
En los últimos años, cada vez más familias argentinas se animaron a cruzar el umbral de los nombres tradicionales para explorar territorios sonoros menos transitados. La decisión de identificar a un hijo con un nombre único y exótico no responde solo a la búsqueda de originalidad. En algunos casos, sintetiza herencias afectivas y culturales, expresa aspiraciones, consolida identidades familiares y; muchas veces, captura el deseo de un destino singular.
También hay un gesto de época: madres y padres que quieren que sus hijos no solo sean encontrados en una multitud, sino que también encuentren en su nombre una brújula íntima.
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Elegir un nombre es, al fin y al cabo, escribir la primera línea de una biografía. Hay fonéticas que remiten a los abuelos, significados que prometen salud o fortaleza, y combinaciones que abrazan tradiciones de los apellidos.

En ese contexto se inscribe la historia de Noelia Kowaluk, una joven de 21 años que, junto con su pareja, decidió llamar Artyom a su primer hijo. Este pequeño, de apenas 1 año y 7 meses, forma parte de la base de datos de los 29.000 nombres inéditos que tiene el Registro Nacional de las Personas (RENAPER).
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La contracara de esa base de datos son los nombres más populares del país, encabezados por Isabella y Benjamín. A lo que se suman algunos datos curiosos: durante 38 años, Juan Carlos fue el nombre más usado. El segundo lugar lo lleva María Belén, con 11 años, que dominó desde 1986 hasta 1997. Mientras que Benjamín, viene siendo el más elegido desde 2009.
Noelia y Matías Ortíz se conocieron a través de una amiga en común, en una de esas reuniones casuales que terminan cambiando una vida. Tras dos años de noviazgo, ya fantaseaban con un futuro juntos, con alquilar un lugar propio y dar el siguiente paso.
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Fue entonces cuando la vida les dio un empujón, antes de mudarse a la casa de la localidad bonaerense de Hurlingham, donde actualmente viven. “Quedé embarazada y se adelantaron los planes”, contó Noelia a Infobae. Lejos de ser un contratiempo, la llegada de su primer hijo fue el catalizador que convirtió un proyecto a futuro en una realidad inminente.
Con la certeza de que esperaban un varón desde los cuatro meses de gestación, comenzó una de las negociaciones más complejas para la pareja: la elección del nombre. Los meses pasaban y el acuerdo parecía una utopía. “Chocábamos bastante”, admitió Noelia.
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Las propuestas iban y venían, pero ninguna lograba el consenso. Su pareja se inclinaba por nombres como Eros e Iván, que a ella no le terminaba de convencer. “A mí me gustaba Benjamín pero él no quería saber nada”, reconoció.

La solución llegó desde el lugar menos esperado: una sugerencia del padre de Noelia. Conociendo el origen de su propio apellido, Kowaluk, que proviene de sus bisabuelos rusos por parte paterna, les lanzó una idea: “¿Por qué no buscan un nombre ruso?”. Esa simple frase abrió una puerta que cambiaría todo. “Nos dio esa sugerencia e inmediatamente buscamos en una página en Internet”, relató.
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En esa búsqueda digital, mientras desfilaban nombres extraños y de difícil pronunciación, uno capturó la atención de ambos de manera instantánea. “Artyom nos encantó a los dos. Y su significado, ‘hombre sano’, lo hizo más especial”, admitió Noelia sobre esa conexión inmediata y poderosa.
Si bien la joven cursó un embarazo sin complicaciones y fue “muy lindo y tranquilo”, les parecía el resultado de una crónica perfecta de los nueve meses de gestación.
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Para completar el conjunto, eligieron un segundo nombre, Bastian, y decidieron inscribirlo con ambos apellidos: Artyom Bastian Kowaluk Ortiz. La decisión de poner primero el apellido materno fue puramente estética.
“Pusimos el apellido primero por el nombre, porque si no, no pegaba mucho”, explicó la joven entre risas, consciente del desafío que le espera a su hijo cuando aprenda a escribir su nombre completo. “Se la dejamos bastante difícil”, bromeó.
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El primogénito de Noelia y Matías nació el 16 de enero de 2024, en el Hospital Materno Infantil de San Isidro. La originalidad del nombre quedó patente desde el primer momento. “En la maternidad y en el Registro Civil se sorprendieron por igual ya que nunca habían escuchado ese nombre”, recordó la joven, quien tuvo que explicar reiteradas veces el significado especial que tuvo para ellos la elección.

La reacción del círculo íntimo también fue, al principio, de extrañeza. “Les costó asimilarlo. Igual no es muy difícil pronunciarlo, pero no entendían o me decían que busque un nombre más fácil, que la gente se iba a confundir”, remarcó. Sin embargo, toda duda se disipó cuando conocieron al pequeño. “Le quedaba perfecto el nombre”, se enorgulleció Noelia, quien asegura que el niño es idéntico al papá.
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El pequeño Artyom es un niño de contrastes. “Es muy tranquilo”, asegura su madre, pero a la vez “tiene mucho carácter”, un rasgo que, según ella, heredó de su lado de la familia. “Vos le das un beso y si no quiere, no quiere”, lo describió.

Su desarrollo motriz también tuvo sus propios tiempos: “Fue un caminador tardío. Dio sus primeros pasos hace apenas unas semanas”. Sin embargo, su desarrollo verbal es asombroso: “Se habla todo. Cuenta del uno al diez. Tengo videos de él contando, es impresionante. Dice las vocales con un año y medio de edad. Es muy inteligente”, dijo Noelia.
Según su mamá, este avance cognitivo podría estar relacionado con una decisión consciente de crianza: Artyom crece sin pantallas. “Como estoy con él todo el día, jugamos. No ve pantallas, nada”, explicó. Noelia no juzga a quienes recurren a la tecnología, pero mientras ella pueda ofrecerle una estimulación diferente, prefiere hacerlo “a la vieja usanza”.
El futuro de la familia, sin embargo, tiene un debate abierto. A Noelia le “encantaría tener una nena”, pero su pareja ya tiene decidido hacerse una vasectomía. “No quiere saber nada con otro hijo. Para él, uno ya es suficiente”, señaló.
Mientras tanto, ella colabora con la economía hogareña vendiendo productos de blanquería y sueña con retomar sus estudios de secretariado administrativo en la Universidad Nacional de La Matanza (UNLAM), que tuvo que pausar en el octavo mes de embarazo.
Quizás la paradoja más fascinante en la historia de Noelia y su hijo reside en el punto de partida y el de llegada. Su primera inclinación, Benjamín, es hoy el nombre más elegido por los padres en Argentina; un nombre tan popular y familiar que representa la seguridad de una elección compartida por miles.

Sin embargo, el destino y una conversación familiar la llevaron al extremo opuesto del espectro: a Artyom, un nombre tan inédito que terminó engrosando la base del RENAPER.
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