
El sábado 15 de enero de 1944, se produjo en San Juan el lamentable terremoto que provocó la muerte de miles de personas y destruyó gran parte de la ciudad.
El entonces secretario de Trabajo y Previsión, coronel Juan Domingo Perón, fue el funcionario que se puso al frente del auxilio al pueblo sanjuanino. La catástrofe natural le permitió poner en práctica lo que vengo denominando como embrionario “protoperonismo”, esto es, un ensayo concreto de solidaridad comunitaria y de justicia social. Ya para el día siguiente, 16 de enero, había instruido distintos planes tendientes a poner en marcha acciones prácticas para recolectar contribuciones para los damnificados. Uno de ellos, fue la convocatoria de las fuerzas vivas de la comunidad para realizar en el Luna Park, el sábado 22 de enero, un gran “Festival de la Solidaridad”, con el objeto de recaudar fondos.

Convocó entonces a una reunión el martes 18 de enero de 1944, a las 17 horas, a la que concurrieron artistas, gremialistas y empresarios en la calle Perú Nº 160, donde funcionaba la Secretaría de Trabajo y Previsión, en el Hemiciclo, hoy Sala de Representantes de la Legislatura porteña. La presidió él mismo acompañado por Domingo Mercante, el coronel Eduardo J. Ávalos, el capitán de fragata Manuel N. Bianchi y Raúl Alejandro Apold, entre otros. Inició el acto con un discurso cargado de sentimiento patriótico, convocando al concurso de diversas figuras del teatro, el cine y la radio para colaborar en la colecta en favor de los damnificados. Sostuvo que la presencia de los artistas en las calles de la ciudad, acompañados cada uno por un marinero y un soldado: “significaba una hermosa alegoría del arte y los que defienden a la patria por la patria misma”. Luego manifestó el rol central del coronel Mercante en la organización del festival y le cedió la palabra para la explicación de las acciones a desarrollar.
De esa jornada se conserva una fotografía donde Perón está de pie hablando frente al auditorio. En la primera fila aparecen sentados algunos de los artistas convocados: Olinda Bozán, Pierina Dealessi, Eva Duarte, Francisco Álvarez, Oscar Valicelli, Niní Marshall, Leonardo Barujel y Enrique Muiño. De espaldas, está Mirtha Legrand junto a su hermana gemela, Silvia.

Este breve preámbulo tiene como objeto aseverar que aquel 18 de enero de 1944 Perón y Evita se vieron por primera vez, y no el 22 de enero en el Luna Park, como erróneamente se viene sosteniendo en diversos trabajos. La ubicación de Evita en la primera fila del Hemiciclo fue adrede: quería estar visible pues hacía tiempo deseaba conocer personalmente a Perón. Llevaba un vestido estampado y en su cabeza un gran sombrero con vivos negros. Únicamente había conocido con posterioridad a la revolución del 4 de junio de 1943 a uno de los camaradas de Perón, el coronel Aníbal Francisco Imbert, interventor de Correos y Telecomunicaciones, por intermedio del que fuera su secretario privado, amigo de su familia en Junín, Oscar Lorenzo Nicolini. Vale destacar que Evita era en aquel entonces una actriz prestigiosa y reconocida con una férrea militancia gremial como una de las fundadoras de la Asociación Radial Argentina, que luego presidió.
Aquel día, al finalizar el acto, Evita se adelantó y le dirigió la palabra con firmeza y sin titubear. Le dijo: “Organizaremos espectáculos, movilizaré a mis colegas. Mi compañía es una compañía de voluntarios que quiere ser movilizada en esta batalla benéfica”. Perón recordará años más tarde ese primer diálogo: “Hablaba vivamente, tenía ideas claras y precisas, e insistía en que se le asignara una misión”. Ella le habría solicitado: “Una misión cualquiera. Deseo hacer cualquier cosa por esa pobre gente que en ese momento es más desgraciada que yo”. Estas palabras lo conmovieron. Perón vio en Eva Duarte a una mujer indudablemente distinta.

