A María Marta García Belsunce la asesinaron hace 7.199 días. Pasaron casi 20 años de aquel lluvioso 27 de octubre del 2002, cuando la socióloga de 50 años regresó a su casa del country Carmel de Pilar y el homicida le disparó 6 veces en la cabeza. Hubo dos juicios vinculados al caso: uno por encubrimiento, otro por el crimen y el viudo, Carlos Carrascosa, estuvo siete años preso acusado de haber matado a su mujer hasta que la Justicia lo absolvió. Hoy ostenta el rol de particular damnificado. Él no asesinó a su esposa, fue la conclusión de la Corte Suprema. Entonces, la pregunta que recorrió la historia criminal reciente de la Argentina volvió a repetirse: ¿Quién mató a María Marta?
Ese interrogante, eterno y reiterado hasta el cansancio, fue el que pidió la Justicia que se zanje tras la absolución de Carrascosa. Y así se hizo una nueva investigación. La respuesta podría llegar en unos tres meses, cuando finalice el juicio en los tribunales de San Isidro contra el, por entonces, vecino de la víctima Nicolás Pachelo y los ex vigiladores del Carmel Norberto Glennon y José Ortiz.
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Encabezados por el Fiscal General de San Isidro, John Broyad, para los funcionarios judiciales a cargo de esta nueva investigación, y que llevaron al banquillo de los acusados a los tres imputados, no hay dudas ni medias tintas. Están convencidos de que Pachelo asesinó a María Marta en medio de un de robo y luego montó una falsa coartada que perduró en el tiempo.
Para sustentar esa acusación, el equipo de fiscales integrado por Patricio Ferrari, Andrés Quintana y Federico González, expondrá durante el juicio una serie de pruebas y documentos que prometen ser reveladores. Infobae accedió a gran parte de ese material y comienza a presentarlos desde este miércoles.
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Pachelo, el “Voldemort” al que todos le temían
María Marta y Pachelo eran vecinos. Basta con ver el mapa del country El Carmel que acompaña esta nota para notar la cercanía entre ambos lotes (la casa que era de Pachelo, es la que está marcada con el apellido De la Fuente). Sin embargo, la relación distaba mucho de ser cordial, todo lo contrario. La socióloga le tenía miedo, y él para esa época ya tenía en su haber varias sospechas de haber robado en casas del country.
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La razón principal del temor de María Marta para con su vecino radicaban en la desaparición de su perro. La mujer siempre sospechó que Pachelo le había robado el animal con la intención de pedir rescate. Luego del crimen, en el expediente quedó certificado que tenía razón: un veterinario declaró que Pachelo le dejó un perro negro que tenía una curiosa lastimadura en la parte izquierda del cuerpo. Justamente, la mascota de María Marta se había cortado con las hojas de una bordeadora de césped antes de su desaparición.
No era la única que tenía resquemores con la “oveja negra” del country Carmel. Muchos de los vecinos despreciaban a Pachelo por su manera de vivir violenta y su forma agresiva de manejarse dentro de la comunidad del barrio cerrado. Incluso, los más chicos lo habían apodado “Voldemort”, en alusión al tétrico personaje de la serie Harry Potter, que a fines de 2001 fue furor.
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Esto último no es un detalle menor. En este tercer juicio pasaran por tribunales tres hombres que, al momento del crimen, eran menores de edad. Tal como lo contaron una y otra vez en los dos debates anteriores, dirán que aquella tarde de lluvia del 27 de octubre del 2002, algunos minutos antes de las 18.30, vieron pasar a “Voldemort” trotando en dirección a la casa de María Marta y que, unos segundos, después a la socióloga en bicicleta también caminó hacia su vivienda. Son las últimas personas que vieron con vida a la víctima.
En Recoleta y en Pilar
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Desde el momento en que la investigación determinó que María Marta fue asesinada, Pachelo sostuvo una coartada. Dijo una y otra vez que aquel día salió del Carmel cerca de las 17.30, es decir una hora antes del horario en que se fijó la muerte de García Belsunce. Explicó también que pasó a buscar a su madre Silvia Ryan por su departamento en Recoleta y fueron juntos al Paseo Alcorta a comprar un juguete para su hijo, unos guantes del Hombre Araña.
Para sustentar esa versión mostró desde un comienzo, y como prueba fundamental, el ticket de la juguetería donde se lee que la compra fue a las 19.40. El equipo de fiscales refiere que va a desmoronar ese relato que perduró durante todos estos años y atravesó, ni más ni menos, que dos juicios orales en los cuales Pachelo nunca estuvo acusado, sino que siempre declaró como testigo.
