
En la economía del conocimiento, el éxito de una universidad ya no se mide únicamente por el número de artículos científicos que publica o por la calidad de sus programas académicos. Cada vez más, el indicador está en su capacidad para convertir la investigación en innovación, resolver problemas públicos y transferir tecnología hacia el Estado y el sector productivo.
Ese fue el debate que reabrió la exrectora de la Universidad Nacional Dolly Montoya a través de un hilo publicado en su cuenta de X, en el que defendió los mecanismos que permiten llevar el conocimiento generado en las universidades más allá de los laboratorios.
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“La universidad pública no puede limitarse a producir conocimiento; también debe ponerlo al servicio del país. La investigación tiene sentido cuando logra transformar realidades y resolver problemas de la sociedad”, escribió.

Transferencia de conocimiento y marco legal
Para Montoya, la transferencia de conocimiento debe convertirse en uno de los pilares del sistema de ciencia, tecnología e innovación colombiano. Según explicó, la legislación permite que las universidades públicas creen figuras para desarrollar proyectos con entidades estatales y otros sectores, facilitando que los resultados de la investigación lleguen a quienes los necesitan.
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Como ejemplo mencionó a Rotorr, una corporación creada durante su administración en la Universidad Nacional para ejecutar proyectos de ciencia, tecnología e innovación y fortalecer el vínculo entre la academia y las instituciones públicas.
La exrectora aseguró que uno de los principales errores ha sido interpretar este tipo de organizaciones como mecanismos de privatización de la universidad, cuando, según explicó, su propósito es precisamente acelerar la aplicación del conocimiento y reinvertir los recursos obtenidos en investigación y fortalecimiento institucional.
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“Uno de esos mecanismos fue Rotorr. Su propósito nunca fue beneficiar a personas, sino crear un puente para ejecutar proyectos de ciencia, tecnología e innovación. Los recursos obtenidos se reinvierten en investigación, capacidades institucionales y en fortalecer la Universidad Nacional”, afirmó Montoya.
El debate en otros países y sus efectos
El debate no es exclusivo de Colombia. En países con ecosistemas de innovación más desarrollados, las universidades trabajan de manera permanente con gobiernos, empresas y centros de investigación para convertir descubrimientos científicos en políticas públicas, desarrollos tecnológicos, emprendimientos y soluciones para sectores estratégicos como salud, energía, inteligencia artificial, movilidad y transformación digital.
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En ese contexto, Montoya advirtió que estigmatizar los mecanismos de transferencia de conocimiento puede terminar reduciendo la capacidad de las universidades para generar impacto real.
“Estigmatizar este tipo de modelos es cerrar oportunidades para que la universidad pública contribuya aún más al desarrollo de Colombia”, concluyó.

Modelos comparables y antecedentes
La discusión, más allá de una organización específica, plantea un reto para el país: cómo lograr que el conocimiento producido en las universidades no permanezca únicamente en publicaciones académicas, sino que impulse la innovación, fortalezca la competitividad y contribuya a resolver algunos de los principales desafíos sociales y tecnológicos de Colombia.
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Este desafío no es un terreno inexplorado, pues los ecosistemas más exitosos del mundo han demostrado que contar con brazos corporativos ágiles es la norma y no una anomalía privatizadora. Modelos como Yissum en la Universidad Hebrea de Jerusalén (Israel), u Oxford University Innovation en el Reino Unido —cuya agilidad fue clave para distribuir globalmente la vacuna de AstraZeneca—, evidencian cómo estas entidades independientes licencian tecnología y multiplican el impacto social.
En nuestra región, el DICTUC de la Universidad Católica de Chile opera bajo la misma premisa, transformando la investigación en soluciones para el Estado y la industria. Al igual que el histórico modelo del MIT en Estados Unidos, el propósito de estas figuras es innegociable: asegurar que la ciencia resuelva problemas reales de la sociedad y garantizar que los recursos generados regresen para reinvertirse y fortalecer el músculo investigativo de la universidad.
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