El lluvioso 22 de enero de 1944 se realizó el Festival que dio comienzo a las 16 horas, con una nutrida concurrencia que pagó una entrada a precios populares. Hubo más de doscientos números artísticos de folclore, tango, humorísticos y de diversa índole sobre el escenario. Fue transmitido por todas las emisoras radiales a lo largo de sus más de diez horas de duración. Además, fueron rifados entre los asistentes un caballo criollo de silla y un petiso, donados por el señor Sasanelli. Poco antes del mediodía, un grupo de actrices se reunió en el despacho de la Secretaría de Trabajo y Previsión para recorrer la calle Florida acompañadas por cadetes del Colegio Militar en pos del donativo popular. Al llegar el coronel Perón, los saludó, augurándoles un buen éxito en la tarea que emprendían, desde la Avenida de Mayo hasta Charcas. La calle Florida fue recorrida por Iris Marga, Mecha Ortiz, María Duval, Tita Vidal, Niní Gambier, Azucena Maizani, Elena Lucena, Elba Rosquellas, Alicia Barrié, Silvana Roth, Lidya Lamaison, Amanda Varela, Nury Montsé y Eva Duarte, quienes conduciendo unas urnas solicitaban la colaboración de los transeúntes.
A las 22 horas llegó al Luna Park el presidente de la República, general Pedro Pablo Ramírez, acompañado de su esposa, instalándose en los sillones colocados frente al palco. Junto a él, se ubicaron el vicepresidente Edelmiro Farrell y los ministros de Justicia e Instrucción Pública, Dr. Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast), de Obras Públicas general Juan Pistarini, de Hacienda Dr. César Ameghino, el ministro-secretario de la presidencia coronel Enrique González, el jefe de Policía coronel Emilio Ramírez, el teniente coronel Domingo A. Mercante, el coronel Perón y otros altos jefes del Ejército. Evita se sentó esa noche junto a Perón. Relata Arturo Jauretche, que fue Homero Manzi quien la hizo pasar junto a Rita Molina, que se ubicó al lado de Imbert.
En el cierre del Festival, Perón habló al público cerca de la medianoche. Fue su primer discurso frente a una multitud de más de diez mil personas. La edición del domingo 23 de enero de 1944 del diario La Nación destacó sus palabras: “La tragedia que acaba de vivir el pueblo de San Juan anuda todas las gargantas de nuestro pueblo acongojado por la desgracia de nuestros hermanos. Destaco el espíritu de honda humanidad que inspiró la colecta pública y la entusiasta colaboración de los artistas argentinos en la acción desplegada para reunir fondos”. Perón refirió además a la necesidad de: “Elevar el arte de la patria, la expresión cabal del arte nacional y elevar al artista argentino. La Secretaría de Trabajo presta una gran colaboración a la colecta nacional, que ya alcanza a los veinte millones de pesos, lo que es para mí muy grato confesar que los aportes más decididos corresponden a gente de condición social humilde y que la colecta se estaba efectuando sin la erogación de cantidad alguna para gastos”. Saludó con las manos en alto, destacando la colaboración de los artistas en la colecta y agradeciendo la masiva concurrencia.

El acto culminó a las 2 de la madrugada, cuando una orquesta interpretó la “Marcha fúnebre” de Chopin, prosiguiendo luego el desfile de los numerosos artistas concurrentes. Los artistas pensaron agasajar a Perón, pero él llamó a Homero Manzi y le dijo que cenaría con Evita: “Dígales a los muchachos que me perdonen, pero nos vamos a ir a comer. Que me disculpen, les ahorramos la copa”. Había nacido una de las más grandes historias de amor de la Argentina. En palabras de Perón: “Vi en Eva una mujer excepcional, una auténtica «pasionaria» animada de una voluntad y de una fe que se podía parangonar con la de los primeros cristianos. Eva debía hacer algo más que ayudar a la gente de San Juan; debía trabajar por los desheredados argentinos. Decidí, por lo tanto, que Eva Duarte colaborase en la Secretaría conmigo y abandonase sus actividades teatrales”.
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