La foto de Lola en el living del departamento de sus padres (Martín Rosenzveig)
La foto de Lola en el living del departamento de sus padres (Martín Rosenzveig)

Ángel Moreira Marín, alias "El Cachila", no es un nombre ajeno al expediente que investiga el crimen de Lola Chomnalez, la adolescente argentina que fue asesinada en el balneario uruguayo de Barra de Valizas hace cuatro años y medio. En 2015, el hombre ya había sido detenido como sospechoso pero fue rápidamente liberado después de que el cotejo de su ADN con los rastros de sangre hallados en la mochila de la víctima resultara negativo. "La jueza me liberó y estoy bien. No tengo culpa de nada", dijo entonces después de salir de prisión.

Sin embargo, la causa tomó un nuevo giro y su nombre está nuevamente en la mira de la Justicia. Jorge Vaz, el actual fiscal de la causa, pidió ayer el procesamiento con prisión preventiva del "Cachila" como presunto "coautor de un delito de homicidio muy especialmente agravado" en perjuicio de Lola. "No tengo la menor duda de que estuvo en el momento del crimen. Sabe detalles que solo una persona que presenció el crimen podría saber", confió el funcionario a Infobae.

Moreira Marín es un hombre de 33 años que se dedica a cuidar coches. Tras la orden del fiscal, fue detenido en la zona de Rivera, en la frontera con Brasil, donde vivía junto a su pareja y tres hijos. "Es una persona que deambulaba de un lado para otro. Es de muy bajos recursos, vivía día a día", reveló el fiscal.

En su nueva declaración -ahora como posible coautor del asesinato-, Moreira admitió recordar algunas cosas del episodio aunque otras dijo no estar seguro porque el consumo de drogas a lo largo de su vida le afectó la memoria.

"No tenía domicilio fijo. Es una persona que se manejaba en el ámbito de la calle", señaló Vaz, quien contó que al momento de ser indagado se mostró con "evasivas y hasta agresivo en algunos momentos". Al ser consultado si Moreira Marín contaba con antecedentes, el fiscal se abstuvo de negar o confirmar la información.

Su abogada, Yesica Biquez, reveló en la radio uruguaya Carve que además el hombre está enfermo de tuberculosis y que "su situación de salud es endeble". Según la letrada, el sospechoso se descompensó en la audiencia, ya que tiene otras enfermedades y "consume muchos estupefacientes".

En ese momento se le brindó atención y si permanece detenido se lo va a dejar bajo cuidados. Respecto a la causa, Biquez dijo que "no hay elementos nuevos".

El nuevo análisis de su declaración y la pericia semiológica: las claves de la detención

El fiscal Vaz tomó el caso en febrero de este año, después de que fuera asignado al Departamento de Rocha, jurisdicción en la que ocurrió el crimen. Al ver la enorme cantidad de fojas que tiene el expediente, más de cinco mil con 40 indagatorias, y que no condujeron a ningún avance hasta ayer, Vaz empezó a rever los dichos de todos los que fueron indagados hasta que notó las inconsistencias en lo que había dicho Moreira. Fue entonces que llegó a la conclusión de que estuvo al momento del homicidio y que "al menos una persona más" participó.

"Cuando analicé las primeras declaraciones del 'Cachila' noté que estaba al tanto de detalles muy específicos, como por ejemplo cuando dijo en 2015 que la joven 'cayó de rodillas porque se sentía mal'. Según el forense ella sí cayó de rodillas, pero después del ataque con un cuchillo y de ser cortada. No cualquiera sabía esto", detalló Vaz.

No son los únicos aspectos que tuvo en cuenta el funcionario judicial uruguayo. En la solicitud de procesamiento, Vaz enumera uno a uno datos brindados por Moreira Marín en 2015 que indicarían que de mínima presenció el crimen.

