Infobae vino al mundo hace solo catorce años. En medio de una revolución digital. Cuando aún no hablábamos de Facebook, de Twitter o de Instagram. Mucho menos de Snapchat. Parece la prehistoria, pero solo pasaron catorce años.

Como en toda revolución algunos perdieron. Y algunos ganaron. En este último colectivo no dudo en ubicar a los lectores -usuarios- de medios digitales: que abandonaron la pasividad que les imponía la falta de tecnología, y que terminaron con la comunicación unidireccional -de arriba hacia abajo- a la que estaban obligados.

Infobae nació digital. Sin resabios de viejos medios en extinción. Sin prosapia. Sin linaje. Y con osadía -y mucho esfuerzo- logró, en algo más de una década, una posición de liderazgo entre los medios que tienen como territorio la lengua española.

Entendiendo que la sublevación digital no ha terminado, acabamos de dar un paso relevante: firmamos una asociación tecnológica con The Washington Post, una empresa con la que compartimos la pasión por el periodismo y la innovación. Y hoy comenzamos a poner en marcha nuevas herramientas que enriquecerán el trabajo de nuestra redacción y la experiencia de los millones de visitantes únicos que eligen diariamente a Infobae al momento de informarse.

Hace catorce años no imaginábamos que las primicias de Infobae se iban a leer en los teléfonos. Ni que los miles de videos que producimos por mes se compartirían por WhatsApp o Telegram. Ni que nuestros receptores serían al mismo tiempo emisores. Pero sí teníamos en claro que lo que nos desvela y entusiasma es el periodismo: el arte de entender y contar lo que pasa. Cuando nos da gusto. Pero también cuando duele.