
Un adolescente puede dedicar horas a conversar con una voz en su teléfono, consola de videojuegos o asistente virtual en casa. Lo que muchos padres ven como una simple herramienta tecnológica, para los menores puede asumir el papel de un “amigo” siempre disponible, capaz de escuchar y aconsejar.
El contacto frecuente de niños y adolescentes con la inteligencia artificial (IA) es una realidad: aunque puede ser aliada en el aprendizaje, también implica riesgos para la salud mental y la seguridad digital si falta supervisión adulta.
Un estudio de Common Sense Media actualizado a 2025 indica que el 72% de los adolescentes ha interactuado con alguna forma de IA en línea. Estas interacciones ocurren mediante asistentes de voz como Siri o Alexa, videojuegos con chat en tiempo real y aplicaciones que simulan diálogo humano.
Para los menores, estas plataformas pueden ofrecer una compañía constante, lo que aumenta la posibilidad de que establezcan vínculos emocionales con sistemas que no sienten ni comprenden como una persona.

Los riesgos emocionales son diversos. Martha Patricia Castellanos, vicerrectora académica nacional de Areandina, advierte que “la inteligencia artificial ya conversa y acompaña de manera muy similar a una persona, lo que puede generar vínculos emocionales inesperados si no hay orientación adulta”.
Investigaciones en Estados Unidos han documentado casos de jóvenes que desarrollan dependencia hacia chatbots y otras IA conversacionales, sobre todo quienes enfrentan vacíos afectivos.
Un artículo publicado en Nature Machine Intelligence señala que adolescentes con ansiedad o depresión tienden a interpretar respuestas automáticas de la IA como muestras de empatía genuina, lo que puede intensificar pensamientos dañinos sin el filtro de un adulto.
A estos riesgos se suman desafíos de seguridad digital. El uso de IA en redes sociales ha permitido la proliferación de deepfakes, manipulación de información y acoso digital. Castellanos indica que “los riesgos aumentan cuando se combinan redes sociales sin control y tecnologías que pueden hablar, responder y acompañar sin medir consecuencias”.

Además, muchos adolescentes pasan más tiempo conectados e interactúan con desconocidos sin saber quién está realmente al otro lado. La aparente cercanía que brindan estas herramientas puede hacer que los menores confíen en sistemas que no pueden cuidar su bienestar emocional.
Ciertos factores elevan la vulnerabilidad de algunos adolescentes: quienes atraviesan ansiedad, depresión o carecen de apoyo familiar tienden a buscar en la IA compañía y comprensión. La tendencia a considerar las respuestas automáticas como apoyo real puede agravar el aislamiento o el malestar psicológico.
¿Cómo puede proteger a su hijo frente a estos peligros?
Frente a estos peligros, el acompañamiento adulto resulta esencial. Castellanos destaca que los padres deben conocer las actividades en línea de sus hijos, con quién interactúan y cómo se sienten.
Recomienda tres acciones clave: mantener conversaciones abiertas sobre el uso de IA, establecer límites en tiempo y contenido, y fomentar el desarrollo de un criterio digital para identificar información falsa, acoso o manipulación. “Los padres necesitan saber qué hacen sus hijos en línea, con quién hablan y cómo se sienten al hacerlo”, insiste.

La utilización responsable de la inteligencia artificial puede convertirla en una herramienta educativa valiosa. Plataformas como ChatGPT han incorporado funciones para guiar a los estudiantes mediante preguntas y ejemplos que facilitan la comprensión de tareas y refuerzan la autonomía.
Castellanos señala que “estas tecnologías pueden apoyar el aprendizaje cuando se usan con propósito y acompañamiento adulto”. Además, subraya la importancia de que los menores comprendan que estudiar significa crecer personalmente, no solo responder a un algoritmo.
Organismos internacionales como la UNESCO sugieren que la relación de los niños con la tecnología debe desarrollarse bajo la guía adulta, con reglas claras y apoyo emocional. El Ministerio de Educación promueve nuevos lineamientos de alfabetización digital para fomentar el uso responsable de estas herramientas en el ámbito escolar.
Para detectar problemas, Castellanos recomienda a las familias estar atentas a señales como aislamiento, irritabilidad al quitar el dispositivo o cambios bruscos de comportamiento. Ante cualquier sospecha, pide recurrir al colegio, consultar profesionales de salud mental o usar canales oficiales de orientación digital.
La protección ante los riesgos de la inteligencia artificial reside en la presencia y el diálogo constante entre padres e hijos. La cercanía y la comunicación siguen siendo el pilar del cuidado en la era digital.
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