Jimena Aduriz la madre de Ángeles Rawson, la adolescente de 16 años que fue abusada y estrangulada en 2013 por Jorge Mangeri, el portero del edificio en el que vivía con su familia, mantuvo un doloroso encuentro con los padres de Fernando Báez Sosa en el que hablaron sobre cómo transitar el duelo ante la pérdida de un hijo.

“La muerte de un hijo es algo que no tiene nombre, el ser humano no está preparado para enterrar un hijo. Uno se sobrepone a través de la resignificación, la ayuda, pero uno no puede cerrar, es el día de hoy que ante cualquier detalle digo ‘¿Gorda, estás muerta?’, para mi pasó hace cinco minutos”, repasó con tristeza el padecimiento de su hija Ángeles. En diálogo con el canal América, Jimena Aduriz contó que estuvo con Graciela y Silvino, los papás del joven asesinado a golpes en Villa Gesell. Los definió como personas que “te llegan al alma”.

“Me identifiqué con ellos porque a pesar del dolor, no los vi con palabras de odio”, resaltó la mamá de Ángeles. “Graciela me preguntó ‘¿Cómo se sigue’?'”, reveló que le consultó la madre de Fernando. “Aunque vos no lo puedas ver en este momento, porque recién pasó un mes, hace seis años y medio yo estaba en tu situación y una mamá puso en palabras lo que yo sentía”, le respondió Jimena y enumeró los distintos momentos de sufrimiento que atravesó con la muerte de su hija: “Es terrible pensar lo que uno podría haber hecho; empezás con el tema de olvidarte la voz, el olor, no poder decir que se murió -decís ‘partió’, ‘se fue’, pero ‘murió’ no lo pude decir por meses-”.

Aduriz explicó que el 2013, el año del crimen cometido por Mangeri, “fue terrible”, ya que a la pérdida de Ángeles se sumaron varias muertes en la familia: “Las personas mayores se murieron por dolor, no pueden entender este nivel de violencia que pase en alguien tan jovencita”. “Todo el mundo me decía que termine este año, y para mi el 31 de diciembre es un día nefasto porque uno se aleja aún más de aquél día en que murió tu hijo, yo no quería que se termine el 2013, sentía solo me entendía los que habían pasado por algo así”.

Luego mencionó que se sumó a la convocatoria a la marcha de este martes en la Plaza del Congreso reclamando justicia por el homicidio de Fernando Báez Sosa: “Les pido que los acompañemos, yo voy a estar, no solo por el pedido de justicia de Fernando, sino por todas las víctimas, no puede ser que sigamos viviendo con este grado de violencia, hay muchísimos casos que están impunes, otros que han logrado la justicia pero los chicos no vuelven, Ángeles no vuelve, Fernando no vuelve”, graficó en su crudo relato. “Las fechas son fuertes, sobre todo el primer año, es todo por primera vez”, expresó al hacer referencia que este 18 de febrero se cumple recién un mes del homicidio en Villa Gesell.

Jimena Aduriz junto a su hija Ángeles Rawson
Jimena Aduriz junto a su hija Ángeles Rawson

Repasando el caso de Ángeles Rawson analizó que impactó mucho en la sociedad “porque había muchos femicidios pero no se llamaban femicidios en ese momento, no estaba el Ni Una Menos, pero destapó algo; el hecho de la figura del encargado tocó un nervio muy delicado de la sociedad argentina, por ser la persona de confianza del edificio. Nadie podía sospechar de la psicopatía de Mangeri, yo no podía creer que fuese él, esa persona que nos había ayudado varias veces, no podíamos ponerle la cara del asesino de mi hija”, declaró.

Jimena, como madre que perdió a una hija, hizo hincapié en que uno de los “miedos más importantes es olvidar la voz de tu hijo". “Uno va reciclando recuerdos pero cada vez está más lejos. El duelo de un hijo, por momentos uno vuelve a caer, y vuelve a levantarse”, agregó.

La mujer contó que junto a su familia realizaron un tratamiento para trabajar la ausencia de la adolescente de 16 años: “La Mumi ya no estaba y había que adaptarse a eso”, manifestó recordando el apodo con el que cariñosamente llamaba a su hija. “Cada tanto agarro su ropa, la huelo. Tiene olorcito a ella todavía”, agregó.

Jimena Aduriz pese al dolor que tuvo que enfrentar, sostuvo que “cada uno elige la forma de transitar el sufrimiento, yo pude elegir transitarlo resignificando el dolor, no tengo rencor". “Creo en el perdón, es liberador, si no empezamos a perdonarnos como sociedad, esto no va para ningún lado”, reflexionó.

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