Exclusivo: el último reportaje de Fabián Tablado antes de volver a prisión

A diez meses de recuperar su libertad, y luego de que un fiscal pidiera su detención por violar una restricción perimetral a la familia de su víctima, el femicida de Carolina Aló relata su presente. Novia nueva y el deseo imposible de volver el tiempo atrás

Fabián Tablado hoy, en una foto que le envió a Infobae
Fabián Tablado hoy, en una foto que le envió a Infobae

Fabián Tablado quiere dejar de llamarse Fabián Tablado. Está por tomar la decisión de cambiar legalmente su nombre y apellido. Son como marcas oscuras de un pasado que lo atormenta. Dice que cambió, que de aquel que mató sólo queda su identidad. Como si llamarse de otra manera lo convirtiera, de una vez por todas, en otro. Un renacer sin delitos ni pecados. Un modo de sacarse de encima al hombre que lleva puesto y al que escrachan en la casa de sus padres, el que mató el 27 de mayo de 1996 a su novia Carolina Aló de 113 puñaladas en una casa de Tigre.

Recuperó su libertad en febrero de este año y quedó envuelto en una polémica: el pasado 19 de octubre fue captado por las cámaras del Centro de Operaciones Tigre mientras caminaba con dos menores por el puente Sacriste, a una cuadra y media de la Dirección Nacional de Migraciones de Tigre, donde trabaja Edgardo Aló, el padre de la víctima.

El hombre lo denunció por violar la perimetral y el fiscal Sebastián Fitipaldi pidió su detención.

Ayer miércoles al mediodía, el Juzgado de Garantías N°2 firmó el pedido de Fitipaldi, ejecutado por su colega Diego Callegari, especializado en violencia de género: Tablado fue arrestado en Tigre poco antes de las 13 y será indagado hoy por Callegari.

Fuentes de la causa afirman que el delito de desobediencia se pena con 15 días a un año de prisión. Dados los antecedentes de Tablado, con un elemento de violencia de género, se cree que podría tocarle el máximo.

“No sabía que ahí trabajaba el señor Aló. El Juzgado Número 2 de Familia solo especifica la dirección de su casa, no la dirección laboral. Jamás violaría una perimetral y no tengo ningún interés en acercarme a él”, le dijo Tablado a Infobae horas antes del arresto, sin saber que sería esposado en su casa familiar en Tigre.

-¿Tenés miedo de volver a la cárcel?

-Mi preocupación es que quiero que dejen de decir mentiras. No sabía que él trabajaba cerca de ahí. Yo fui a comprar helado. Mi vida cambió en la cárcel y afuera mucho más.

-¿Sigue en pie su proyecto de ir a vivir a una isla?

-Al principio de mi salida no pude realizarlo porque la cabaña no estaba habitable todavía y la pandemia hizo el resto. Por lo que no me quedó otra que quedarme en la casa de mis padres, en el ojo de la tormenta, cumpliendo la cuarentena. Pobres mis padres, no quiero que sigan teniendo disgustos por mí.

-¿Cómo está viviendo todo esto?

-Llevo encerrado tres días. Hay gente que afuera me mira mal. Hasta habían puesto un pasacalle que dice “Asesino suelto”. Pero con mucha gente me llevo bien. Cuando salí dije que mi sueño era navegar, vivir de las artesanías, lejos del ruido y los problemas, cerca de la paz y de lo espiritual. Pero voy a seguir con otra vocación. ¿Sabés cuál es?

-No.

-Se cumplió y me esforcé por seguir una mis vocaciones favoritas. El arte, las pinturas y las artesanías.

-¿Le gusta algún pintor en especial?

-Kandinsky y Van Gogh. Estaba leyendo Cartas a Theo, es una maravilla. Me quedo con una frase: “La única manera de abrir la prisión es amar”.

-¿Cómo surgió la pintura en usted?

-De niño me gustaba ver libros con pinturas y bosquejos. Y mirar los barcos. La náutica me gusta. Lo mismo que el estilo ferroviario. Me encantan las obras de Regazzoni. Era como mi inspirador y lo seguirá siendo.

