La historia de la salida de Elon Musk de OpenAI, reconstruida a partir del testimonio de su presidente Greg Brockman en el juicio entre Musk y dicha empresa, revela un episodio de alta tensión que marcó el rumbo de la inteligencia artificial en la última década.
En agosto de 2017, Musk exigió el control total de OpenAI durante una reunión decisiva en la que los cofundadores debatían el futuro de la organización, según Brockman.
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En ese encuentro, Musk intentó influir en el equipo regalando a cada uno un Tesla Model 3, un gesto que el entonces CTO, Brockman, interpretó como un intento de ganar respaldo antes de la votación sobre la estructura de la nueva filial comercial.
Durante esa reunión, OpenAI evaluaba cómo obtener los recursos necesarios para avanzar hacia la inteligencia artificial general.
El detonante de la crisis fue un logro técnico: un modelo de OpenAI derrotó al jugador humano más destacado en el videojuego DOTA II, lo que convenció al equipo de que la capacidad de cómputo era vital y que depender únicamente de fondos filantrópicos no era viable.
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Esta victoria aceleró el debate sobre la creación de una subsidiaria con fines de lucro para captar inversiones.
OpenAI, según Brockman, enfrentó un dilema ético y estratégico: Musk proponía un control “inequívoco” sobre la nueva entidad, mientras que los demás fundadores abogaban por un reparto equitativo de acciones y poder de decisión.
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Shivon Zilis, asesora de la organización y enlace entre Musk y el equipo, indicó que se analizaron más de veinte variantes, incluyendo la posibilidad de vincular los desarrollos de OpenAI con los proyectos de inteligencia artificial de Tesla.
La negativa colectiva a ceder el control absoluto a Musk desencadenó una reacción inmediata.
Brockman relató que, tras unos minutos de silencio, Musk rehusó la propuesta, se levantó, tomó la pintura de un Tesla que Ilya Sutskever había encargado como obsequio y se dirigió a la puerta. Antes de salir, lanzó una pregunta cortante: “¿Cuándo vas a marcharte de OpenAI?”.
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A partir de ese momento, Musk dejó de realizar aportes económicos regulares y, seis meses después, abandonó el consejo de administración.
En una nota final, Musk escribió que OpenAI estaba “en camino al fracaso absoluto” y anunció su intención de concentrarse en inteligencia artificial dentro de Tesla.
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La salida de Musk marcó un punto de inflexión en la historia de OpenAI. Brockman, en su testimonio durante el juicio de 2026 iniciado por Musk, detalló que el debate sobre el control de la organización estuvo documentado en su diario personal.
Negociaciones, tensiones y el contexto del juicio
Las tensiones entre Musk y el equipo de OpenAI no solo quedaron documentadas en el diario de Brockman, también en mensajes y correos electrónicos presentados durante el juicio.
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Uno de los textos enviados por Musk a Brockman, dos días antes del inicio del proceso judicial, decía: “Al final de esta semana, tú y Sam serán los hombres más odiados de América. Si insistes, así será”.
El equipo legal de Musk sostiene que Altman y Brockman “robaron una organización benéfica”, mientras que la defensa de OpenAI argumenta que Musk perseguía el mismo objetivo de lucro que ahora les reprocha.
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Durante el proceso, Brockman fue interpelado sobre su patrimonio personal y sus donaciones a la organización.
El principal abogado de Musk, Steve Molo, lo cuestionó por no haber donado USD 100.000 a OpenAI, como había prometido en un correo electrónico, y por el valor actual de su participación accionaria en la compañía, que ronda los USD 30.000 millones.
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Brockman replicó que el valor social y patrimonial de OpenAI, que supera los USD 150.000 millones, es fruto del trabajo colectivo realizado tras la salida de Musk.
Consecuencias financieras y reputacionales tras la salida de Musk
La creación de la filial comercial de OpenAI en 2019 permitió a la organización captar una inversión inicial de USD 1.000 millones de Microsoft, seguida de nuevas rondas por un total de USD 13.000 millones en los años posteriores.
Estas operaciones posicionaron a OpenAI como el laboratorio reconocido en inteligencia artificial y multiplicaron el valor de sus ejecutivos y empleados, así como los activos de la fundación sin fines de lucro.
La historia de la salida de Musk, además, ha dejado huella en la percepción pública y la gobernanza de OpenAI.
Brockman subrayó que la experiencia demostró la importancia de evitar que una sola persona concentre el control absoluto sobre una organización dedicada al desarrollo de tecnologías con impacto global.
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