Diego Golombek es doctor en Biología de la Universidad de Buenos Aires, docente e investigador superior del Conicet.
Diego Golombek es doctor en Biología de la Universidad de Buenos Aires, docente e investigador superior del Conicet.

Diego Golombek es doctor en Biología de la Universidad de Buenos Aires, docente e investigador superior del Conicet. Se destaca por su capacidad de explicar en lenguaje sencillo conceptos complejos que hacen al mundo de la ciencia. Fue justamente por ese rol en la popularización del saber científico que recibió el premio Kalinga, otorgado por la Unesco.

En el marco de Mediamorfosis, que terminó ayer, habló sobre las nuevas narrativas para este tipo de la comunicación. Golombek, que es uno orador muy popular, también participa de Nerdearla, el evento gratuito organizado por la comunidad argentina de sistemas en el Centro Cultural San Martín que empezó el jueves y termina hoy, sábado 1 de septiembre.

En diálogo con Infobae habló sobre el efecto de las nuevas tecnologías en el ritmo de vida, las exigencias digitales, la creatividad y "la implantación de recuerdos".

-¿Qué efectos biológicos y psíquicos puede tener esta idea de tener que estar "todo el tiempo conectados" (al mail, al celular, al televisor)?

-Seguramente puedan aparecer diversos efectos, desde cierta falta de ejercitación de la memoria hasta una abstinencia que experimentamos al no contar con la conexión permanente a la que nos acostumbra nuestra época. Agregaría también efectos sociales, incluyendo la sensación de "estar afuera" de colectivos que se orientan por la transmisión permanente de información.  A propósito de esto, está claro que el tener que manejar diversas fuentes informativas en forma simultánea afecta nuestra percepción del tiempo, lo que podría ser la base de la sensación contemporánea de que "todo va más rápido".

-¿Se va adaptando o se adaptará el cuerpo a esta nueva exigencia digital hasta convertirnos en suerte de "cyborgs online" o se buscará retomar la vida offline?

-Soy moderadamente optimista y creo que sí podemos adaptarnos a las novedades digitales; de hecho, las aceptamos con absoluta normalidad aun cuando sean muy recientes. Pero, al mismo tiempo, creo que se nos ofrece la posibilidad de buscar activamente tiempos "analógicos", de relaciones personales y familiares, que sin duda debe ser una de nuestras metas.

-Hay dos visiones encontradas sobre la tecnología y el impacto en la vida diaria. Por un lado hay varias compañías que están realizando medidas para propiciar "el bienestar digital, como la incorporación de herramientas que sumaron Google y Apple a sus respectivos sistemas operativos móviles para limitar el tiempo que pasamos conectados y a su vez, hay todo otro universo donde se espera que la persona trabaje 24 horas al día. ¿Quién ganará la pulseada?

-Va más allá de la tecnología, dado que una visión eminentemente capitalista tiene mucho que ganar en la "sociedad de 24 horas". No creo que sea la tecnología la que tracciona estos cambios, sino que más bien es un instrumento, a veces genial y otras excesivo, para fines globalizados.

-¿Afecta realmente la pantalla a nuestro sueño? ¿Cuánto hay de mito y cuánto de realidad?

-La afecta, y mucho. Los LED de la mayoría de las pantallas que nos acompañan a la cama (TV, celular, tablet) emiten luz en una longitud de onda que estimula al reloj biológico, simulando una situación de luz diurna. De esta manera, la señal que el reloj envía al resto del cuerpo es de vigilia, y le robamos horas al sueño que luego son muy difíciles de recuperar.

-¿Qué necesita el cerebro para ser creativo? ¿Es necesario estar desconectado del mundo virtual para ser imaginativo o no es tan así?

-No creo que sea así. De nuevo, el mundo virtual debiera ser una herramienta para potenciarnos, no para atarnos. Los estudios sobre creatividad arrojan un patrón común: trabajo-trabajo-trabajo hasta ser un capo en el tema, y luego, algún tipo de disrupción (salir a dar una vuelta, aburrirse, dormir, charlar) quizá logre asociaciones que dependen casi exclusivamente de ese trabajo previo.

