Elon Musk pronostica que la inteligencia artificial superará a la humana en cinco años y anticipa una economía dominada por robots

El fundador de Tesla, SpaceX y xAI trazó en una entrevista con The Economist un escenario de cambios profundos para el trabajo, la producción y el equilibrio de poder global, una visión que Tomás Trapé analizó en Infobae a la Tarde

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Durante décadas, el gran interrogante fue si una máquina lograría pensar como un ser humano. Para Elon Musk, ese debate ya pertenece al pasado. El fundador de Tesla, SpaceX y xAI sostiene que la verdadera discusión es cuánto falta para que la inteligencia artificial supere definitivamente las capacidades humanas y altere la economía, la ciencia y la forma en que las grandes potencias compiten por el liderazgo tecnológico.

Ese fue el eje de una extensa entrevista que concedió a The Economist, donde conversó durante casi noventa minutos con la editora en jefe de la revista, Zanny Minton Beddoes. A lo largo del diálogo abordó inteligencia artificial, energía, política, geopolítica, redes sociales y el futuro de la civilización, aunque todas esas cuestiones terminaron orbitando alrededor de una misma idea: la velocidad con la que avanza la inteligencia artificial podría desencadenar una transformación sin precedentes.

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Las principales definiciones fueron analizadas en una columna de Infobae a la Tarde por Tomás Trapé, quien propuso interpretar las afirmaciones de Musk no solo como predicciones tecnológicas, sino también como una forma de comprender la disputa económica y política que atraviesa hoy al desarrollo de la inteligencia artificial.

La entrevista con The Economist planteó que la inteligencia artificial avanzará sobre la economía, la ciencia y la competencia tecnológica global (REUTERS/Gonzalo Fuentes/File Photo)
La entrevista con The Economist planteó que la inteligencia artificial avanzará sobre la economía, la ciencia y la competencia tecnológica global (REUTERS/Gonzalo Fuentes/File Photo)

Un punto de inflexión para la inteligencia humana

Musk considera que el crecimiento de los modelos de inteligencia artificial está entrando en una etapa exponencial y que los próximos años marcarán un punto de inflexión. “La IA podría superar la suma de la inteligencia humana en alrededor de cinco años”, afirmó durante la entrevista, antes de llevar esa idea un paso más allá: “Realmente no va a haber nada que la IA no pueda hacer mejor que los humanos, aparte de ser humanos, tal vez”.

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La proyección no se limita a asistentes virtuales o herramientas capaces de escribir textos, generar imágenes o programar software. El empresario imagina sistemas con capacidad para desarrollar nuevos medicamentos, realizar descubrimientos científicos, diseñar materiales inéditos, resolver problemas de ingeniería y acelerar prácticamente cualquier actividad intelectual. En ese escenario, la inteligencia dejaría de ser un recurso limitado para convertirse en una capacidad disponible a una escala nunca vista.

Para explicar la magnitud del cambio recurrió a una comparación provocadora. “Somos básicamente chimpancés evolucionados”, sostuvo, al plantear que resulta difícil imaginar que la humanidad conserve una posición dominante frente a una inteligencia cuya ventaja cognitiva sea comparable a la que hoy separa a las personas de otros primates.

Elon Musk afirmó que la inteligencia artificial podría superar la suma de la inteligencia humana en alrededor de cinco años (REUTERS/Brendan McDermid)
Elon Musk afirmó que la inteligencia artificial podría superar la suma de la inteligencia humana en alrededor de cinco años (REUTERS/Brendan McDermid)

Robots, automatización y una nueva economía

La visión de Musk no termina en el desarrollo del software. En su diagnóstico, la inteligencia artificial y la robótica avanzan de manera paralela y terminarán convergiendo en un mismo proceso de transformación productiva.

Si los sistemas inteligentes pueden diseñar y los robots ejecutar buena parte de las tareas físicas, producir bienes y prestar servicios será cada vez más barato. Para Musk, ese escenario desembocará en una “era de abundancia extraordinaria”, impulsada por una productividad sin precedentes y una drástica reducción de los costos de producción.

Detrás de esa idea aparece uno de los debates centrales que atraviesa hoy a Silicon Valley: el trabajo humano dejaría de ser el principal factor de creación de riqueza. La productividad dependería, cada vez más, de la capacidad computacional, la infraestructura energética y el despliegue masivo de sistemas inteligentes capaces de operar de forma continua.

El avance conjunto de la inteligencia artificial y la robótica anticipa una economía dominada por robots y una baja de los costos de producción (REUTERS/Maxim Shemetov)
El avance conjunto de la inteligencia artificial y la robótica anticipa una economía dominada por robots y una baja de los costos de producción (REUTERS/Maxim Shemetov)

El desafío ya no es crear la IA, sino convivir con ella

El avance acelerado de estos modelos también plantea interrogantes sobre quién controlará una inteligencia superior a la humana. Lejos de ofrecer respuestas definitivas, Musk volvió a insistir en uno de los temas que más lo preocupan desde hace años: el riesgo de desarrollar una inteligencia artificial general que termine evolucionando hacia una superinteligencia.

