
Hasta agosto pasado, José Luis Gallego Sánchez, de 40 años, nacido en Castellón de la Plana, en la provincia española de Valencia, dedicaba la mayor parte de su tiempo a la promoción de su libro: El infierno legionario. Prometía en esas 636 páginas contar las "vivencias reales del autor 20 años después" sobre sus días en la Legión Española, creada para misiones en el extranjero, tal como la Legión francesa. Sin embargo, el verdadero infierno estaba mucho más cerca de la vida del hoy ex militar que un casco y un rifle de asalto.
Eva Bou Flor, de 35 años, mamá de un varón de 15, "una patriota de corazón, amante de España y de la Legión", como se definía ella misma en redes sociales, promocionaba el libro de Gallego Sánchez en grupos de Facebook y entre sus conocidos. Se había enamorado de ese legionario que llevaba su nombre tatuado en letras góticas del lado izquierdo del cuello y que en su antebrazo derecho le prometía un futuro "juntos por siempre".

A comienzos de septiembre, Eva dejó de atender el teléfono y de responder los mensajes de WhatsApp: Gallego Sánchez tampoco contestaba llamadas. Tras varios días sin noticias, su familia decidió denunciar la desaparición. El viernes 7 de ese mes, la policía encontró el cadáver de la mujer en el departamento que la pareja compartía en el Poble Nou de Borriol, un pequeño pueblo español de poco más de 5.000 habitantes.
El cuerpo de Bou presentaba signos de descomposición. La autopsia realizada en el Hospital Provincial de Castellón determinó que la mujer de 35 años había sido asesinada entre el 2 y el 3 de septiembre de varias puñaladas. Gallego Sánchez no tardó en convertirse en el principal sospechoso. Tenía antecedentes penales y una denuncia de su ex mujer por violencia de género. Además, había desaparecido.

A esos datos se sumarían los movimientos en su tarjeta de crédito, que indicaban que el 4 de septiembre había realizado varias extracciones de dinero y que un día más tarde había abandonado España en un vuelo comercial hacia Sudamérica. Cuando la policía encontró el cuerpo de Bou, Gallego Sánchez le llevaba a los investigadores 48 horas de ventaja. Podía estar en cualquier parte, podía haber aterrizado en un país y cruzado fronteras a pie, cambiado de identidad, borrado sus huellas.
Tras una adolescencia problemática, que incluyó un arresto por un asalto a mano armada, a los 18 años Gallego Sánchez se alistó como voluntario en la Legión Española y durante varios meses fue parte de la Brigada Rey Alfonso XIII. Luego de su paso por esa agrupación considerada de elite, creó un grupo de Facebook de línea patriótico-militar en el que comenzó a escribir pequeños relatos sobre su experiencia bélica. Su producción lo hizo conocido entre fanáticos de la temática, en su mayoría ex legionarios y alentado por algunos de ellos decidió escribir su libro, El infierno legionario, que se publicó en 2017.

Entre el crimen y el hallazgo del cuerpo de Bou la única persona que vio y habló con Gallego Sánchez fue su hijo de 18 años, fruto de una relación anterior que también había terminado con problemas de violencia. Después de eso sobrevino la aparición del cadáver, el rastrillaje local en Borriol, en Valencia, en toda España y finalmente una circular roja de Interpol que llevó la búsqueda a todo el mundo.
Una fuente cercana a la investigación le confió a Infobae que se logró establecer que Gallego Sánchez había llegado el 6 de septiembre a la Argentina. También se confirmó que pasó unos días en la ciudad de La Plata, donde se hospedó en un hotel ayudado por un contacto local. El rastro se perdía en ese lugar: hasta hace una semana no había indicios de los movimientos del español, ni se sabía a ciencia cierta si continuaba en el país.
Pero un error del prófugo, un acto inocente para un homicida internacional, pondría a las fuerzas otra vez sobre su pista.

En este punto, se vuelve importante destacar cierto espíritu de hermandad que existe entre las unidades de la Legión y la Guardia Civil en España. Gallego Sánchez hizo un llamado telefónico a esa fuerza que sentía afín y si bien no quiso dar datos sobre su paradero, dejó entrever la intención de entregarse a ellos en tierra europea. El contacto fue breve, no hubo acuerdos, pero alcanzó para realizar las triangulaciones necesarias que lo ubicaron en Posadas, Misiones. El sospechoso seguía en Argentina, pero la cercanía con la frontera indicaba que no había tiempo que perder.
"Él buscaba la posibilidad de ir a uno u otro país de manera fácil, burlando a la policía", arriesgó una fuente judicial, sobre la ubicación, en una zona en la que la gran cantidad de kilómetros de frontera con Brasil y Paraguay, hacían que su escape tuviera más chances de pasar inadvertido.
Dos integrantes de la Guardia Civil española viajaron camino a la Argentina para sumarse a la División Investigación Federal de Fugitivos de la Policía Federal, unidad a cargo del comisario Edgardo Moses, que el sábado pasado con ayuda de la Delegación Posadas, desplegó un grupo reducido de agentes en la capital misionera con el objetivo de capturar al principal acusado del crimen de Bou.

El grupo, según pudo saber este medio, tenía demarcado un radio en Posadas, pero no un punto específico en el que dar con el sospechoso. Fue el calor de Misiones, comentaron los informantes, lo que llevó al prófugo a salir a la calle descubierto. Los tatuajes en zonas visibles de su cuerpo, incluido el nombre de su víctima en el cuello, hicieron que la identificación se hiciera más simple.
Cerca de las 20:10 del sábado pasado, Gallego Sánchez llegó caminando con una gorra negra y remera a la parrilla Homero, ubicada en la avenida Santa Catalina. No tuvo tiempo a resistirse o intentar escapar al verse sorprendido por los agentes que lo interceptaron. No llevaba armas, solamente gran cantidad de dinero y algunos celulares.

Tras su captura intervino el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional de Posadas a cargo de la doctora Verónica Skanata que dispuso que Gallego Sánchez quede detenido por el momento en la Delegación Posadas de la Federal para luego realizar el proceso de extradición a España.
Según pudo saber Infobae, la extradición ahora podría tardar hasta 1 año, a menos que el propio Gallego Sánchez manifieste su intención de ser llevado a su país, lo que abreviaría el proceso a entre 10 y 15 días para que pueda ser juzgado en su país de origen.
El móvil del crimen, a ambos lados del océano, todavía es una incógnita para los investigadores.
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