Ezeiza: la caída de la “banda del 2008”
Ezeiza: la caída de la “banda del 2008”

Sin sospechar ni por un momento el giro dramático que tomarían los acontecimientos, C.S, de 72 años, jubilado, mecánico de profesión, caminó junto a un hombre que se hacía pasar por su cliente hasta la esquina de su taller, ubicado en el barrio porteño de Floresta. Estacionado a medio metro del cordón estaba el Peugeot 2008 de color gris. El supuesto cliente le mostró el bollo mal arreglado del guardabarros delantero izquierdo, y unos detalles menores de pintura del paragolpes delantero y rayaduras en la puerta trasera izquierda. Con el pretexto de un presupuesto, el delincuente había atraído al jubilado hacia la trampa.

C.S, de 72 años, ignoraba que justo él sería la última presa de la organización más importante de secuestradores extorsivos que todavía sembraba el miedo en las calles.  Tampoco su captor sospechaba que ese era el último golpe que daría la "banda del 2008", denominada así por el modelo del auto Peugeot que utilizaban para "levantar" a sus objetivos. Los delincuentes intentaron cortarle un dedo a Silva para enviárselo a sus seres queridos a modo de siniestro mensaje mafioso: reclamaban 12 millones de pesos para entregarlo vivo y no asesinarlo.

Horas después, y ante la imposibilidad de aproximarse a una cifra semejante, los delincuentes simularon un fusilamiento en vivo con disparo incluido para que el hijo del mecánico que escuchaba los gritos de su padre pagara más rápido.

De los 12 millones iniciales, terminaron acordando que la vida del hombre tenía el precio de 150.000 pesos. Fue lo máximo que consiguió recaudar su hijo en un puñado de horas con las entidades bancarias fuera del horario de atención y el fin de semana por delante. El casquillo de la bala usada para la supuesta ejecución fue encontrada  por los investigadores a metros de la casa de uno de los siete integrantes de la organización criminal. Había quedado entre la vegetación que crecía a pocas cuadras del Camino Real en Ezeiza, muy cerca de un corralón de materiales pintado de azul, el punto donde G., de 42 años, el hijo del mecánico de Flores, debía arrojar la bolsa con la plata después de desplazarse por la autopista Ezeiza-Cañuelas.

El casquillo de bala del falso fusilamiento fue encontrado cerca de donde cayó “la banda del 2008”.
El casquillo de bala del falso fusilamiento fue encontrado cerca de donde cayó “la banda del 2008”.

La violenta escena en la que durante la madrugada del sábado 6 de abril la "banda del 2008" simuló el fusilamiento del hombre de 72 años, quedó registrada en los dispositivos de escuchas telefónicas operados por los detectives de la División Antisecuestros de la Policía Federal Argentina: los efectivos seguían de cerca la tensa negociación entre el hijo de la víctima y la banda.

Así, las 16 escuchas acumuladas en total se convirtieron en parte de la resolución de 55 carillas a través de la cual el juez federal Luis Osvaldo Rodríguez resolvió la semana las detenciones y prisiones preventivas de seis de los siete secuestradores. Uno aún continúa prófugo.

Este caso, en cierta forma, marcó el fin de una era para cierta parte del delito argentino. Fue algo singular, no solo por su violencia cruel, sino también por su ambición. Durante los últimos años, los secuestradores que operaron en zonas como el Acceso Oeste mantenían a sus víctimas sobre sus propios autos, no en aguantaderos. Se conformaban con lo que podían tomar.

También fue singular por otro motivo: el secuestro extorsivo en la Argentina está casi en desuso. En abril último, por primera vez en cinco años, con la gestión de la UFESE -el ala antisecuestros de la Procuración a cargo del fiscal Santiago Marquevich- la tasa de secuestros extorsivos en la provincia de Buenos Aires bajó a literalmente cero. No hubo un solo caso en todo el territorio provincial. Si hubo tres casos -incluido el de C.S- en la ciudad de Buenos Aires. Los otros dos, al contrario del caso de Floresta, no cobraron rescate.

El juez federal Luis Rodriguez, quien procesó a la “banda del 2008”.
El juez federal Luis Rodriguez, quien procesó a la “banda del 2008”.

De vuelta al procesamiento del juez Rodríguez -que fue confirmado por la Sala II de la Cámara Federal-, el magistrado resaltó que la organización criminal desarticulada tenía "una marcada despreocupación por la vida ajena". Al analizar el desarrollo de las tratativas entre la banda y el hijo de la víctima, el juez  puntualizó que estas fueron de una "crueldad pocas veces vista" en sus años de juez y que "nunca dudaron en poner al teléfono al propio secuestrado para que convenciera a su hijo de reunir más dinero y llegando a la realización de un simulacro de asesinato con el fin de lograr el quiebre de la voluntad de quien del otro lado de la línea intentaba recuperara a su padre sano y salvo".

La dramática esgrima verbal fue la siguiente:

Secuestrador: ¿Y?