Vista: una de las pinturas recientes de Tablado.
Vista: una de las pinturas recientes de Tablado.

Tablado pinta mayormente casas con flores, aves, modela barcos y casas para pájaros: junta madera y confecciona sus creaciones. Usa trozos de cedro, pinos, maderas de viejos muebles. Los restaura y los hace.

También, Tablado tiene una nueva pareja.

“Me encanta hacerles casitas a los pájaros y observarlos cómo les gusta y comen y beben tranquilos. Lo bueno es que no preciso encerrarlos en jaulas. Pero me fascina aun más hacer barcos y locomotoras de aviones. Tengo cuadros de personas en carbonilla y colores, pero me gustan los paisajes marinos y los paisajes náuticos. Pensaba juntar mis cuadros y hacer algo con ellos. Ya vendí muchos”, dice: “Yo todo esto lo vendo para ayudar a mis hijas y también para ahorrar y poner un negocio propio. Cuando esto se calme un poco me pienso mudar de Tigre con mi pareja actual y su familia”.

-¿Cómo se conocieron?

-Eso prefiero reservármelo. Ella es mi compañera, me ayudó a salir adelante. Me enseñó a pintar. Y vamos a vivir juntos y con sus padres que me abrieron las puertas de su casa.

-¿Se van a ir a otra provincia?

-Sí, pero no puedo decir cuál es. Quiero dedicarme a mi vida, pero esto de salir en la tele otra vez y sentir todo ese odio sobre mi persona me hizo encerrarme, tener temor y aferrarme más a todo lo que me aferraba en los momentos difíciles en la cárcel. A Dios y a mi familia. A pensar cabal y prudente. Y entender que pronto podré ir cumpliendo mis metas y que parte de lo que me pasa es lo que me esperaba: la condena social que a veces es brutal, como ahora, y a veces puedo salir y ser uno más planificando cargar mis pinturas y ofrecerlas al público. Soy muy optimista. Saco fuerzas de la debilidad.

Uno de los barcos modelados por el femicida.
Uno de los barcos modelados por el femicida.

La cárcel

Desde 1996 a 1999, hubo un preso argentino que recibía decenas de cartas por mes de mujeres que querían visitarlo o le escribían para que no se sintiera solo. Ese preso era Tablado. Tiempo después, ese preso se casó en la cárcel con una de sus admiradoras (antes se lo contó al autor de esta nota y la noticia tuvo una repercusión que le resultó negativa) y fue padre de mellizas. “Le traían carretillas con cartas de mujeres”, analizó por entonces Carlos Eduardo Robledo Puch, compañero de penal y autor de once asesinatos. Esa mujer con la que se casó, con la que tuvo mellizas, lo denunció en 2013 por violencia de género.

Tablado recuperó su libertad el 27 de febrero de 2020. Salió de la Unidad Penal Número 21 de Campana después de estar 23 años, nueve meses y un día detenido. Lo habían condenado a 24 años, pero un nuevo cómputo del Juzgado de Ejecución Penal Número 1 de San Isidro, a cargo de Alejandro David, consideró que ya había cumplido su condena.

Las últimas pericias psicológicas lo favorecían: “No presenta trastornos psicóticos ni psico-orgánicos” y sus facultades mentales “encuadran en la normalidad”, aseguró un especialista.

Edgardo Aló, el padre de la víctima, se indigna ante Tablado libre y en su barrio. “Es una lacra que debió pudrirse en la cárcel. Llevo 24 años recorriendo los tribunales y haciendo marchas para que quede preso. Este asesino puede volver a matar”, afirma.

Subconsciente: el clásico dibujo-meme de Sigmund Freud en la versión del asesino de Carolina Alo.
Subconsciente: el clásico dibujo-meme de Sigmund Freud en la versión del asesino de Carolina Alo.

Mientras, el femicida de una adolescente a la que atravesó 113 veces con un puñal retoma el punto.

-¿En la cárcel la pasó mal?

