(Nicolás Aboaf)
(Nicolás Aboaf)

Sergio Maldonado era un emprendedor bonaerense anclado en Bariloche, un vendedor de te con una pyme, un hijo de la crisis de 2001 y eso fue su vida hasta que la desaparición de Santiago detonó para siempre la rutina en la montaña. El 1º de agosto del año pasado un llamado le cambió el eje cuando alguien le avisó que su hermano menor no aparecía, tras un corte de ruta del día anterior y un operativo de Gendarmería en tierras habitadas por mapuches.

"El del otro lado no sé qué piensa, que uno tiene una fundación. Pero yo también laburo, tengo que ir, despachar una caja de te, tengo que atender la nieve en mi casa, o si se me tapa una canilla. Y de repente pasa algo con la causa, y muchas veces me entero por los medios, y hay que estar con eso. La vida que teníamos ya no está más, ya no hay tiempo para ver una película o jugar al fútbol. Es una pesadilla", comenta Sergio Maldonado, de 45 años, en relación a su indeseada condición de víctima, o símbolo de la búsqueda de Justicia por la muerte de Santiago. A eso él llama "la lucha diaria".

Desde hace un año Sergio Maldonado, además de fabricar te, habla en foros internacionales de Derechos Humanos, camina del brazo de las Madres o Abuelas de Plaza de Mayo, se reúne con el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. Es un capítulo dramático de su vida que no imaginó cuando en 1999, con su esposa Andrea Antico, empezaron la vida patagónica tirando paños en ferias de artesanos, lo mismo que hacía Santiago hasta que desapareció.

"La pérdida de Santiago nos generó dolor y nos obligó a postergar muchas cosas, nos cambió la vida, no somos más anónimos, los objetivos cambiaron, los intereses previos se perdieron. Y encima tenemos la pérdida económica, no podemos trabajar como lo hacíamos antes. Tenés que convivir con todo eso y con personas diciéndote que uno busca lucrar con la muerte, se hace difícil", dice Sergio, y suena abatido.

Sergio Maldonado, junto a su esposa Andrea Antico y Estela de Carlotto (Martín Rosenzveig)
Sergio Maldonado, junto a su esposa Andrea Antico y Estela de Carlotto (Martín Rosenzveig)

-Se habla de que ustedes mantienen la causa abierta porque reciben un subsidio.

-El subsidio es una estupidez. Nosotros somos socios del sistema de millas de Aerolíneas hace 24 años. Juntamos puntos y viajamos. La fiscalía está en Esquel, el juzgado en Rawson, vamos a Buenos Aires. El otro día un matrimonio grande nos vio en el avión y dijo "y encima viajan en primera". Hay que convivir con esta cosa de las mentiras, porque el mismo que te ataca sabe que es una mentira. No cobramos un subsidio. Estaría bueno aclararlo. Y si cobráramos un subsidio sería porque el Estado acepta que es culpable. Ojalá fuera así porque reconocería algo.

-¿Cree que se va a saber cuáles fueron las circunstancias en las que su hermano murió?

-Pasa el tiempo y nos alejamos de la verdad.

-¿Cuál es su hipótesis sobre lo que ocurrió entre la mañana del 1º de agosto, con el operativo de Gendarmería, y el 17 de octubre, que apareció Santiago muerto?

-Qué pasó no lo sé. Sí sé que el cuerpo ahí no estaba durante los rastrillajes previos del 5 de agosto y del 18 de septiembre, que se hicieron con 400 efectivos. Ellos estuvieron ahí. Al del 18 no nos dejaron entrar y tuvieron maniatados a dos mapuches que estaban en el territorio durante 12 horas. Ni siquiera dejaron entrar a (el Defensor Oficial, Fernando) Machado. Y no encontraron nada. No es un capricho nuestro.

La autopsia determinó que Santiago murió ahogado y con hipotermia, y que no había ni golpes ni signos de arrastre en el cuerpo. ¿Para usted eso cierra el caso?

-La autopsia no dijo nada. No dijo cuándo murió, ni dónde ni cómo.

-La autopsia sí dice que su hermano murió ahogado.

-No niego el ahogamiento, eso dice la causa. ¿Pero inducido por qué? Nadie anda metiéndose en un río porque sí, donde la profundidad del agua es muy baja y se ahoga solo, ni se queda escondido durante 78 días en un lugar a la vista de la orilla. ¿No lo vieron? Es absurdo que un cuerpo haya jugado a la escondida.

Santiago y Sergio Maldonado
Santiago y Sergio Maldonado

-¿La familia tiene la idea de que el cuerpo fue plantado en el lugar que se halló?

-Solo sé que el cuerpo no estaba ahí donde lo encontraron. Qué pasó en esos 78 días que no estuvo, no tengo idea. No puedo decir pasó tal cosa, se lo llevaron, no lo tuvieron, estuvo tantos días vivo, no tengo pruebas ni me lo dicen. Tratamos de desmenuzar la autopsia. Cuando nos aclaren eso podremos tener un panorama.

-La autopsia no fue concluyente con el tiempo que permaneció sumergido. Se plantearon tres opciones.

-Sí, que pudo haber estado en el agua 53 días, 60 o 73. No 78 días. Y no es exacto. Lo que sí sé es que el cuerpo ahí no estaba el 5 de agosto ni el 18 de septiembre.

Esta semana se estrena la película documental "El camino de Santiago", que hizo el cineasta Tristán Bauer. El film plantea desde un punto de vista "militante", entre otras cuestiones, que el Gobierno nacional creó en Maldonado un "enemigo público".

La vida para Sergio Maldonado también cambió respecto del trato de los otros. Considera que el "Gobierno contribuyó a generar odio", pero duda de la hipótesis de Bauer. "No sé si Santiago es un 'enemigo interno' pero sí un chivo expiatorio", reflexiona.

-Santiago hubo muchos, nosotros lo hicimos visible y eso quizá les molestó. No tenemos nada que esconder. Este invento del subsidio, que nos depositan 200 mil por mes. Embarran la cancha porque la mayoría compra sólo los títulos. Estoy asombrado. Hay gente que detesta demasiado a otra clase social o que se pone a favor de un terrateniente como (Luciano) Benetton, que tiene el tamaño de 44 veces la ciudad de Buenos Aires en esa zona, y no cuestiona por qué hay tanta tierra en poder de extranjeros.

(Nicolás Aboaf)
(Nicolás Aboaf)

-El dia que encontraron a su hermano estuvo muchas horas en la orilla viéndolo flotar. ¿Cómo se sobrelleva una situación semejante?

-Estuvimos desde las 12.30 hasta las 21 con el cuerpo ahí. Había un cuerpo en el agua que no sabíamos si era Santiago. Estaba todo tapado con ropas. Ya habíamos pasado por ahí. Verónica Heredia, nuestra abogada, había pasado el jueves anterior al martes 17 y no vio nada. Y el 17 el cuerpo se veía desde la orilla. Ese día cuando entramos nos hicieron ir 1.100 metros río arriba, por un camino, y se empezó a rastrillar y aparece cuando ya nos íbamos, ahí aparece el cuerpo. Es muy sospechoso.

-¿Qué le parece sospechoso?

-Todo lo que te dije recién. Y que justo aparece un 17 de octubre, y previo a las elecciones. La resolución de la identidad del cuerpo fue muy rápida y muy calculada, antes de las elecciones.

-¿Confía en la Justicia para resolver la muerte de su hermano?

-No confío en nadie porque lo que se hizo es para no confiar. El médico de la Federal difundió la foto del cadáver de mi hermano. No puedo confiar en nadie, excepto en mi abogada. Todos directa o indirectamente se mueven sospechosamente, jueces, fiscales. ¿Cómo voy a confiar en un juez (por Guido Otranto) que me interviene el teléfono? ¿Cómo voy a confiar en el juez que tiene que ordenar la destrucción de esas escuchas, Javier Leal de Ibarra, si está en el área de la Corte que se encarga justamente de las escuchas?

-En diciembre el juez Lleral ordenó peritar el DNI de Santiago, para saber si podía permanecer en ese estado tanto tiempo sumergido. ¿Le parece una prueba importante? Ustedes pidieron anular esa pericia.

-No están dadas las condiciones de PH, temperatura, el agua se la llevaron en bidones del río Chubut a Buenos Aires. Las condiciones están modificadas. No respetaron la cadena de custodia. Todo lo que hagan con eso para nosotros no tiene ningún valor.

Santiago, de chiquito, junto a su papá Enrique
Santiago, de chiquito, junto a su papá Enrique

-Según lo que trascendió de las escuchas que ordenó hacerle Otranto, se lo notaba molesto con la comunidad mapuche porque no se presentaban a declarar como testigos de lo que pasó el 1º de agosto. ¿Está enojado con ellos?

-Las escuchas el juez Lleral las dio nulas y las mandó a destruir. Lo que hayan publicado para nosotros es nulo. Cuando hablan del "tono" en que yo le hablo a ellos es porque las escucharon. Alguien las escuchó, alguien las hizo filtrar. Entonces, ¿están guardadas? Yo no pude escucharlas. No creo en nadie. Por eso también pedíamos un grupo de expertos independientes para que asuma la investigación. Pero el juez Guillermo Lleral se negó.

-¿Cómo llevan sus padres esta situación?

-Sus expectativas respecto de la investigación son cero, no tienen expectativas. Ellos tienen un cuerpo donde ir a llevarle una flor dos veces por semana. La desesperación de estar buscando a su hijo durante 81 días (hasta que pudimos comprobar que era Santiago) se terminó y les cierra así. Mi vieja es muy católica y su deseo de justicia va por otro lado. Ella dice que se va a dar, es más creyente. Yo no creo en la justicia divina. A ella le preocupa más nuestro estado, que estamos expuestos y nos atacan, que en la Justicia. Y obviamente están recontra dolidos, nadie está preparado para perder un hijo, es una cuestión natural.

-A veces uno se enoja con sus muertos. ¿A usted le pasó con Santiago?

-En un momento quería enojarme, lo pensé, pero no, al contrario, por ahí me enoja la forma en que le pasa esto. Me enoja no él, sino todo lo que dijeron de él. Yo no hubiese hecho ni loco lo que hizo y él quizá no estaría haciendo lo que hago yo. Por ahí me enojo conmigo por no haberlo disfrutado como hermano menor, porque estábamos en diferentes lugares, cuando yo me fui de casa él era muy chico.

-¿Siente que no tuvo el tiempo suficiente para compartir con él?

-Siento que me lo perdí como hermano y que encontré un hermano, o lo redescubrí, a través de lo que pasó. Ahora, ¿vale la pena ese redescubrir? No. Es lo que nos toca.

-¿Conocía el compromiso solidario de Santiago?

-Sí, pero no con los mapuches, y había cosas que no sabía. Discutíamos mucho. Por diferentes posiciones. Para él yo era un capitalista burgués y yo lo cargaba por los libritos de Severino Di Gioavanni, le cuestionaba sus ideas anarquistas (ríe). Pero él lo sostuvo y vivía de esa manera. Sus 28 años los vivió como los pensó y sintió. Nosotros también somos coherentes. Tratamos de estar atentos a nos desviarnos.

-¿Es un consuelo la coherencia de su hermano?

-Me pregunto si pudiera volver el tiempo atrás, si trataría de interponerme o buscarlo, pero entiendo que si él hubiese regresado vivo de ese corte, volvería a ir a otro. Era así. No se merecía esto, pero era su forma de llevar las cosas, era comprometido. Un amigo tatuador me dijo que él salía para todas las causas justas, no se casaba con algo, había un montón de cosas en las que era solidario. Cuando empezamos a ver todos los murales que hacía vimos que él plasmaba ahí lo mismo por lo que luchaba.

Santiago Maldonado tenía 28 años
Santiago Maldonado tenía 28 años

-¿Le da miedo que pase el tiempo y perder fuerzas para estar encima de la causa?

-Por mis dos hermanos doy la vida. Si hubiese sido egoísta me borraba. Jamás hubiera ido a hablar a Plaza de Mayo, yo soy vergonzoso. Pero con esto dejé mi orgullo en casa y fui para adelante. Es una cuestión de principios y de cuna. Como hermano mayor es mi obligación moral y personal. Es un desafío, entiendo que por ser Santiago anarquista, que no creía en el Estado, entonces podríamos no reclamar. Pero yo no soy anarquista, y más allá de dudar en el Estado, es la única herramienta que tengo, la de hacer justicia. Es lo que voy a hacer.

-¿Hay momentos en los que desea que todo se termine?

-Ya no puedo planificar, aprendí a vivir el día a día. No sé cómo me levanto cada día, mi ánimo cambia, vivo el hoy. En algún momento tendremos que parar y retomar una parte de nuestras vidas porque no se puede vivir así. Estuve 78 días sin dormir, recién pude dormir cuando apareció el cuerpo.

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