Hijo: Y, me están trayendo algo más ahora, le pedí a mis hermanos y estoy juntando algo.

Secuestrador: ¿Cuánta plata hay?

Hijo: Hasta ahora estoy llegando a los 80, 90 más o menos.

Secuestrador: ¿80, 90 nada más? Ya se le acaba la hora a tu hermano eh, a tu tío, a tu papá, o no sé quién mierda es. Ya se le está acabando la hora eh.

Hijo: Vos no entendés el quilombo que es esto…

Secuestrador: Así como vos no entendés, la gente que le está haciendo esto a tu papá, tampoco no la entiende. Y a mí me meten un palo en el orto por la guita y yo necesito la guita

Hijo: Vos viste que a la gente no le importa nada, ¿viste? Es un quilombo esto.

Secuestrador: Ya sé. Bueno, a mí tampoco me va a importar nada matar a tu viejo si no me rescatás la guita.

Hijo: Por eso, yo estoy juntando, dame un poquito más [de tiempo]. Yo te estoy diciendo.

Secuestrador: Bueno, escúchame, lo último que te puedo llegar a pedir ¿Cuantos dólares hay?

Hijo: Y entre dólares y pesos hay esos noventa mil pesos. Llego a noventa. Me están trayendo.

Secuestrador: No flaco… Eso no es nada amigo, eso no es nada ¿Eso vale la vida de tu papá?

Hijo: Y… vos me lo llevaste un viernes a esa hora.

Secuestrador: ¿Qué tiene que ver? Yo quiero la guita, ¿me escuchaste? Si para las once de la noche, no está la plata acá, a tu viejo te lo mato. Te juro por Dios que te lo mato. Yo quiero los millones amigo, yo quiero los millones y la guita verde que ustedes tienen, que tienen una banda.

Hijo: ¿A dónde? Decime adonde está y yo voy y la busco y te la doy.

Secuestrador: ¿Vos me estas descansando? No estás hablando con un gil. Te lo voy a matar a tu viejo eh. ¡Pégale un tiro boludo!, que no me cree, ¡pégale un tiro boludo!, ¡pégale un tiro boludo!, no me cree, boludo, no me cree el gil, dale ¡pégale un tiro! Sacalo afuera, sácalo afuera, dale, dale, dale, dale masa, ¡ya fue!

(SE OYE UN SONIDO SIMILAR A UN DISPARO)

Hijo: Y bueno, ya está. Ya perdimos los dos.

Secuestrador: No, un tiro en la rodilla le di a tu viejo. Escuchá como grita.

Hijo: ¿Y lo mataste…?

Secuestrador: No lo maté, no lo maté, todavía no te lo maté, un tiro en la rodilla tiene este viejo puto. ¿Escuchaste? Yo quiero la guita. Quiero la guita, Para las once de la noche quiero la guita. ¿Me escuchás?

Hijo: Llamame a las once y te digo cuanto junté, estoy juntando.

Secuestrador: No, cuanto junté las pelotas, yo quiero los 12 millones de pesos que tenes, yo los quiero.

Hijo: ¿Qué doce? Decime dónde están, yo voy y los busco, me sale más fácil eso, ir a buscarlos y te los doy.

La familia no tenía ni doce ni un millón de pesos: como en siete secuestros anteriores que se les imputan la banda seleccionó al mecánico jubilado al azar, "al boleo".  Lo que hasta el desenlace final la "banda del 2008" nunca imaginó es que el hijo de su víctima  alertaría a las autoridades a la media hora que su padre no regresó al negocio después de salir junto un hombre de tez trigueña, de unos 24 años, delgado, de aproximadamente un metro sesenta y cinco, vestido de pantalón de jeans claro, remera gris clara y gorrita del mismo color, y que había solicitado un presupuesto.

Los hombres de la Federal activaron de inmediato el protocolo y se pusieron a disposición del juzgado criminal federal de turno.

La banda de secuestradores involucrada en el ataque al comisario Santos Díaz.
La banda de secuestradores involucrada en el ataque al comisario Santos Díaz.

Cada quien hizo lo que mejor sabía para que la madrugada de ese sábado frío de abril, en un paraje de Ezeiza, y previa liberación de la aterrorizada víctimas (antes se había abonado el pago acordado parte en pesos y parte en dólares) en la vereda del corralón azul, los hombres que dependían de la Superintendencia de Investigaciones Federales de PFA, rodearon la casa donde tenían "guardado al chancho" –secuestrado en la jerga delictiva- y los detuvieron.

Los hombres y una mujer –la dueña de la propiedad- no se entregaron fácil. Hubo persecución, intercambio de disparos y hasta en choque y encerrona con varios patrulleros que iluminaban de azul estridente el frente de las pocas casas, asfalto y tierra. Minutos después de la escena policial, padre e hijo se abrazaron. La bala nunca impacto en su rodilla y su dedo solo había sido una amenaza macabra.

