
Para ser un chorro de carrera, un veterano, Cristian Gustavo Gatti cometió un error que solo los incautos cometen: salió a robar con la patente real del auto, un Renault Clio azul. Así, luego de una entradera fugaz en Lomas de Zamora, un vecino la memorizó mientras escapaba junto a un cómplice y llamó a la Bonaerense, la clave para que lo encontraran horas después y le montaran una guardia frente a una casa en Villa Caraza. Los policías lo vieron salir junto al cómplice, la voz de alto no sirvió de nada. Gatti y el hombre que estaba con él, según la acusación en su contra, huyeron a los tiros.
El cómplice corrió para no volver a ser visto; Gatti, de 41 años, oriundo de Villa Fiorito, terminó herido, tres tiros en el abdomen, en una pierna y en un glúteo, fue internado fuera de peligro. Así, sumó otra causa más en su vida, robo a mano armada en poblado y en banda, atentado y resistencia a la autoridad, tenencia de arma de guerra.
Ricardo Silvestrini y Laura Alfaro, los fiscales de la UFI N° 11 de Lomas de Zamora que esperan indagarlo, comprobaron que Gatti estaba bajo arresto domiciliario y a disposición del Juzgado de Ejecución Penal N° 1 porteño: estuvo preso en Devoto según información de la agencia Télam, lo habían soltado dos días después del violento motín en el penal porteño de cara al riesgo del contagio del coronavirus, supuestamente bajo un diagnóstico de diabetes. Los cálculos son un poco perturbadores: Gatti estuvo preso literalmente una década, lo soltaron y en menos de un mes salió a robar. Le encontraron una pistola encima, además de un revólver en el Renault.
Gatti había pasado los últimos diez años dentro de cárceles federales, al menos desde octubre de 2010 según registros consultados por Infobae. Su última condena, por otra parte, hablaba de un tiempo mucho más largo: el 23 de febrero de 2017, el Tribunal Oral Criminal N° 19 le dio 19 años de cárcel por el delito de robo a mano armada, al menos seis hechos; el monto absorbía una pena previa dictada por el Tribunal N° 4, seis años de cárcel. Jorge Riarte, su histórico cómplice, recibió un castigo similar.
Un robo por el cual fueron condenados incluía a otros tres en la banda, incluido un menor de edad, una entradera a una casa en Caballito facilitada por una empleada doméstica que les entregó una llave para que la copiaran. La casa no estaba vacía cuando entraron el 8 de abril de 2010: encañonaron a la pareja que vivía ahí, a su hija, a la abuela y a la empleada doméstica también. El matrimonio dormía. “No te muevas. Quedate quieto. Poné las manos arriba de la sábana. Dejá las manos a la vista, quiero verte las manos”, dijo uno mientras otros dos revisaron todo el cuarto. Encontraron, para empezar, un revólver y tres pistolas. Sabían de la caja fuerte bajo el televisor, fueron directo a ella, había joyas y plata. Se las llevaron.
Menos de un mes después, el 22 de ese abril, Gatti y otros cuatro ladrones entraron a una casa en Versalles con llaves que habían conseguido previamente para ponerle pistolas en la cabeza a un chico y a su mamá. El botín fue importante: se llevaron 283 mil dólares y más de 250 mil pesos. Cinco días más tarde, Riarte y Gatti irrumpían en otra casa en Saavedra para llevarse 4 mil dólares, un kilo de joyas, cámaras, computadoras, no dejaron ni el microondas. Otro ladrón les había conseguido una camioneta BMW para moverse.
El robo fue a plena luz del día, pasaron una hora desvalijando la casa con sus víctimas aterradas. Se pusieron codiciosos: al salir, fueron a robar otra casa en la calle Hortiguera. Llegó la Federal pero su agilidad los salvó. Escaparon por los techos y llegaron a la BMW. Otro cómplice esperaba en el asiento de conductor. Así, pudieron huir sin problemas. Hubo botín y todo, joyas y algunos pesos. La defensora oficial de Riarte y Gatti intentó mejorar su situación en 2019 con un recurso ante la Cámara de Casación Federal. La Sala II con los jueces Ana María Figueroa, Alejandro Slokar y Ángela Ledesma lo denegó en un largo fallo.
Devoto no fue la primera escala de Cristian Gustavo. Ya había estado preso en el penal de Viedma, estuvo encerrado ahí durante 2014. Pero su historia va mucho más atrás en el tiempo. Su primera condena como mayor data de agosto de 2005, tres años y ocho meses no por entradera, sino por intentar un secuestro extorsivo, pena dictada por el Tribunal Oral Criminal N° 3 de La Matanza. Gatti ya había caído como menor en Capital Federal: en 2012, el Tribunal porteño de Menores N° 1 lo condenó a seis años por ese viejo robo, años después.
Su defensor oficial también pidió su excarcelación ante ese tribunal de menores. El recurso fue rechazado.
Su último robo, el de Lomas de Zamora, no fue como los de antes. Fue un poco más desesperado, también a plena luz del día. No había entregador, no había llave. Amenazaron a un hombre y a su hijo en su casa de la zona de Falcón y Piaggio, se llevaron celulares, una notebook, joyas. Esperaron a la mujer de la víctima, la amenazaron. El domicilio registrado del Clio era el de la pareja de Gatti. No iba a durar. El allanamiento en su contra fue pedido por la UFI N° 11 mientras huía.
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