
La preocupación por la adicción al celular en adolescentes alcanza niveles críticos tras nuevas investigaciones científicas y testimonios de profesionales. Los datos son alarmantes: casi la mitad de los jóvenes en Estados Unidos reconoce haber perdido el control del tiempo frente a las pantallas.
Al mismo tiempo, la empresa Meta, matriz de plataformas como Facebook e Instagram, enfrenta demandas en Estados Unidos por presuntamente diseñar productos que, según documentos internos, buscan retener y monetizar la atención de los más jóvenes a toda costa.
Qué dicen los datos sobre el impacto de la tecnología en la infancia
El impacto de la tecnología en la infancia y la adolescencia se refleja en cifras: de acuerdo con un editorial del Journal of the American Medical Association (Jama), el 48% de los adolescentes reconoce perder el control del tiempo cuando utiliza teléfonos inteligentes.

El 25% utiliza el celular para “olvidar problemas” o permanece pensando en aplicaciones incluso cuando no las utiliza. El 17% ha intentado reducir su uso, sin lograrlo; el 11% admite una consecuencia negativa en su desempeño escolar.
Jama concluye que estos comportamientos, más que la cantidad total de horas frente a la pantalla, son los que predicen un mayor deterioro de la salud mental.
Adicionalmente, datos del Instituto Nacional de Estadística de España reflejan que el 19% de los niños de 10 años ya poseen un celular. La realidad de un acceso tan temprano a la tecnología multiplica los riesgos y plantea inquietudes sobre la capacidad de los menores para gestionar su presencia digital.
De qué acusan a Meta, la empresa detrás de las redes sociales más populares
La proyección social del fenómeno se multiplica a raíz de los procedimientos legales iniciados en Estados Unidos contra Meta, matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp.
Por primera vez, Mark Zuckerberg, fundador y director ejecutivo de Meta, compareció ante un tribunal estadounidense en un proceso que determinará si las redes sociales gestionadas por su empresa son, por diseño, adictivas para los usuarios jóvenes.
Este contexto judicial se remonta a 2021, cuando Frances Haugen, exempleada de Facebook, filtró cientos de documentos internos a The Wall Street Journal.
La documentación evidenciaba que los altos ejecutivos de Instagram tenían conocimiento de que la exposición a contenidos tóxicos resultaba más adictiva y rentable, contribuyendo a la decisión empresarial de potenciar ese tipo de publicaciones.
Estas revelaciones detonaron una cascada de demandas colectivas que sitúan por primera vez en el centro del debate la responsabilidad legal de las plataformas digitales respecto a la salud mental de los menores.
Cuál es la visión de los expertos sobre la adicción a los celulares

El aumento de consultas relacionadas con la adicción a celulares es una realidad para psicólogos de la infancia y la adolescencia en diversos países.
Aurora Gómez, psicóloga sanitaria especializada en comportamientos digitales y miembro de Corio Psicología, explicó al medio El País, que los pacientes acuden generalmente acompañados de sus padres y presentan patrones de consumo compulsivo.
“He tratado a niños que llegaban al colegio el lunes muy cansados pese a no haber salido de casa. Se les pasaba el fin de semana volando, estaban todo el rato con el móvil sin salir de su habitación”, relató Gómez.
Las conductas adictivas, según Gómez, se reconocen por factores como la necesidad constante de gratificación, la pérdida paulatina de interés en actividades tradicionales (estudios, deportes) y la dificultad para controlar el tiempo de pantalla.
Qué señales indican que hay una adicción al celular

Entre las señales de alerta que los especialistas identifican, destacan la irritabilidad o ansiedad cuando se limita el acceso al celular, la aparición de síntomas semejantes al síndrome de abstinencia y la persistencia de la conducta a pesar de conocer sus repercusiones negativas en distintas áreas de la vida, como dejar de asistir a actividades familiares en lugares sin conexión.
Asimismo, la experta aclara que si bien no existe una categoría diagnóstica específica reconocida por la Organización Mundial de la Salud para las adicciones digitales, la mayoría de los profesionales consideran estos casos como adicciones comportamentales.
En este sentido, la posibilidad de fragmentar y sustituir funciones tecnológicas —como emplear un teléfono solo para llamadas, un reproductor mp3 para música y un ordenador para juegos— constituye una primera estrategia de reducción, orientada a reconectar al menor con la diversidad de actividades no digitales.
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