-Los primeros años fueron tremendos. Recibí golpizas, pero luego se fue calmando todo. Viví mucha discriminación, a veces insoportable, peor que ser aporreado muchas veces. Me sentaba solo y sonreía viendo a mis compañeros de prisión charlar y hacer sociales. Me aferré a Dios, a estudiar y eso me abrió muchas puertas. En la prisión pude ayudar a muchos compañeros con una charla amigable, con un mate y hasta haciéndoles un escrito para que recuperen la libertad. Recuerdo que dibujaba las paredes de mis celdas y me sumergía en esas ilustraciones. Todo es tan monótono en la carcel, perdés la noción del tiempo, la ubicación. Con mis compañeros hacíamos filosofía barata, nos cuidábamos de no hablar del delito o de los crímenes cometidos, tratando de ser seres más socialmente aceptables. Nos reprochábamos cuando alguno hablaba con jactancia del crimen que había cometido. Más allá de eso era un un lindo grupo, una ranchada muy unida.

-¿Estudió Derecho, no?

-Me faltaron dos años para recibirme. Pero me recibí de operador socioterapeuta en adicciones. Eso me sirvió para hablar con compañeros que tenían problemas con las drogas, el diálogo tendía puentes.

-¿Sueña? ¿Tiene pesadillas?

-Tengo pesadillas con la cárcel. Los ruidos de las puertas. Los golpes de las rejas, todo eso. El manojo de llaves. El eco de los pasillos húmedos. El trato despersonalizado de los guardias, la cosificación de la persona a ser tratada como una res. Creo que todo ese maltrato institucional influye cuando se sale. Muchos no pueden superar el resentimiento que provoca la cárcel. Ahí juega un papel fundamental la familia y la fortaleza de uno de querer superar todo aquello que te llevó a terminar ahí adentro.

-¿En la cárcel conoció a otros presos famosos?

-Sí, hablaba con Robledo Puch. Estudié con Barreda y con Carrascosa. Fui a muchos comparendos charlando con el Gordo Valor. Creo que ellos vieron lo mismo que yo veía en ellos: la persona y no el personaje en que se habían tristemente convertido.

-¿Ve a sus hijas mellizas?

-No las veo a mis hijas, verlas es más difícil que haber salido en libertad, espero verlas pronto. Las extraño mucho, las amo. Son mi vida, ellas me cambiaron la vida. Con mi nueva pareja sueño con ser padre otra vez. Y quiero destacar el apoyo de mis viejos, son los más grandes. Y agradezco tanto a Dios por su salud y entereza. Estuvieron desde el primer día y nadie imagina todo lo que sufrieron por mí y por el estado público que tomó todo. Pero salieron adelante, muchísima gente los alienta por lo fuerte que son mis padres.

-¿Cómo es un día suyo?

-Me levanto a las 7.30 y tomo unos mates, luego encaro al tallercito que me hice en casa, estoy fabricando un barco, otro pesquero. Trabajo hasta la una. Almuerzo y sigo un rato más, parte de la tarde me dedico a pintar en acuarelas o con óleos. Hago una o dos pinturas por día. Luego las enmarco. Y en algún momento me siento en el fondo de mi casa a mirar los pájaros o me voy un rato al río a mirar los barquitos, de ahí saco ideas para hacer uno artesanalmente. Mi inspiradora es mi novia, ella me enseñó mucho de dibujo. También rezo mucho. El salmo 91 es mi preferido. Una fragmento dice: “Por cuanto a mí ha puesto su amor, yo también lo libraré. Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre, Me invocará, y yo le responderé. Con él estaré yo en la angustia. Lo libraré y lo glorificaré. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación”.

-¿Es feliz? ¿Tiene momentos de tristeza?

-Estoy bien, pero sería feliz si no hubiese matado a nadie. Estoy muy arrepentido. Apagué una joven vida. Y arruiné a su familia y a la mía. Y mi propia vida. Me da tristeza recordar la noche del día del crimen, ojalá pudiera volver el tiempo atrás. Pido perdón a la familia de Carolina. Sé que me odian.

-¿Recuerda seguido ese momento?

-Siempre lo recuerdo y me da mucho remordimiento y tristeza. Ojalá hubiese actuado de otra manera.

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