
La inteligencia artificial está entrando en una nueva etapa. En lugar de limitarse a responder preguntas o generar textos, los sistemas más recientes comienzan a ejecutar tareas por sí mismos en internet.
Se trata de los llamados agentes autónomos, programas capaces de navegar por páginas web, analizar información y tomar acciones concretas —como reservar un hotel, comparar precios o completar formularios— sin que el usuario tenga que intervenir en cada paso.
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Este avance marca una transición desde la inteligencia artificial reactiva, que responde a instrucciones puntuales, hacia sistemas más proactivos que pueden planificar y ejecutar una serie de acciones para alcanzar un objetivo. Empresas tecnológicas como OpenAI, Google o Anthropic ya están desarrollando herramientas que permiten a sus modelos interactuar con navegadores, aplicaciones y otros servicios digitales.

En la práctica, esto significa que una persona podría pedir a un asistente de IA que encuentre el mejor hotel disponible para un fin de semana específico. El agente no solo buscaría información, sino que también visitaría distintas páginas web, compararía precios y opiniones, revisaría disponibilidad y completaría el proceso de reserva si el usuario así lo autoriza.
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De responder a actuar
Durante los últimos años, la mayoría de las herramientas de inteligencia artificial funcionaban bajo un esquema simple: el usuario hacía una pregunta y el sistema ofrecía una respuesta. Con la aparición de la llamada IA agéntica, el proceso se vuelve más complejo.
Estos sistemas pueden dividir una tarea en múltiples pasos intermedios y ejecutarlos de forma secuencial. Para ello combinan modelos de lenguaje, capacidades de navegación web y acceso a herramientas externas. De esta manera, el agente puede analizar información, tomar decisiones parciales y avanzar hasta completar el objetivo final.
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Además, muchos de estos sistemas están basados en modelos multimodales, capaces de interpretar no solo texto, sino también imágenes e interfaces digitales. Esto les permite interactuar con páginas web, plataformas de comercio electrónico o paneles de gestión empresarial de forma similar a como lo haría un usuario humano.
Qué pueden hacer actualmente
Aunque esta tecnología todavía está en desarrollo, los primeros despliegues comerciales y pruebas controladas muestran un amplio abanico de aplicaciones.
Entre las tareas que los agentes autónomos ya pueden realizar se encuentran la reserva de restaurantes y hoteles, la compra de productos tras comparar precios y reseñas, la organización de correos electrónicos o la gestión de calendarios y horarios.
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También pueden recopilar información de múltiples fuentes para elaborar investigaciones complejas o automatizar tareas administrativas repetitivas.

En el ámbito empresarial, las posibilidades son aún mayores. Estos sistemas podrían utilizarse para analizar mercados, generar informes, gestionar inventarios o coordinar tareas entre distintos equipos de trabajo. El objetivo es reducir el tiempo dedicado a tareas rutinarias y permitir que las personas se concentren en decisiones estratégicas.
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Beneficios y desafíos
El principal atractivo de los agentes autónomos es la promesa de automatizar procesos digitales cotidianos. Al delegar ciertas tareas en la inteligencia artificial, los usuarios podrían ahorrar tiempo y reducir la fricción asociada a múltiples pasos en internet.
Sin embargo, el aumento de la autonomía también plantea nuevos desafíos.
A diferencia de un chatbot que simplemente responde, un agente autónomo puede tomar decisiones intermedias para completar una tarea. Esto abre interrogantes sobre los criterios que utiliza para actuar, su margen de error y la responsabilidad en caso de que cometa un fallo.
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Uno de los riesgos más mencionados es el de los errores automatizados a gran escala. Si un agente interpreta mal una instrucción, podría ejecutar acciones incorrectas antes de que el usuario tenga la oportunidad de intervenir.
También existen preocupaciones relacionadas con la seguridad y la privacidad. Para operar, estos sistemas necesitan acceso a cuentas, correos electrónicos y plataformas digitales, lo que implica manejar información sensible.
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Además, los expertos advierten sobre posibles intentos de fraude. Sitios web diseñados para engañar a los algoritmos podrían manipular a los agentes para que realicen acciones no deseadas.
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