“Culpa, impotencia, humillación y amargura”: el impacto en los chicos que denunciaron por abuso al empresario Marcelo Porcel

Las declaraciones de los psicólogos que atendieron a algunos de los alumnos del Colegio Palermo Chico ofrecen una mirada sobre las secuelas emocionales y el ambiente de confianza quebrada que rodeó los hechos

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Marcelo Porcel, empresario denunciado por
Marcelo Porcel, empresario denunciado por abuso

Se terminó la feria judicial, pero para que la causa avance aún falta que lleguen los peritajes psicológicos a los últimos tres chicos que declararon en Cámara Gesell en enero pasado contra Marcelo Porcel, el empresario imputado por los presuntos abusos a los compañeros de sus hijos del colegio Palermo Chico entre 2022 y 2024. Mientras tanto, Infobae accedió al testimonio que dieron los terapeutas de varios denunciantes de la causa.

Para cuidado de los menores, no se dirá de cuántos casos se nutrió esta nota ni se aportarán detalles, pero sí se hablará de cómo los profesionales expusieron la complejidad y el impacto que detectaron en ellos: culpa, impotencia, humillación y amargura, son algunos de los conceptos destacados.

Hay que recordar que la causa que investiga Pablo Turano, de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°1, y el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°50 de Carlos Bruniard; se centra en lo sucedido entre 2022 y 2024 y suma 10 víctimas, pero son nueve las familias querellantes porque dos chicos son hermanos. Todos están agrupados bajo el patrocinio de Pablo Hawlena Gianotti.

Mientras que a Porcel lo asiste el abogado Roberto Rallin, el fiscal Turano lo investiga por los delitos de abuso sexual gravemente ultrajante por la multiplicidad de víctimas, corrupción de menores agravada y producción de representaciones de un menor de (18) años de sus partes genitales con fines predominantemente sexuales.

Las víctimas son alumnos del
Las víctimas son alumnos del Colegio Palermo Chico

El imputado aún no fue indagado, pero según el expediente, tenía como modus operandi captar la confianza de los menores amigos de sus hijos y llevarlos a sus domicilios y su lugar de trabajo, organizando reuniones y fiestas, proveyéndoles alcohol, organizando juegos, empujándolos a que hagan apuestas online y desafíos en los que les ofrecía dinero como recompensa.

Así, los incitaba a desnudarse en la parte inferior de sus cuerpos o les efectuaba masajes con cremas, tanto en piernas y espaldas, llegando en algunas ocasiones a tocar y/o rozar las partes pudendas de los cuerpos de los menores. Para el fiscal, todo se llevó a cabo “de manera sistemática, organizada y premeditada... aprovechando los momentos en que los damnificados estaban bajo su guarda provisoria”. A ello debe agregarse que tales conductas se desarrollaban en contextos en los que el imputado tenía el control absoluto.

De las evaluaciones hechas por los profesionales que asistieron a los menores, uno destacó que uno de los chicos “no se percibe como una víctima al ser corrompido por alcohol y plata, se siente culpable y responsable y no entiende que es menor de edad y que hay una intención de un adulto de manipularlo". Y siguió: "Hay una alteración en la percepción de responsabilidad del menor, al estar involucrado en la transgresión por haber aceptado plata y alcohol del imputado. No se registra como víctima; se confunde“.

Testimonios de la causa contra
Testimonios de la causa contra Marcelo Porcel por presuntos abusos a los compañeros de sus hijos del colegio Palermo Chico

El informe también subrayó la existencia de una doble victimización, por la progresiva corrupción de la percepción de realidad en el menor y la imposición de un silencio forzado tras los hechos, condicionando su autoestima y seguridad personal. "El presente está afectado también por mecanismos de defensa del adolescente, utilizados, en estos casos, la negación, minimización y necesidad de control, rigidez, mecanismos necesarios para salir adelante, recursos normales en situaciones de alto estrés como las que vivió el joven", concluyó ese experto.

Otro de los profesionales detectó que uno de los adolescentes tiene “un fuerte sentido de diferenciación entre lo adecuado y lo inapropiado, y no minimizaba los hechos al compartirlos”. También ponderó que "describe con mucha conciencia y claridad que las actitudes del acusado siempre le parecieron extrañas y fuera de lugar". Para agregar que denunciar los episodios le generó alivio.

“Se lo ve tranquilo y consciente de lo que está sucediendo, pero muy amargado y consternado... Tiene un claro registro de diferenciación entre lo que está bien y lo que está mal muy marcado, que lo sostiene emocionalmente; y tiene la percepción de que es una víctima... Se perciben momentos de angustia y fragilidad al sentirse impotente frente a la situación de acoso sexual”, continuó el profesional.

Y destacó: "Se percibe un claro daño en él al sentir que no se pudo defender de los manoseos, se muestra consternado y dolido frente a su parálisis... Tiene conciencia de daño e impotencia frente al sometimiento que sufrió“.

Uno de los profesionales dijo que otra de las presuntas víctimas se mostró “amargado y avergonzado”, pero pudo expresar y detallar los hechos con claridad y determinación. El especialista destacó la capacidad del adolescente para buscar ayuda, ya que pudo activar una defensa que le aliviana la conciencia de lo sucedido. Tiene un gran criterio de integridad que, a pesar del alto estrés que vivió, intenta preservar“.

Lo describió como: "Amargado e impotente de no haber podido defenderse como él cree que tendría que haber hecho, afectando su psiquismo seriamente”.

Finalmente, otro de los licenciados en Psicología que atendió a uno de los denunciantes notó que el menor experimentó sentimientos de culpa, responsabilidad y conmoción tras los episodios vividos desde su infancia.

“En principio, este chico estaba muy conmocionado por todo lo que vivió, por cómo entra, digamos, a jugar sentimientos de culpa, de responsabilidad, o sentimientos típicos de alguien que es víctima de un acoso y de un abuso", acotó.

Siguió: “La conmoción tiene que ver con que este adulto era una persona que estaba en situación de responsabilidad y de confianza y de poder”. Y notó que surgió en él confusión, generó desasosiego, sentimiento de culpa, de humillación”. Y subrayó que el chico le contó que, en uno de los masajes que él no le había pedido al empresario, él "tuvo que pedirle que hasta ahí, que no siga, y después quedó preocupado o angustiado por esto... Mientras se sentía que “estaba como un indefenso en esa situación”.

En ese orden, el profesional manifestó: “Este tipo de abusos o de acosos, las personas en general, no solamente los jóvenes, viven un estado de mucha confusión...”.

Hay que recordar que, desde el inicio de la causa, el juez Bruniard le impuso al imputado una restricción de 300 metros con las víctimas, con el Colegio Palermo Chico y con el club GEBA, donde los chicos hacen deporte.

Además, el magistrado ordenó allanar las propiedades y la oficina del empresario y secuestrarle las computadoras y los celulares. Y en dos teléfonos los peritos hallaron imágenes clave: son tres de chicos con pocas ropas y dos fueron reconocidas por uno de los denunciantes y por sus padres.