Bajar a cero

Junto al fiscal Marquevich y las divisiones antisecuestros de las fuerzas de seguridad, la Dirección Nacional de Investigaciones del Ministerio de Seguridad, a cargo de Rodrigo Bonini, fue instrumental en perseguir y encarcelar a los prófugos de las bandas de secuestradores  desarticulados una y otra vez hasta que no volvieran a organizarse.

"El secuestro extorsivo es el delito complejo de mayor peligro; si no hay una persona privada de su libertad y con potencialidad de muerte, no hay secuestro. Por ello los investigadores, requieren de un timing especial, el movimiento apresurado o la decisión tardía expondrá toda la operatoria con un posible desenlace fatal; este riesgo se mantiene desde el inicio hasta el final de la acción policial. Ante esto, los detectives federales han demostrado un altísimo grado de profesionalidad, procurando en primera instancia el resguardo de la víctima, pero también la convicción y determinación de desmantelar estas organizaciones", explica ante Infobae Bonini.

"El desbaratamiento de estas organizaciones delictivas, de una peligrosidad extrema por parte de sus integrantes, como la "banda del Fal" o la que estaba integrada por barras bravas del club Platense o en Tucumán con el clan Acevedo emparentados con la barra de Atlético, nos llevan a poder mostrar estadísticas que año a año siguen reflejando la gran tarea realizada por las fuerzas federales en este tiempo", destacó el secretario de Seguridad Eugenio Burzaco.

Hasta fines de mayo, la División Antisecuestros de la PFA desbarató 96 bandas de secuestradores extorsivos, varias de envergadura y extrema peligrosidad. Entre ellas se destacan la "banda de San Vicente", la "banda de la escopeta", la "banda del hotel", la "banda del monoblock", la "banda de la Eco Sport", la "banda del Mauser", la "banda del gordo", y la nombrada "banda del 2008".

Variación interanual: los secuestros en el país desde el 2015 hasta hoy.
Variación interanual: los secuestros en el país desde el 2015 hasta hoy.

Esas 96 organizaciones criminales estaban compuestas por 140 integrantes. De esos, 125 fueron, los otros 15 permanecen prófugos, pero se los sigue buscando. Hasta fines de mayo de este 2019 se produjeron 15 secuestros extorsivos –en el que está incluido el caso del mecánico de Floresta , el último conocido-. Un cifra muy baja si se la compara con los años anteriores.

En 2015, por ejemplo, los secuestros extorsivos llegaron a 294. En 2016 la cifra apenas se redijo a 227 casos; un año después bajaron a 185 y en 2018 fueron 111, de acuerdo a los números de la UFESE.

Según fuentes de la Dirección Nacional de Investigaciones, otra de las claves para que esto suceda fueron la medidas de prevención "operativos preventivos disuasivos" dispuestos por el ministerio de Seguridad de la Nación tanto en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como en el conurbano bonaerense.

Santiago Marquevich, titular de la UFESE.
Santiago Marquevich, titular de la UFESE.

Los despliegues operacionales se concentran, sobre todo, en los corredores dónde se movilizan los delincuentes como la Avenida General Paz.
Estas bandas por lo general actuaban entre las 18 horas y la media noche. Los cuándo se produjeron mayor cantidad de secuestros fueron los lunes, martes y miércoles. También se desplegaron patrulleros y motos en los alrededores del barrio Ejército de la Andes, más conocido como Fuerte Apache. Además, se dispusieron vehículos blindados en puntos fijos sobre avenidas de accesos y salidas a CABA-Conurbano.

Las causas judiciales a las que tuvo acceso Infobae revelan que los "refugios" de los secuestradores se ubicaban, de manera mayoritaria, en barrios muy humildes como la Villa 1-11-14, Villa Carlos Gardel, barrio Las Catonas, Fuerte Apache, Villa San Alberto, Villa Pineral y Villa Diamante.
Sobre las vías de acceso y egreso a estos lugares también se tomaron medidas de vigilancia, control y prevención por parte de las autoridades.
Bajo la dirección del fiscal Marquevich y el resto de los involucrados en esta tarea de combate contra estas peligrosas bandas, también se profundizaron tareas de investigación sobre los prófugos de las organizaciones desarmadas, como la que intentó asesinar al jefe de Antisecuestros de PFA. Gustavo Santos Díaz.

El comisario Santos Díaz tras ser atacado en el Churruca.
El comisario Santos Díaz tras ser atacado en el Churruca.

Durante la persecución contra los integrantes de la "banda de la escopeta" el comisario recibió un disparo de arma larga en el ojo que le dejó gravísimas secuelas. Fue el 9 de junio de 2016.

La organización, que ya había realizado tres secuestros extorsivos en apenas un mes, terminó con sus siete integrantes detenidos y condenados a penas de entre 24 y 30 años de prisión por el Tribunal Oral Federal Nº 2 de San Martín.

La severidad de las penas aplicadas por los magistrados es otro de los puntos a tener en cuenta para desalentar el secuestro como modalidad criminal.