Finalmente, el tiempo les dio la razón a Dylan y Brian Portillo. Los hermanos que habían sido detenidos hace poco más de una semana, luego de que un testigo del brutal asesinato del remisero Eduardo Gómez en San Justo, La Matanza, los apuntara como los autores del crimen, recuperaron la libertad este miércoles por orden del fiscal de homicidios Carlos Arribas. La decisión fue adoptada después de que el vecino que los había vinculado con el hecho no pudiera respaldar su testimonio inicial.
Frente a este inesperado giro en la causa, según confiaron fuentes del caso a Infobae, el fiscal Arribas dispuso la libertad de los hermanos Portillo y le abrió un expediente por falso testimonio al vecino que le había dado una pista errónea a los investigadores.
“No tienen nada que ver. Y hay muchas pruebas que lo demuestran”, sostuvo el jueves pasado Alejandra, tía de Dylan y Brian, en diálogo con este medio. Y la mujer, aparentemente, no mentía.
La detención de ambos fue a raíz de una solicitud presentada por el fiscal Arribas, quien, luego de que la Policía Bonaerense hallara la moto descartada en la que se movían los supuestos asesinos, entrevistó a un testigo que identificó a los delincuentes como los hermanos Portillo y dijo que eran vecinos suyos.

Con esa información precisa, Arribas pidió allanar dos domicilios de la localidad de San Justo, en uno de los cuales se concretó la detención de Dylan, de 22 años.
Ya en la sede judicial, el joven declaró en su indagatoria que esa noche había asistido a una fiesta junto a su novia en la localidad de Pontevedra, partido de Merlo. En ese sentido, fuentes del caso consultadas por este medio precisaron que brindó la contraseña de su teléfono celular para que los investigadores pudieran corroborar que su relato fuera cierto.
“Al celular de Dylan lo tuvieron en las manos el día del allanamiento y los de inteligencia preguntaron: ‘¿Qué hacemos con esto?’. Y les contestaron: ‘Nada, déjaselo a la piba’ (por la novia del sospechoso). Esas fueron sus palabras”, aseguró la tía de los, hasta ese momento, principales y únicos sospechosos.
En el caso de Brian (31), hermano mayor de Dylan, él mismo se presentó en la Fiscalía de Homicidios para conocer la situación de su familiar. Y en ese contexto, el fiscal Arribas ordenó su inmediata detención.
Brian Portillo declaró, al igual que su hermano, que nada tenía que ver con el asesinato de Gómez. Aseguró que, durante la noche en la que ocurrió el hecho, él dormía junto a su familia en su propia casa.
Ante esa declaración, el fiscal Arribas le solicitó su teléfono celular para constatar la versión, pero al momento de ser detenido no lo llevaba consigo.
Tras permanecer más de una semana detenidos, este miércoles Brian y Dylan Portillo recuperaron en libertad. Fuentes del caso explicaron a este medio que los investigadores pudieron verificar que sus coartadas eran reales, mientras que el testigo que los había vinculado con el crimen de Gómez asistio a la fiscalía y, con la presencia de sus abogados, no pudo sostener sus dichos.
En ese sentido, el fiscal Arribas dispuso el inicio de una causa al vecino por falso testimonio.
El caso
Eduardo Gómez, de 53 años, fue asesinado de un disparo durante un asalto registrado cerca de las 6:30 del pasado 15 de marzo. La víctima se dirigía a su trabajo en una agencia de remises cuando fue abordada por dos motochorros, según muestra el video filmado por una cámara de seguridad de la cuadra donde ocurrió el hecho.

La violenta secuencia ocurrió en la intersección de las calles Guatemala y Moldes. Gómez, la víctima, caminaba hacia la agencia, ubicada sobre la calle León Gallo.
En las imágenes se observa que intentó resistirse con un palo que llevaba en la mano. Uno de los atacantes extrajo un arma de fuego y le disparó a corta distancia. El remisero recibió un tiro en la pierna izquierda y, aunque cayó al piso, se reincorporó, mientras los asaltantes escapaban a toda velocidad con su celular.
Vecinos que presenciaron el hecho alertaron a la Policía y asistieron a Gómez, quien fue trasladado al hospital Pariossien de Isidro Casanova. Pese al esfuerzo de los médicos, el remisero falleció a raíz de la herida de arma de fuego. La bala le perforó la arteria femoral.
Unos 40 minutos más tarde, cuando le envió un mensaje para cerciorarse de que había llegado a destino, su mujer recibió una respuesta que la tranquilizó: “Sí, ya llegué”.
No sabía que eran los ladrones que habían logrado desbloquear el aparato, mientras su marido agonizaba. El celular del remisero de 53 años todavía no apareció, indicaron fuentes del caso.
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