Como posible mecanismo de seguridad propuso que los principales laboratorios del mundo —entre ellos OpenAI, Google DeepMind, Anthropic y xAI— se sometan a auditorías cruzadas antes de desplegar sus modelos más avanzados. La lógica, explicó, es sencilla: quienes mejor conocen los riesgos de estas tecnologías son precisamente quienes las desarrollan.

Desde su perspectiva, el mayor peligro no radica únicamente en que la inteligencia artificial alcance capacidades extraordinarias, sino en que alguno de esos actores avance sin suficientes controles o con objetivos incompatibles con los intereses de la sociedad.

Musk vinculó la nueva economía de la inteligencia artificial con una productividad basada en capacidad computacional, energía e infraestructura (AP Foto/Matt Rourke, Archivo)
Musk vinculó la nueva economía de la inteligencia artificial con una productividad basada en capacidad computacional, energía e infraestructura (AP Foto/Matt Rourke, Archivo)

La inteligencia artificial también redefine el poder global

Durante la columna, Trapé sostuvo que la entrevista deja en evidencia que la carrera por la inteligencia artificial excede ampliamente el mundo de la tecnología. Detrás de cada modelo conviven intereses económicos, estratégicos y militares que ya comenzaron a modificar el equilibrio internacional.

En ese contexto recordó que “ninguna de las grandes empresas que lideran esta carrera nació en Europa”, una observación que refleja dos modelos diferentes. Mientras Estados Unidos concentra empresas como OpenAI, Google, Meta y xAI, y China acelera el desarrollo de compañías propias, Europa ocupa un lugar mucho más vinculado a la regulación que a la creación de tecnologías de frontera.

Según el politólogo, esa diferencia explica por qué la inteligencia artificial se convirtió en uno de los principales activos estratégicos del siglo XXI. Quien consiga desarrollar primero los sistemas más avanzados no solo obtendrá ventajas comerciales, sino también capacidades científicas, industriales y militares que podrían alterar el equilibrio de poder global.

Tomás Trapé señaló que la carrera por la inteligencia artificial redefine el poder global entre Estados Unidos, China y una Europa más enfocada en la regulación (EFE/EPA/FRANCIS CHUNG/POOL)
Tomás Trapé señaló que la carrera por la inteligencia artificial redefine el poder global entre Estados Unidos, China y una Europa más enfocada en la regulación (EFE/EPA/FRANCIS CHUNG/POOL)

El método Musk: construir el futuro para financiar el presente

Trapé también propuso una lectura sobre la forma en que Musk comunica sus proyectos. A su juicio, el empresario no solo desarrolla tecnología: construye relatos capaces de movilizar inversiones hacia iniciativas que requieren miles de millones de dólares y cuyos resultados pueden tardar años en materializarse.

“Cuando hablamos de este sector son empresas que venden futuro. El presente se sostiene con el financiamiento que continuamente consiguen en el mercado”, resumió.

Desde esa lógica, fijar horizontes concretos —como la colonización de Marte, la fabricación masiva de robots humanoides o una inteligencia artificial superior a la humana en apenas cinco años— cumple una doble función. Por un lado, orienta el desarrollo tecnológico de sus compañías; por otro, alimenta las expectativas de inversores y mercados que financian esa carrera.

No implica necesariamente que esas predicciones sean erróneas. Significa que, además de describir un escenario posible, también cumplen un papel central dentro de la estrategia empresarial del propio Musk.

Musk sostuvo que la inteligencia artificial podrá desarrollar medicamentos, diseñar materiales y resolver problemas de ingeniería mejor que los humanos (REUTERS/Nathan Howard/File Photo)
Musk sostuvo que la inteligencia artificial podrá desarrollar medicamentos, diseñar materiales y resolver problemas de ingeniería mejor que los humanos (REUTERS/Nathan Howard/File Photo)

Mucho más que una entrevista

La conversación con The Economist también dejó definiciones sobre política y libertad de expresión. Musk reconoció que en los últimos meses se involucró “demasiado” en la política estadounidense, aunque defendió las políticas de reducción del gasto público impulsadas desde el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE). Al mismo tiempo, volvió a cuestionar las regulaciones europeas sobre las plataformas digitales y reivindicó una concepción amplia de la libertad de expresión como principio rector de X.

Para Trapé, esos temas no constituyen discusiones independientes. La inteligencia artificial, las redes sociales, el desarrollo industrial y la competencia entre potencias forman parte de un mismo tablero donde tecnología y poder aparecen cada vez más entrelazados.

Las predicciones de Musk podrán cumplirse antes, después o incluso no concretarse en los plazos que plantea. Sin embargo, cada una de sus intervenciones consigue instalar el marco desde el cual gobiernos, empresas e inversores discuten el futuro. En un momento en que la inteligencia artificial se convirtió en el principal motor de la competencia tecnológica global, sus declaraciones funcionan al mismo tiempo como una visión sobre lo que viene, una apuesta empresarial y una intervención política. Esa combinación explica por qué, más allá de los aciertos o los errores de sus pronósticos, cada nueva aparición pública de Musk vuelve a marcar la agenda del debate tecnológico mundial.

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