de las tres compañías usan IA para redactar cartas de rechazo a manuscritos. (Europa Press)

El temor de fondo es que las editoriales carguen manuscritos inéditos en sistemas de IA abiertos. Por eso, varios agentes empezaron a incluir cláusulas en los contratos que prohíben pasar el material de sus autores por un modelo de lenguaje. En HarperCollins, el equipo legal les dijo a editores que habían preguntado por esa posibilidad que no lo hicieran.

Hachette, además, incorporó como nuevo director de información a Carl Hixson, quien antes fue director de tecnología en SRMG, una compañía de medios respaldada por el Estado saudita que adoptó públicamente inteligencia artificial agéntica. Empleados de la editorial dijeron esperar que, bajo su gestión, las políticas internas sobre el uso de IA todavía cambien.

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