Abel Guzmán, que está siendo juzgado por el crimen de Germán Medina, es consciente que no le quedan muchas opciones de defensa. Una cámara de seguridad tomó con nitidez cuando le disparó en la cabeza a uno de sus compañeros de la peluquería de Recoleta en la que trabajaba, frente a otras cuatro personas. Ocurrió el 20 de marzo de 2024.
“Me enojé, no controlé y disparé”, confesó ante el Tribunal Oral en lo Criminal N°24 y los representantes de la Fiscalía N°15, en un intento, quizás, de negar la planificación. La reacción, tras el crimen, fue casi inmediata. “Me escapé, tenía miedo de quedar preso”, agregó. Salió por una ventana y se esfumó. Ese momento también fue captado por los dispositivos de vigilancia del salón.
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Lo que no contó el excolorista de “Verdini” es cómo logró permanecer más de 70 días prófugo, con notificación roja de Interpol y pese a no contar con una gran logística. El acusado no lo dijo, pero fuentes del caso indicaron a Infobae que contaba con algunos contactos en la barra brava de Merlo que le habrían permitido ocultarse hasta que lo atraparon.
¿Cómo lo hizo? El día del crimen, Guzmán estacionó su auto, un VW Bora, lejos de la peluquería, fuera de los límites de la Ciudad. Habría llegado en un WV Gol blanco que, para los investigadores, habría actuado como auto de apoyo. Cuando salió por la ventana, Guzmán caminó, se tomó un colectivo y abordó el Bora con dirección al oeste del conurbano, donde vivían él y sus familiares.
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Una brigada de la Policía de la Ciudad estuvo a punto de atraparlo. Lo siguieron hasta que perdieron su rastro en un boulevard de Merlo. Cuando agentes de la División de Homicidios de la fuerza de seguridad porteña repasaron, días más tarde, los videos de las cámaras de seguridad: dieron con imágenes del Bora, cuando ingresaba a una propiedad vinculada al hermano del peluquero, en pareja con la hermana del jefe de la facción de Merlo, pasadas las 3.30 de la madrugada.
Incluso, el domo ubicado en la esquina tomó a Guzmán junto a un hombre que sería su hermano, cuando llegaron al lugar y cuando se alejaban a pie de la escena. Esos videos acompañan esta nota.
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Allegados al caso indicaron que, desde ese momento, pasó por varias casas de la zona. También, que llegó a dormir a la vera de un brazo del Río de la Reconquista, una división natural entre los partidos de Merlo y Moreno.
“Vivía el día a día”, le habría indicado a un conocido sobre su vida en la clandestinidad. Al parecer, hacía pequeñas changas, como sacar la basura, para obtener dinero para comer. Durante todo ese tiempo Nunca salió del barrio, se movió en un radio de unas 20 cuadras por lo que, creen, contó con protección.
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De a poco, los detectives -que recibieron llamados de todo el país de personas que habían creído verlo- lo cercaron. Cayó cuando un vecino de Paso del Rey (Moreno) reclamó la recompensa de 5 millones de pesos por datos sobre su paradero. Cuando el llamado anónimo llegó, los policías ya estaban cerca. Lo encontraron cortando el pasto en una casa quinta. Lo llamaron por su nombre y Guzmán respondió de forma automática, sin saber que había mordido el anzuelo. Resignado, se dejó poner las esposas.
El móvil, otra versión
La causa llegó a juicio con un posible móvil: una discusión interna por el uso de formol. Pero Guzmán habría dado otra versión a su entorno sobre el móvil del crimen.
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De acuerdo a fuentes, dijo que guardaba unos 85 mil dólares en el locker de “Verdini” y que ese dinero, un día, desapareció. Según esta Guzmán culpó a Medina y sospechaba del dueño debido a que, durante esa jornada, las cámaras no funcionaban.

Los billetes eran, de acuerdo a la narración, producto de ahorros de varios años de trabajo y estaban destinados a una importante propiedad que el colorista construía en Santiago del Estero. “Trabajaba de sol a sol para la obra”, indicaron. Un mes antes del asesinato habría asistido a clases de tiro en el polígono de Morón.
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En cambio, ante los jueces del TOC 24, Guzmán relató que comenzó a tener problemas con el dueño cuando se decidió a cambiar la calidad del producto con el que se trabajaba, aunque aseguró que nunca le prohibieron usar formol y que solo le dijeron que debía usar menos cantidad, detalló Fiscales.gob.ar.
Ante las preguntas de su defensa, indicó que manejaba un sueldo de 3 millones de pesos por mes, lo que supuestamente también le generaba roces con su empleador. Dijo que habían hablado de una indemnización pero que nunca se concretaba ya que él le pedía unos 55 millones de pesos. Con respecto al motivo por el que tenía un arma de fuego, dijo que lo habían asaltado dos veces volviendo a su casa de Merlo y que si bien no había hecho la denuncia, desde ese momento se manejaba armado cuando iba con dinero.
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Al momento de recordar el día del homicidio, sostuvo que finalmente iba a hablar con su jefe por el tema de la indemnización pero que finalmente el dueño de la peluquería le comentó que lo hablarían con los abogados.
A esto agregó que tenía un trato cordial con Medina y que no había tenido inconvenientes. Con respecto a lo sucedido luego del homicidio, sostuvo que tiró el arma y el teléfono porque “había hecho algo muy malo” y porque estaba “desahuciado”.
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