Crean el código QR más pequeño del mundo: puede guardar datos durante siglos

Reconocido por el Libro Guinness de los Récords, el nuevo código QR es más pequeño que una bacteria, almacena hasta 2 TB y puede conservar datos durante siglos sin energía

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El código QR más diminuto del mundo inaugura una era en el almacenamiento cerámico de datos.
El código QR más diminuto del mundo inaugura una era en el almacenamiento cerámico de datos.

Un equipo de científicos de la Universidad Técnica de Viena y la empresa Cerabyte logró fabricar el código QR más pequeño jamás registrado, con una estructura visible únicamente mediante microscopio electrónico y una superficie de apenas 1,98 micrómetros cuadrados, menor que la mayoría de las bacterias. Esta innovación representa un avance en almacenamiento de datos capaz de resistir siglos sin requerir energía ni mantenimiento.

El nuevo código QR, reconocido oficialmente por el Libro Guinness de los Récords, mide únicamente el 37% del tamaño del récord anterior, según la verificación independiente de la Universidad de Viena y testigos certificados. Para alcanzar esta miniaturización, la empresa recurrió a equipos avanzados de microscopía electrónica y tecnología en ciencia de materiales.

La técnica desarrollada permite grabar más de dos terabytes en una hoja A4, lo que representa un salto significativo en la capacidad de almacenamiento. El método utiliza películas cerámicas ultrafinas y haces de iones para tallar patrones con precisión nanométrica. Cada píxel del código tiene 49 nanómetros, casi diez veces menos que la longitud de onda de la luz visible, lo que impide su detección sin instrumental especializado.

Un científico con bata blanca y gafas de seguridad mira por un microscopio, mientras sus manos enguantadas sostienen unas pinzas con un código QR minúsculo.
Científicos de la Universidad Técnica de Viena y Cerabyte crean el código QR más pequeño del mundo, con una superficie menor que las bacterias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Paul Mayrhofer, profesor en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Materiales de la TU Wien, afirmó que la innovación reside no solo en la miniaturización: “La estructura que hemos creado aquí es tan fina que resulta imposible verla con microscopios ópticos”. El investigador destacó que, pese a la escala, “hemos creado un código QR diminuto, pero estable y legible repetidamente”.

La clave del avance, según explicaron Erwin Peck y Balint Hajas, radica en la robustez de los materiales empleados: “Investigamos películas cerámicas delgadas, como las que se utilizan para recubrir herramientas de corte de alto rendimiento”. Esta propiedad garantiza resistencia y estabilidad incluso bajo condiciones extremas, trasladadas ahora al ámbito de la preservación digital.

Alexander Kirnbauer, integrante del equipo, contextualizó el desafío: “Vivimos en la era de la información, pero almacenamos nuestro conocimiento en soportes sorprendentemente efímeros”, afirmó al medio académico. Explicó que, a diferencia de las inscripciones en piedra de civilizaciones antiguas, los medios electrónicos actuales requieren refrigeración, mantenimiento y energía, lo que limita su vida útil a pocos años.

Representación de una bacteria alargada con flagelos y un código QR blanco y negro muy pequeño junto a ella, sobre un fondo oscuro con otras bacterias.
El nuevo código QR, oficialmente certificado por Guinness, mide solo el 37 % del tamaño del récord anterior en almacenamiento de datos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Con los soportes de almacenamiento cerámicos, seguimos un enfoque similar al de las culturas antiguas, cuyas inscripciones aún podemos leer hoy en día. Grabamos información en materiales estables e inertes que resisten el paso del tiempo y permanecen totalmente accesibles para las generaciones futuras”, concluyó.

El almacenamiento cerámico combina capacidad, durabilidad e independencia energética

La tecnología propone una alternativa que equilibra capacidad, longevidad y eficiencia ambiental. Los soportes cerámicos almacenan información sin necesidad de electricidad y sin degradación acelerada, lo que reduce el consumo energético frente a los centros de datos convencionales.

El proceso de creación y validación del récord se llevó a cabo ante notarios y representantes científicos independientes. La Universidad de Viena actuó como jurado, en tanto la TU Wien aportó los microscopios electrónicos de alta resolución para la lectura del patrón. El resultado fue reconocido oficialmente por Guinness, consolidando un avance de referencia internacional.

Ilustración de una bacteria alargada con flagelos sobre una superficie líquida, junto a un pequeño código QR en blanco y negro.
Cada píxel del código QR más pequeño tiene apenas 49 nanómetros, imposible de ver con microscopios ópticos tradicionales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo considera que este récord es solo un primer paso. “Nuestro objetivo ahora es utilizar otros materiales, aumentar la velocidad de escritura y desarrollar procesos de fabricación escalables para que el almacenamiento de datos cerámico pueda utilizarse no solo en laboratorios, sino también en aplicaciones industriales”, sostuvo Kirnbauer. El grupo explora también la creación de “estructuras de datos más complejas —más allá de los códigos QR— de forma robusta, rápida y eficiente energéticamente en películas delgadas de cerámica, y cómo leerlas de forma fiable”.

Además del reconocimiento mundial, el avance tecnológico sienta bases para la preservación de información a largo plazo con impacto ambiental mínimo. La combinación de estabilidad química, miniaturización y eficiencia energética habilita nuevas soluciones frente a la caducidad de los soportes digitales actuales.