"La persona más imaginativa no podría haber detallado cuestiones que surgen de la evidencia, tales como que la adolescente 'era un poco más alta que él', que en el lugar adonde encontraron el cuerpo había un 'árbol' siendo que un árbol aislado no es común en la vegetación de la zona, que
que allí no había arena sino pasto en una zona adonde lo que predomina
es la arena o que en las inmediaciones había caballos pastando, etcétera", explicó el fiscal.

Lola tenía 15 años cuando fue asesinada.
Lola tenía 15 años cuando fue asesinada.

En ese sentido, Vaz sostiene que "El Cachila" "no imaginó ni fantaseó con dichos extremos pues surge en forma más que contundente de acuerdo a su relato que estuvo presente antes, durante y después del homicidio". Lo que aún no pudo determinar es si fue el homicida, pero no tiene dudas de que estuvo allí y que hay "elementos de convicción suficientes para imputar" al sospechoso.

En su pedido, el fiscal recordó que el acusado dijo en su momento "haber llevado a Lola debajo de la sombra (del árbol) porque la misma se sentía mal". Para el investigador  "es a todas luces ilógico y contrario, no solo a
la evidencia que surge del cuerpo de la víctima, sino de la situación en sí".

Es que según Vaz, si eso fue efectivamente así, no tiene sentido que "El Cachila" la haya llevado al bosque ubicado a 145 metros del lugar donde aseguró haber charlado con ella en un primer momento "para ofrecerle estampitas de amor".

"Ahora bien, nos preguntamos. ¿Es lógico y acorde a las reglas de experiencia que Lola hubiera ingresado 140 metros adentro del médano, hacia una zona boscosa, para reponerse, si se sentía mareada? ¿Acompañada de un extraño? ¿En una zona recóndita y totalmente desconocida para ella? Definitivamente no. Si se sintió mal lo lógico hubiera sido permanecer en la playa y tratar de ir hacia la zona poblada más cercana en busca de ayuda médica, que a la sazón era el balneario de Aguas Dulces, a unos 1.400 metros del lugar, en línea recta por la playa", resaltó el fiscal.

Por eso asegura que la joven fue llevada contra su voluntad y con "motivaciones sexuales". Vaz sostiene que Moreira Marín y sus cómplices la quisieron violar y al no poder, la mataron.

"Después, como se quedaron sin lograr lo que querían, le sacaron el equivalente a los 100 dólares que la adolescente llevaba", afirma.

Diego y Adriana, padres de Lola (Martín Rosenzveig)
Diego y Adriana, padres de Lola (Martín Rosenzveig)

La indagatoria de ayer al acusado fue presenciada también por una perito semióloga quien fue determinante a la hora de pedir su procesamiento. La experta logró determinar que cuando hablaba aspectos de su vida personal que no lo incomodaban, se manejaba con coherencia y tranquilidad. En cambio, cuando le consultaban sobre el crimen de Lola, se mostró claramente molesto y empleó movimientos corporales poco comunes. Eso lo terminó de complicar.

"Se le hicieron preguntas sobre su vida personal y también sobre cuestiones relacionadas al caso. En este sentido la perito fue determinante al expresar, en sus conclusiones preliminares, que en todas las preguntas concernientes al homicidio, el indagado no fue veraz en la forma de responder", agregó el fiscal, a diferencia de cuando le preguntaban sobre temas menores.

Sobre el episodio, "demostró una gestualidad restrictiva, de situaciones que no quiere detallar, que no quiere responder, así como aspectos de preocupación y estrés creado por situaciones internas, de su vivencia, y no por el contexto, esto es, por el interrogatorio en sí".

Definitivamente para Vaz "se le dio muerte en forma intencional, a fin de cometer otro ilícito" y por eso la grave calificación de la imputación que le cabe. Al haber estado allí en el momento de la consumación del homicidio sin haber impedido el mismo, ni haber denunciado el delito con posterioridad, su conducta queda excluida de la complicidad, razón por la cual se imputa su participación en grado de coautoría", finalizó.

El fiscal, a cuatro años y medio del crimen, asegura: "Estamos cerca del final para llegar definitivamente a la verdad".

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