El misterio es absoluto.Nada se sabe por estas horas del paradero de Gissela Solís Calle, la odontóloga de 47 años que está desaparecida desde el martes. Ese día cerca de las 23 se dio la última comunicación con uno de sus hermanos. Luego de eso, nada más se supo de ella. La última persona que la vio con vida, según testigos, fue su novio, un hombre de 55 años llamado Casimiro Abel Campos. Este domingo a la madrugada la policía lo encontró con un tiro en la cabeza en la habitación de un hotel en La Plata. Se suicidó.

"El martes a la noche yo hablé por última vez con ella. Me mandó un mensaje porque juntos estamos armando un consultorio odontológico. El miércoles la llamé varias veces a la tarde y no me respondió. No me alarmé porque siempre los miércoles deja de atender el teléfono porque es su día libre. Cuando el jueves nos enteramos que no había ido a trabajar fuimos a buscarla a la casa. Estaban todas sus cosas. Menos el celular", dice Roberto, el hermano mayor de Gisella.

Según un vecino, que ya declaró ante la fiscal, Campos salió de la casa de la odontóloga el miércoles 16 en horas del mediodía. En base a esto y a declaraciones de la familia, se reconstruyó que hubo un encuentro el miércoles por la mañana entre la mujer y su novio. La gran pregunta que se hace la justicia es qué pasó en el interior de esa casa mientras estuvieron juntos.

Infobae accedió al expediente donde figuran las pruebas más importantes del caso.

Allí se consigna que cuando la policía ingreso a la vivienda donde vive sola la mujer desaparecida primero se encontró con que la puerta no estaba cerrada con llave. Algo extraño y absolutamente inusual según cuenta su familia. En el interior de la vivienda los investigadores hallaron dos copas con restos de vino y un bolso que en el interior tenía los documentos de la mujer y también su tarjeta SUBE con la que suele desplazarse. Además, se halló un celular que la víctima tenía en desuso desde Diciembre. El teléfono que había comprado recientemente y con el que se comunicó hasta último momento todavía no apareció.

Pero hubo un faltante dentro de la casa que llamó la atención: no estaban las sábanas de la cama. "Eso es muy raro en Gissela. Su cama para ella era un lugar sagrado. Tenía sábanas de seda que las cuidaba mucho. Era un espacio muy especial. No hay ninguna posibilidad de que haya dejado la cama como estaba", dice Fabiana su cuñada y confidente. Para los investigadores este dato no pasó inadvertido. Encontraron además en el colchón una mancha que, en principio, no se correspondería con sangre aunque todavía no están los resultados periciales.

La doble vida del novio

Casimiro y Gissela se conocieron hace seis años. En un primer momento el manifestó ser separado. Sin embargo, hace dos años la odontóloga descubrió que en realidad su pareja llevaba una doble vida: tenía una mujer e hijos en la ciudad de Lobería a unos 400 kilómetros de La Plata.

"Desde que nos contó no quisimos verlo más a él. Ella le pidió que eligiera y él siempre le pedía algunos meses más para separarse. Hasta que le puso el mes de enero como ultimátum. Según me contó el miércoles pasado se iban a juntar a festejar que finalmente él se había separado", dice Fabiana.

La fiscalía maneja como hipótesis que en el encuentro que mantuvieron existió una pelea entre ambos. Incluso, antes de suicidarse y cuando la búsqueda transcurría sus primeras horas, una hermana de Gissela se comunicó con Campos. Él le manifestó que no sabía dónde estaba su novia y le reconoció que hubo una discusión. Ese contenido está anexado al expediente.

Desde que la fiscal Ana Medina tomó contacto con la investigación, una de las primeras medidas que requirió fue la de llamar a declarar a Campos. Se envió una citación a la casa pero nunca apareció en la fiscalía.

Luego de ese procedimiento se dieron dos contactos telefónicos con el hombre. El primero lo hizo Mariela, hermana mayor de Gissela, el viernes pasado a las 15. Ahí le dijo que estaba en Trelew y que no iba a poder presentarse, luego cortó la llamada. En un segundo contacto ese mismo día a la noche, ya con un oficial de policía, le dijo que en realidad estaba en la Costa y que iba a poder ir recién el lunes (por hoy) a declarar. Todas eran mentiras. Desde que se fue de la casa de Gissela el miércoles pasado estuvo recluido en su casa de Lobería.

La novedad con respecto a este punto tiene que ver con la declaración de uno de los hermanos de Campos. Ante la fiscal contó que llevó a su familiar a declarar pero que antes de llegar este le pidió bajarse unas cuadras antes para ir caminando porque "tenía que ordenar las ideas".

Ahora se sabe que aprovechó ese momento para alojarse en la habitación 12 del Hotel Catedral donde luego aparecería muerto con un disparo en la cabeza. En la escena del suicidio la policía encontró la carabina calibre .22 con la que se disparó en la cabeza, un pasaje con destino a Lobería, un cuchillo, dinero en efectivo y una copia de la citación de la Justicia.

La justicia también logró dar con la camioneta con la que usualmente se manejaba Campos. Estaba en un taller mecánico. Se trata de una Nissan Terra modelo 98 muy peculiar por su color. Un amarillo muy fuerte. Este dato podría facilitar la tarea de los investigadores.

"Lo que yo no puedo creer es el tiempo que tardaron en ubicarlo al novio de mi hermana. El viernes cuando logramos comunicarnos yo le decía al policía que tenían que ir a buscarlo. Pero me respondió que todavía no podía y que los tiempos de la justicia son así. También les pedí que empezaran a revisar las últimas llamadas y me respondió que como se venía el fin de semana las telefónicas no trabajan y eso no se podía hacer. Imaginate estar desesperado porque tu hermana no aparece y que te respondan eso. Quizás si lo iban a buscar, no sé, servía para algo", dice Roberto con lágrimas en los ojos y la voz quebrada.

Lo cierto es que el tiempo corre y que ya son casi 6 días en los que no hay noticias del paradero de Gissela. La familia, sin embargo, no pierde las esperanzas: "Son muchos días. Quizás está perdida, no sabemos. Nuestra ventana de ilusión es que este desorientada, por ahí alguien la ve. Lo más doloroso es que ni siquiera podemos decir como estaba vestida el día de su desaparición. La única persona que lo sabía se lo llevo a la tumba".