-¿Qué sucede en la mente cuando se está viviendo un momento de ocio? ¿Cuál debería ser la proporción trabajo-sueño-ocio?

-¿Qué tal un 8-8-8? Los adultos necesitamos las famosos 8 horas de sueño, por lo que sería un buen comienzo. Con respecto al ocio, la mente nunca para, sino que se activan diferentes procesos a lo largo del día (y la noche). Quizás durante ese ocio se generen asociaciones en forma inconsciente que luego se reflejan en mejores (y más creativas) soluciones e ideas.

Golombek recibió el premio Kalinga, de la Unesco por su trabajo en la difusión y comunicación de la ciencia.
Golombek recibió el premio Kalinga, de la Unesco por su trabajo en la difusión y comunicación de la ciencia.

-Entiendo que el cuerpo se adapta al entorno y sus vivencias. Es la ley de la evolución. Teniendo eso en cuenta, ¿cómo se espera que evolucione la especie humana? ¿De qué manera el universo digital generará cambios en nuestro cerebro y mente?

-La evolución nunca se detiene, solo que sigue tiempos… evolutivos. En otras palabras, son cambios que exceden a los tiempos humanos, por lo que obviamente son difíciles de estudiar. Sin duda que ha habido evolución muy reciente (en términos evolutivos), por ejemplo, en genes y procesos que tienen que ver con el lenguaje. Los cambios generados por el mundo digital son, en principio, relacionados con una evolución cultural, y no necesariamente biológica.

– ¿Los recuerdos de la mente pueden ser engañosos? ¿Cuánto hay de cierto y cuánto de realidad en lo que recordamos?

-Hay mucho estudiado sobre la memoria y los recuerdos falsos (comenzado por las investigaciones de Elizabeth Loftus en California). No sé si podemos cuantificar cuánto hay de real o de engañoso en nuestras memorias, pero está claro que lo que nos cuentan, lo que guardamos nebulosamente, los archivos documentales, etc., modifican nuestra percepción del pasado a tal punto que terminamos convencidos de un hecho que seguramente no ocurrió como creemos recordarlo. Por otro lado, no hay nada más fácil que implantar memorias falsas.

-¿Cómo es eso? ¿Cómo se implantan recuerdos falsos?

-Suponé que yo te digo una lista de cosas: cuaderno, lápiz, goma, pizarrón, sacapuntas, etc etc. Después dejo pasar un rato haciendo otras cosas y te pregunto cuál de estas palabras estaba en la lista original: payaso, cuaderno, regla, arquero, goma, pizarrón, etc. Es muy posible que la gente te diga que "regla" estaba en la lista original, y que esté convencida de ello; en otras palabras, implantaste una memoria falsa. Elizabeth Loftus tiene un experimento muy conocido en el cual convence a la gente de que cuando eran chiquitos se perdieron en un centro comercial, y la gente está tan convencida de que agrega detalles y "recuerda" todo.

-El estrés y las enfermedades vinculadas a este ritmo vertiginoso de vida me llevan a preguntarme si estamos "más locos" que hace 100 años. ¿Es así o es simplemente es la mente que idealiza el pasado?

-No sé si la palabra es "locos". Históricamente, toda sociedad se siente especial, distinta, revolucionaria con respecto al pasado. Pero al mismo tiempo nos vemos obligados a cierta idealización de lo que ya fue, justamente por irrecuperable. Por otro lado, está claro que los ritmos laborales y sociales actuales son una fuente permanente de estrés, lo que puede implicar una merma en la calidad de vida y, en consecuencia, la aparición de más trastornos para la salud. Dormimos menos, estamos más estresados, más sedentarios y con dietas que distan mucho de un ideal. Pero ojo: al mismo tiempo la medicina avanzó muchísimo, al igual que la agricultura que debe alimentar a más de 7.000 millones de personas y, aunque no lo parezca, vivimos en tiempos de una relativa paz mundial (con obvias y horribles excepciones). No estoy seguro de que el balance sea tan malo.

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