
En la tarde del jueves, la subdelegación Pinamar de la Policía Federal detuvo por orden del Juzgado de Garantías de Dolores a cargo de la doctora Laura Inés Elías, tras la instrucción de la UFI N°6 del distrito con la fiscal Verónica Zamboni a dos hombres en un barrio de casas precarias en Villa Gesell, Celso Franco, de 49 años y Rubén Palecchi, de 55.
La acusación en su contra, luego de meses de intervenciones telefónicas, reflejaba la clásica mecánica de cualquier esquema de trata de personas: uno, según las conversaciones grabadas, proveía la cama. El otro, la clientela. Pero esta vez, las víctimas vuelven al hecho algo completamente aberrante: durante al menos seis años, cuatro hermanos de 8, 10, 12 y 16 años respectivamente, dos mujeres y dos varones, fueron explotados sexualmente a manos de Franco y Palecchi entre otros, un caso adelantado por C5N en febrero de este año. La madre de los menores, Carolina Zamudio, no solo sabía de los abusos: según las conclusiones de la Justicia, los permitía junto a su última pareja, Ramón González Báez, quien sería padre biológico de al menos uno de los chicos. Zamudio fue detenida meses atrás; González Báez sigue prófugo.
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Franco fue arrestado en su casa en la intersección del Paseo 130 y la avenida 17 en Villa Gesell, en donde funcionaba una mezcla de kiosko y bar. Según las escuchas del caso, Franco permitía que los cuatro hermanos fuesen explotados en el lugar. La PFA encontró a Palecchi en un taller de arenado a pocas cuadras; las escuchas revelaron que se encargaba de organizar a la clientela y llevarla hasta el kiosko-casa de Franco.
Hay un elemento que vuelve al caso más inquietante: los clientes que vejaban a los cuatro hermanos en la casa del Paseo 130 no solo eran vecinos, sino también policías. Una vecina había denunciado la trama dos veces en noviembre del año pasado; sus denuncias fueron cajoneadas sin ningún tipo de respuesta. Los hermanos hasta llegaron a fugarse de la casa.
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Sin embargo, los abusos continuaron. Solo había una explicación al respecto, tan denigrante como obvia: un jefe policial de la zona estaría involucrado. Ese jefe fue eventualmente identificado tras una investigación de la Superintendencia de Asuntos Internos de la Policía Bonaerense: resultó ser Carlos Fabián Genta, ex jefe de calle de la comisaría de Cariló.
La investigación de la fiscal Zamboni llevó a Genta a la cárcel de Batán en febrero último, donde continúa hasta hoy: llevaba su propio chaleco de policía cuando fue esposado. "Promoción de la prostitución de menores de edad agravada por mediar abuso de autoridad" es la carátula que pesa en su contra. Otros cuatros policías fueron sospechados como sus cómplices.
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