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Diez años de carrera y mil obstáculos: la gesta del primer ingeniero ciego egresado de la Universidad Tecnológica de Santa Fe

Con perseverancia y el apoyo de su familia, amigos y docentes, Bruno Rodríguez acaba de recibirse de ingeniero en Sistemas. Perdió la vista cuando tenía 2 años, pero nunca las ganas de aprender

Bruno Rodríguez
Bruno se convirtió en el primer ingeniero ciego graduado en la UTN
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Todavía está procesando lo que logró. Hace menos de 24 horas, Bruno Rodríguez presentó su proyecto final y se recibió de ingeniero en Sistemas de Información en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), en Santa Fe. Fueron diez años de carrera, de estudio, de trabajo, pandemia, frustraciones, avances, apoyos y una fuerza de voluntad que no conoce limites. “Se hizo largo, pero después de tanto tiempo, lo logré”, dice orgulloso porque solo él sabe cuánto le costó.

Desde el primer momento supo que no sería fácil. No solo porque eligió una carrera exigente, sino porque Bruno es ciego desde pequeño. Aunque eso no fue un límite, sí fue un desafío diario, tanto en lo académico como en lo cotidiano. Pero allí estuvo la red que lo acompañó: su familia, sus profesores, sus compañeros y una comunidad que entendió que la verdadera inclusión se construye con tiempo, compromiso y ganas.

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Bruno ya está trabajando como desarrollador en una empresa local, y fue justamente uno de esos proyectos laborales el que presentó como trabajo final de carrera. Así cerró su paso por la universidad con una propuesta concreta, en plena articulación con su presente profesional.

Bruno Rodríguez
Bruno rindió este miércoles el trabajo final de la carrera y se graduó como ingeniero

Aprender a aprender: del braille a la programación

Bruno perdió la vista cuando tenía dos años, por un retinoblastoma, un cáncer en las retinas. Primero fue un ojo; luego, el otro. Pese a eso, se adaptó hasta en lo deportivo: hizo atletismo, natación, ajedrez y fútbol.

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En lo académico, transitó su educación entre escuelas convencionales y adaptadas. Aprendió braille, y más adelante, con la ayuda de una computadora y un lector de pantalla, empezó a abrirse a nuevas herramientas, eso le dio una independencia necesaria en su vida.

Mientras cursaba la secundaria, la tecnología apareció como recurso y vocación. “Me daba mucha curiosidad saber cómo se hacía un sistema. En ese entonces no entendía que las aplicaciones se programaban. Y cuando me enteré, me voló la cabeza. Fui a una expo de carreras y me acerqué al stand de la UTN, y allí, el secretario académico me dijo: ‘¡Mirá que acá los cursillos son de Física y Matemática, y no sé vos si viste eso en el secundario’. Pero igual probé. Me costó mucho al principio, no voy a mentir. Pero con la paciencia de los profesores y de mucha gente que me ayudó, pude entrar a cursa la carrera”, cuenta sobre el desafío que inició en el años 2016.

Aunque cada materia de la cursada le representó una exigencia, también encontró una enorme apertura para adaptar los contenidos y ayudarlos. Incluso, en materias como Dibujo Técnico, por ejemplo, los profesores armaron figuras de madera en 3D para explicarme las distintas vistas para que yo pudiera entender... ¡Se tomaron el tiempo para enseñarme lo mismo que a todos, pero desde otro lugar! ¡Unos cracks!”, los elogia y agradece.

Cuando todo parecía encaminarse en su vida universitaria, en 2020 llegó la pandemia, un momento crítico para sus estudios —además de lo que socialmente significó— .

“Nunca había usado videollamadas, no sabía cómo manejarme con ellas, no las conocía, y todo pasó a ser virtual... Y antes era tan distinto: te juntabas con un profe en la facu y te daba clases extra, si era necesario, pero en la virtualidad todo eso se perdió. Hubo días en los que cerraba la computadora y pensaba: ‘Pucha, esto es demasiado’... Y, no te miento, pensé más de una vez en dejar... Pero mis amigos me ayudaron. Me dijeron: ‘Sumate a Discord, que usamos para jugar, y te ayudamos desde ahí’. Y gracias a ellos no dejé”, cuenta sobre cuando comenzó a estudiar usando esa plataforma gratuita de comunicación que permite a los usuarios enviar mensajes de texto, voz y video, además de compartir pantalla.

Bruno Rodríguez
Felicidad compartida junto a su familia (UTN)

El equipo que siempre estuvo

Cada paso que dio Bruno en la universidad lo dio acompañado. