La semana pasada fue presentado el Operativo De Sol a Sol, el histórico dispositivo para controlar el delito en la Costa Atlántica, durante los meses de verano. Con la participación de personal de Infantería, Caballería, Drogas Ilícitas, Delitos Complejos y Seguridad Siniestral, cerca de 17.000 policías se distribuirán en 41 municipios, a los que se sumaron 345 patrulleros, 250 motos, camiones con scanner para sustancias prohibidas y siete helicópteros.
En el caso de Pinamar, cerca de 700 son los agentes que llegaron para complementarse con los efectivos de la Policía Bonaerense en la ciudad y con los de la Guardia Urbana municipal. “En total, tenemos alrededor de 500 policías recién egresados, que la mayoría no porta armas, vigilan las calles en pareja y en caso de necesitar apoyo llamarán a cualquier otro patrullero para que los asista como corresponde”, dijo a Infobae el secretario de Seguridad del partido costero, Lucas Ventoso.
A esos policías “al estilo Londres”, como describió el funcionario al señalar las características en común con los agentes metropolitanos del Reino Unido -que tampoco llevan armas-, se sumarán los de las fuerzas especiales, como los del Grupo de Prevención Motorizado (GPM), Grupo de Apoyo Departamental (GAD) y el Grupo Halcón. También custodiará las calles pinamarenses la Policía Montada. “Tenemos más de 100 caballos. Es la fuerza de prevención por excelencia en la parte norte de Pinamar y Cariló. Nos da una gran ayuda”, destaca Ventoso.
De igual modo, habrá presencia de efectivos de la Unidad Táctica de Operaciones Inmediatas (UTOI), un comando especialmente entrenado para intervenir en disturbios, que el verano pasado tuvo protagonismo al descender a la playa para dispersar a adolescentes y jóvenes que se encontraban agrupados sin cumplir el distanciamiento social recomendado.

Ventoso recueda que “lo que hizo la prohibición de algomeración fue trasladar esta actividad social de los jóvenes a los lugares clandestinos. Se fueron al bosque, a los médanos, a las casas particulares, a lugares donde no hay control del Estado. Donde no hay policías, no hay guardia urbana, no hay fiscalización, no hay hospital, no hay nada”.
Y agrega que “este verano volveremos a la normalidad. Los boliches y todos los comercios de expansión nocturna van a funcionar, con las normativas nacionales y provinciales que rijan en materia de aforo. Esto posibilita que, en caso de cualquier tipo de incumplimiento de la norma, exceso o necesidad de ayuda de personas que estén en esos lugares, el Estado esté en la puerta para acudir a emergencias”.
Durante la noche de Año Nuevo, la división UTOI se ocupará de los controles en la zona de la Avenida Jorge Bunge y la playa, donde históricamente la gente se reúne para celebrar. Allí formarán un cordón de 150 metros para prohibir el ingreso a la playa. “La presencia policial disuade y genera gran tranquilidad. Antes se producían grandes concentraciones, con algunos en estado de ebriedad, que terminaban en grescas, en peleas entre borrachos afectando a los comercios aledaños, a los restaurantes con comensales sentados en las mesas del exterior”, explicó el secretario.

Como parte del dispositivo de temporada, arribaron además 27 patrulleros, casi los mismos con los que contaba el Partido antes de que fueran trasladados para reforzar la presencia en el conurbano: “Hoy Pinamar cuenta con sólo cuatro patrulleros, cuando en realidad tendría que tener 25. Los policías patrullan con sus propios vehículos particulares, y con los de Guardia Urbana y de Tránsito. Eso llevó a circunstancias insólitas, como por ejemplo recibir llamados de vecinos por autos sospechosos que eran de oficiales”, reclama Ventoso. Por este motivo, espera que esos autos “queden después de la temporada”.
Por último, y al igual que en los últimos veranos, volvieron a reforzarse las medidas para prevenir accidentes por el uso de cuatriciclos y UTV en la playa. “Este año tenemos más cartelería indicativa en las zonas de corredores seguros, en el norte de Pinamar y en el sur de Cariló. Hay mucha presencia de agentes de Tránsito y policías que actúan en conjunto”, dijo Ventoso.
Se calcula que cada temporada de verano circulan en el balneario 25 mil vehículos de playa, concentrados mayormente en la franja conocida como “La Frontera”, que limita con el Partido de la Costa y se extiende a lo largo de más de siete kilómetros. Se trata de una zona de médanos con pocos paradores, donde suelen repetirse incidentes y donde el control público es limitado, ya que parte de la zona donde circulan los rodados, es propiedad privada.

Los artículos 38, 40, 77 y concordantes de la Ley Nacional de Tránsito 24.449 establecen multas por falta o suspensión de licencias, no tener el seguro en orden, falta de casco, conducción en estado de intoxicación alcohólica, escapes no permitidos, menores conduciendo, exceso de ocupantes permitidos, circulación por áreas no permitidas, conducción o maniobras peligrosas y/o cualquier conducta que ponga en riesgo la salud de conductores y peatones.
En el caso de quienes participen de “picadas”, Ventoso explica que desde la Fuerza no se realizan persecuciones cuando son detectados: “Lo que hacemos es fotografiar la patente y labrar el acta correspondiente con un funcionario municipal, y después le secuestramos el vehículo al titular por orden judicial. El Código Penal prohíbe el uso de estos vehículos, así que directamente hacemos la denuncia en la fiscalía y se ordena el secuestro”.
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