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Se cree que una de las primeras pruebas que exhibirán los investigadores frente a los jueces del TOC N°4 de San Isidro, tiene que ver con el impacto del celular de Pachelo en las antenas.
Un documento, que será exhibido a los jueces, muestra que Pachelo realizó una llamada ese día a las 19. La celda que tomó esa comunicación es la 394 y está ubicada exactamente en la calle Chacabuco 580, en el partido de Pilar. ¿A quien llamó? A su madre Silvia Ryan. Si bien se desconoce el contenido del diálogo, los fiscales creen que le pidió que vaya a comprar el juguete con la intención de armar su coartada.
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No es la única comunicación de interés. A las 19.32, el ahora acusado volvió a usar su teléfono. En este caso fue una llamada entrante, que nuevamente volvió a impactar en la celda 394, ubicada en Pilar. “No es físicamente posible que una persona esté en Pilar y 8 minutos después esté adentro del Paseo Alcorta pagando en la caja de una juguetería”, razonó uno de los investigadores.
Esta parte de la acusación, cuenta, además, con una prueba fílmica. Es que, según pudo saber este medio, hay una cámara de seguridad del country, que se expondrá en el debate oral, donde se lo ve a Pachelo salir a las 18.59. Muy distante, creen los investigadores, del horario de las 17.30 que siempre sostuvo en su coartada.
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En este juicio, Pachelo no podrá contar con uno de los pocos testimonios que podría ayudarlo a sustentar su coartada. Es que Silvia Ryan, su madre, se suicidó arrojándose de un 11° piso en mayo del 2003, lo hizo justo antes de tener que presentarse a declarar de manera testimonial.
Cuando los investigadores de esa muerte revisaron el departamento de la mujer se encontraron con una caja de seguridad: en su interior estaba el famoso ticket de la juguetería. Evidentemente, un documento que Pachelo y su madre guardaban con recelo.
El cadáver de María Marta fue descubierto el mismo día de su asesinato por su marido, Carlos Carrascosa. A pesar de esto, se determinó recién el 2 de diciembre de ese 2002 que se había tratado de un homicidio. Hasta ese día, la convicción de casi todos era que se trataba de un accidente. En la comunidad del Carmel la noticia se diseminó rápido y todos lamentaban la muerte accidental de esa vecina tan noble y bondadosa.

A las 7 del día siguiente de la muerte, es decir el 28 de octubre del 2002, un grupo de vecinos charlaba en la confitería de una estación de servicio cercana al country, sobre el episodio del fallecimiento de la socióloga. Dos mozos presenciaban la reunión. En ese momento, ingresó Pachelo, que acotó: ¿Se sabe quién la mató?
Esa frase quedó impregnada en la memoria de los mozos. Nadie sabía ni sospechaba que se trataba de un homicidio. Sin embargo, Pachelo lanzó esa pregunta. Ahora, esos dos hombres que fueron testigos de aquella charla y de la acotación del vecino, también desfilarán por tribunales.
En sus sucesivas declaraciones testimoniales, Pachelo no sólo negó haber realizado esa pregunta, sino que siempre sostuvo que él nunca fue a la estación de servicio, porque a esa hora estaba durmiendo. Sin embargo, nuevamente los fiscales recurrirán a las antenas de telefonía para contrastar esa versión.

Es que, en otro documento, se especifica que el celular del acusado se activó a las 6.47 para levantar un mensaje de voz. Fue él quien lo manipuló y, por supuesto, sin posibilidades de que lo haya hecho mientras dormía.
Con alguna de estas evidencias, y otras que se mantienen en reserva y que prometen ser reveladoras, los fiscales de San Isidro acusarán a Pachelo de haber asesinado a María Marta García Belsunce con la complicidad de los dos vigiladores para ocultar la intención principal: el robo.
La hipótesis de los investigadores es que Pachelo se había enterado de que María Marta tenía en su poder el cofre metálico de la asociación benéfica “Amigos del Pilar”, donde la víctima era tesorera. En ella guardaba dinero, tres chequeras y la llave de una caja de seguridad.
Pasaron casi 20 años y este tercer juicio será la oportunidad para intentar develar un de los misterios más grande la historia criminal: ¿quién mató a María Marta García Belsunce?
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