Robar cajas fuertes con sopletes: la moda mundial de ladrones que llegó a Recoleta

Dos ladrones saquearon dos pisos de un coqueto edificio de Recoleta la semana pasada, el último en una serie de golpes de fuego rápido y con botines jugosos

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Soplete empleado por una banda
Soplete empleado por una banda de chilenos para atracar una sucursal del Banco Piano en 2017.

El domingo pasado, dos ladrones todavía desconocidos entraron por la fuerza a un edificio sobre la avenida Alvear a menos de una cuadra del histórico Palace Hotel, un edificio enteramente compuesto de pisos, sin división de departamentos que prometían buen botín para un escruche -un robo en ausencia de moradores- y para escruchantes de alto nivel.

Los ladrones, entonces, dieron un paseo. Primero el sexto piso, luego el séptimo. Al menos en uno se llevaron joyas y dólares, aproximadamente diez mil. Fueron ágiles: el edificio tenía cámaras, sin embargo se fueron justo a tiempo, mientras un vecino alertaba a uno de los propietarios que pasaba la tarde en un country y luego llamaba al 911.

Un inspector de la Policía de la Ciudad llegó poco después, descubrió que los ladrones habían entrado al séptimo piso tras violentar la puerta de servicio. Había cajas fuertes vacías en el lugar, algunas herramientas, entre ellas, un soplete autógeno de oxígeno acetileno, capaz de perforar acero con un poco de paciencia. Este soplete no es algo caro: un kit completo sin el tanque de gas oscila en ferreterías y comercios desde 3500 a 4000 pesos. Un juego de antiparras es clave para proteger los ojos.

Ataque sopletero a las cajas
Ataque sopletero a las cajas del Banco Piano.

El robo al edificio de la avenida Alvear terminó con una causa en la Fiscalía de Instrucción N°18, pero el soplete es parte de algo mucho mayor.

En abril último, el departamento de policía de North Yorkshire, a unas cinco horas de Londres, advertía a los vecinos que tengan cuidado sobre un nuevo grupo de ladrones que atacaba cerraduras con sopletes: preferían las casas con autos caros estacionados en la puerta. Quemaban la cerradura, ingresaban a la casa, tomaban las llaves y se iban, hubo ocho casos en un mes. En marzo de este año, Christopher Kerrigan, un hombre oriundo de Staten Island, fue condenado a 90 meses de cárcel tras declararse culpable de ingresar junto a otros dos cómplices a bancos en el estado de New York como un HSBC en Brooklyn para llevarse 600 mil dólares en efectivo y más de 4,3 millones de dólares en joyas en diversos ataques con fuego a cajas de depósito.

Esta semana en el País Vasco, un grupo de hombres tomó su propio soplete para intentar ingresar en la caja fuerte de Munoa, una de las joyerías más emblemáticas de Donostia. Un vecino los denunció al ver el humo de la fundición: la Ertzaintza, la policía vasca, entró al lugar para llevárselos. Pocos días antes en Alcoi, Alicante, un grupo de sopleteros entró en la casa de una anciana de 97 años para encerrarla en el baño y llevarse un millón de euros entre joyas y efectivo.

El 25 de septiembre pasado, un grupo de delincuentes entró a la pinturería Salto Grande en Gualeguaychú, Entre Ríos. "Sopletearon una terrible caja fuerte, de unos 100 años, más grande que una heladera, la abrieron y se llevaron todo lo que había adentro, hasta el cambio. Después se fueron por el mismo lugar por el que entraron", aseguró un encargado del lugar al diario El Día: el botín fue de un millón y medio de pesos.

Los ladrones con soplete son una combinación extraña: mezclan datos precisos de buen botín y fuerza bruta. Un investigador veterano dentro de la Policía Federal afirma: "Derretir una caja fuerte es ir de frente. La lanza derrite el material desde la placa hasta el cemento. No es para cualquiera, hace falta ser un profesional para voltear una caja con fuego. Se perfora por alrededor de la manivela, como si sacaras el sistema". Los ataques llameantes son parte de la ley hace ocho años; la 26.637, que establece las medidas de seguridad de entidades bancarias, dictamina que las cajas de seguridad deben ser a prueba "de soplete oxhídrico."

"La banda de chilenos del Banco Piano eran expertos en esto", asegura el investigador policial. En octubre del año pasado, la Policía de la Ciudad capturó en pleno atraco a un grupo de cinco ciudadanos trasandinos que ingresaron a una sucursal del Piano en Rivadavia al 8700. La caja fuerte ya estaba perforada a llama casi en su totalidad. Los ladrones cayeron con todo su kit: soplete con mochila, máscaras protectoras. Ninguno de ellos llevaba más de un mes en el país.