Durante la noche del domingo 25 de enero, Nicolás, chofer de la línea 113, quedó en el centro de la escena tras protagonizar un inédito episodio de violencia callejera que expuso sin filtros el drama cotidiano del transporte en la Ciudad de Buenos Aires.
En plena Avenida Rivadavia y Nazca, barrio de Flores, el colectivo que manejaba avanzó algunos metros sin conductor, cruzó semáforos en rojo y circuló en contramano mientras él, bajo un estado de extrema tensión, se agarró a golpes con un pasajero que lo venía insultando y amenazando.
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El incidente ocurrió alrededor de las 23:15. En diálogo con TN, el chofer dio su versión de los hechos y dijo que el pasajero, bajo los efectos del alcohol, comenzó a increparlo porque el colectivo circulaba despacio debido a un problema en la batería.
“Escucho que me grita del fondo: ‘Eh, hijo de p..., apurate’, estaba alcoholizado. Me asusté. Yo mido un metro sesenta y ocho, él era una mole de un metro noventa. Le dije: ‘Jefe, ¿quiere bajar? El colectivo me está andando mal’”, contó el chofer.
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La tensión fue en aumento. El colectivo, con varios pasajeros a bordo, avanzaba lento por problemas mecánicos, mientras el hombre lo amenazaba cada vez con mayor violencia. “Me paralicé. El miedo, el susto. Digo: ‘¿Me va a pegar?’. Cuando atino a poner el freno de mano, no engancha. Se me va, rebota, inconscientemente pensé que ya estaba puesto y ahí me estaba peleando ya con el muchacho”, describió Nicolás sobre el momento más crítico.
“Yo hace 15 años que laburo de esto. Me pasó de todo y siempre traté de pilotearla. Mi papá fue chofer, yo soy chofer, mi hermano es chofer. Sé cómo es la calle. Pasó lo que pasó porque este muchacho estaba irreconocible. Yo siempre digo: le puse el apodo “el Diablo”, me subió. Me subió el Diablo porque me arruinó la vida“, continuó.
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El chofer reconoció el error y pidió disculpas públicas: “Lo que pasó fue un error mío de no poner el freno de mano. Quiero pedir disculpas, no lo hice con intención de matar a nadie. Reconozco mi error”. En la entrevista, insistió varias veces en que no actuó de manera premeditada y que el miedo lo superó: “Es impresionante cómo estaba sacado este hombre. Me tiré a un costado. Antes le dije si quería bajar”.

Consultado sobre por qué no detuvo el vehículo para pedir auxilio, Nicolás explicó: “Si yo llamo y digo: ‘es la batería’, después te hacen un parte por no colaborar con la empresa. Para cortar un servicio de colectivo, te tiene que levantar temperatura o que se haya quemado, roto el turbo. Un domingo a las once y media de la noche no hay nadie en la empresa. Estás solo”, reconoció.
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Las consecuencias fueron devastadoras para él. “Perdí todo. Perdí mi trabajo, tengo un hijo con discapacidad, los remedios me salen 400 mil pesos. Me echaron con el artículo 242, que no te pagan nada. No me pagaron los quince años, nada, me dan la liquidación y listo”, reclamó. La empresa lo despidió con causa, sin indemnización ni alternativas de reubicación, pese a su antigüedad.
Nicolás también relató cómo fue el momento posterior a la pelea, cuando la policía lo detuvo junto al pasajero agresor. Ambos pasaron más de 15 horas en el mismo calabozo, según su testimonio. “No fue ni un abogado de la empresa, nada. Todo lo que me pasó fue solo”, agregó.
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Además, durante la entrevista, el chofer hizo hincapié en las condiciones laborales y el grado de exposición en el que trabajan quienes conducen colectivos en el área metropolitana. “El laburo de nosotros tenés que ser psicólogo, paramédico, seguridad. Somos profesionales, cuando ganamos 800 mil pesos".
El testimonio sumó detalles sobre la precariedad de los recursos de emergencia. “No tenemos ni un botón antipánico, no tenemos nada para avisar. El control de arriba ni sabía que me llevaban detenido. Yo tenía que avisar y parar los colectivos de los que iban para San Justo para avisar: ‘Avisá al control que quedo detenido’. Mirá lo que estamos hablando”, dijo indignado.
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La angustia por el despido y la situación familiar atravesó toda la charla. Nicolás mencionó la falta de sensibilidad de la empresa ante su situación: “Tengo mi hijo que tiene epilepsia. Los delegados me conocen de chiquito porque mi viejo laburó muchos años. Me dejaron tirado como a un perro. Por lo menos poneme a limpiar los baños o en el lavadero de la empresa”, se quejó con dolor.

Sobre el final, dejó en claro que no pretende justificar el hecho, pero sí pide una mirada más amplia sobre el estrés al que están sometidos los choferes y la necesidad de que los empleadores contemplen trayectorias y situaciones personales.
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Tras la viralización del episodio, la empresa de transporte tomó la decisión de despedir de manera inmediata e irrevocable al conductor. El afectado defendió sus acciones alegando: “Me defendí, la medida es injusta”, fue el mensaje dirigido a sus colegas y recogido por la señal de noticias.
El choque entre conductor y pasajero fue denunciado durante la madrugada del 26 de enero por personas que transitaban el lugar, interviniendo posteriormente la Policía de la Ciudad. El pasajero sostuvo haber sido agredido y evidenciaba signos de intoxicación alcohólica, mientras el chofer aseguró haber respondido a una actitud amenazante y disturbios previos del mismo pasajero.
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En el caso intervino la Unidad de Flagrancia Oeste que dispuso la detención de ambos: el conductor fue imputado por lesiones y el pasajero, por amenazas.
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