
El contacto con dispositivos digitales se inicia cada vez más temprano: una proporción de bebés ya interactúa con pantallas de forma cotidiana antes de cumplir un año, en un contexto donde los hogares incorporan tecnología en rutinas diarias desde edades muy tempranas, según un reporte de The Independent.
Los datos, basados en miles de familias, muestran una tendencia extendida y plantean interrogantes sobre el impacto de estos hábitos en el desarrollo infantil. El uso de pantallas aparece asociado a factores como la estructura del hogar y la dinámica familiar, mientras especialistas advierten sobre la necesidad de orientar su uso.
Un hábito instalado desde los primeros meses
La investigación del Instituto de Política Educativa (EPI) indicó que 72% de los bebés de nueve meses tiene exposición diaria a pantallas. El tiempo promedio registrado alcanza los 41 minutos por día, una cifra que refleja la presencia constante de dispositivos digitales en la vida cotidiana.
El análisis se basó en datos de más de 8.000 familias que participaron en el estudio de cohorte Niños de la década de 2020. A partir de esta muestra, los especialistas del EPI identificaron patrones vinculados a la frecuencia de uso y las condiciones del entorno familiar.

Entre los resultados, se observa que los hijos únicos presentan una mayor probabilidad de exposición diaria, con una tasa que asciende al 80%. Este dato sugiere que la composición del hogar influye en la relación temprana con la tecnología.
Diferencias según el entorno familiar
El estudio también registró variaciones en función del tipo de hogar. Los bebés que viven en familias monoparentales pasan, en promedio, 47 minutos diarios frente a pantallas, mientras que aquellos que conviven con dos padres alcanzan los 39 minutos.
Aunque el promedio general se mantiene por debajo de una hora, existe un grupo reducido que supera ampliamente ese nivel. Alrededor del 2% de los bebés registra más de tres horas diarias de exposición, dato que los especialistas del EPI consideran por su posible vínculo con otras actividades.
En esos casos, se observa una menor frecuencia en prácticas como los paseos al aire libre, la lectura de cuentos o el canto, actividades que se consideran para el desarrollo en la primera infancia.
Relación con otras actividades del desarrollo
El análisis también abordó la interacción entre el uso de pantallas y otras rutinas cotidianas. En el caso de la lectura, la frecuencia se mantiene estable cuando la exposición no supera las dos horas diarias. La disminución aparece recién por encima de ese umbral.

En cuanto a las actividades al aire libre, los datos muestran una diferencia progresiva. El 80% de los bebés sin contacto diario con pantallas realiza salidas todos los días. Esa proporción desciende al 76% entre quienes las utilizan hasta dos horas, y cae al 60% en los casos que superan las tres horas diarias.
Estos resultados sugieren una relación entre el tiempo frente a dispositivos y la participación en experiencias fuera del entorno digital, aunque no establecen un vínculo causal directo.
El debate sobre el uso de pantallas en la primera infancia
La Dra. Tammy Campbell, la especialista en desarrollo infantil, señaló a The Independent que los datos abren un enfoque distinto sobre la discusión en torno a la tecnología: “Gran parte del debate debe pasar de ‘cuánto’ a ‘qué’ y ‘por qué’”.
La especialista agregó que “se trata de cómo y cuándo se utiliza una pantalla para juegos interactivos compartidos o para visualización pasiva.” Según Campbell, el uso de dispositivos no necesariamente excluye una infancia activa.

También indicó que las futuras recomendaciones deberían orientar a las familias hacia un uso que favorezca el desarrollo, el vínculo afectivo y el disfrute, en lugar de limitarse a desalentar su utilización.
Nuevas directrices en camino
El informe se publicó en un contexto de revisión de políticas públicas sobre el uso de tecnología en la infancia. Se prevé que el gobierno británico presente en abril nuevas directrices para menores de cinco años, con el objetivo de ofrecer orientación clara a las familias.
Investigaciones previas en este marco indican que el 98% de los niños ya utiliza pantallas a los dos años. Además, algunos estudios asocian un uso intensivo, cercano a 5 horas diarias, con una menor cantidad de palabras pronunciadas en comparación con niveles más bajos de exposición, en torno a los 44 minutos diarios.
Estos datos refuerzan la relevancia del tema en la agenda pública, en un escenario donde la tecnología forma parte de la vida cotidiana desde edades cada vez más tempranas.
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