
A partir de la repercusión que tuvo el caso de Irineo Garzón, acusado de drogar y violar a una joven venezolana de 18 años en su local de venta de uniformes médicos en la calle Paso al 600, en la zona de Once, varias mujeres salieron a solidarizarse con la víctima y algunas de ellas incluso contaron situaciones similares que vivieron con él.
Una de ellas es Mailén, una chica que trabajó durante una semana en el establecimiento comercial del sospechoso y que valientemente decidió contar su experiencia durante ese tiempo. Lo hizo a través de las redes sociales, donde incluso mostró capturas de pantalla de las conversaciones que tuvo con quien en ese momento era su jefe.
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Según relató, a lo largo de los pocos días en los que estuvo como empleada en ese lugar, Garzón le hizo constantes propuestas informales para reunirse con ella fuera del horario laboral. Todo prosiguió hasta que, luego de varias negativas, él la terminó despidiendo.
En diálogo con Canal 13, esta nueva víctima explicó que cuando se enteró de lo que le había pasado a la joven venezolana, quiso “ayudarla de alguna manera” y se animó a compartir su historia personal: “De hecho, yo lo conté en las redes sociales y salieron un montón de chicas, así que se nota que ella no fue la única”, remarcó.
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De acuerdo con su testimonio, todo comenzó “a mediados de noviembre pasado”, cuando el acusado arregló por teléfono con ella un encuentro en el local de Once, para tener “una entrevista”. Aparentemente se trataba de un puesto de vendedora que estaba disponible.

“Me convocó para un sábado, yo fui y me hizo la entrevista super normal. Lo que me llamó la atención es que me habló siempre por Whatsapp, cosa que es medio rara para cuestiones del trabajo. Me preguntó si tenía Facebook, si se lo podía pasar, si era soltera y si tenía hijos”, recordó Mailén.
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La chica detalló que cuando comenzó a trabajar en el establecimiento, “al principio fue todo muy normal”, pero después que después el hombre le “comenzó a preguntar cosas muy íntimas”. En un momento, hasta le comenzó “a hablar de la relación que había tenido con su ex (pareja)”.
“Ya a mitad de semana me sentía incómoda. Yo justo estaba acompañada por la chica que trabajaba antes, porque él había cosas que no sabía explicarme y creo que eso hizo que no se diera lugar a otra cosa. Pero así y todo, cuando la chica estaba abajo él me llamaba para que fuera arriba, donde confecciona los ambos, y, en vez de preguntarme cosas de trabajo, me preguntaba algo privado o me invitaba a salir. Uno, cuando está ahí no sabe qué hacer o cómo reaccionar”, continuó.
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Ante esa situación, Mailén señaló que no supo “qué responder” o qué hacer porque se encontraba “en relación de dependencia” y Garzón era su jefe, por lo que no podía responder a ese acoso como hubiera hecho con “alguien normal”. Trató de “esquivarlo” como pudo.
“Un día se puso borracho. Me insistió con esto de salir, yo le dije que no y él me dijo que entonces no íbamos a poder seguir nuestra relación laboral y me despidió. Cuando fui a buscar mi remuneración, incluso quiso convencerme para que volviera a trabajar en el lugar y yo, después de todo lo que había pasado y de haber hablado con mi familia, me negué”, precisó.
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Para ese entonces la chica estaba tan asustada que incluso le pidió a su padre que la acompañara a buscar el dinero que el acusado le debía por la semana de trabajo, pero ni siquiera eso desalentó a Garzón, que siguió con las presiones: “Me llevó a un depósito para evitar verlo a mi papá y me decía que me tenía que quedar porque iba a crecer ahí. Yo le dije que se había zarpado cuando me invitó a salir y él me dijo que yo había entendido mal las cosas”, relató.
Por último, Mailén contó que después de todo esto consiguió un nuevo empleo en una juguetería, donde conoció a una compañera que también estuvo a punto de trabajar en este local de Once, pero que no lo hizo por el mal momento que pasó durante su entrevista.
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“La citó a las 8 de la noche. Ella me contó que le pareció medio raro, pero que fue. Ahí le hizo las mismas preguntas que a mí, pero también le dijo que además de una empleada, estaba buscando a una persona para tener una relación personal. Ella le dijo que entonces no quería nada, que ella tenía novio y cuando se quiso ir. Él le pidió si podía por lo menos mostrarle cómo era la parte de arriba del local. Decí que no aceptó porque si hubiera aceptado, quizás estaríamos contando una historia diferente”, advirtió.
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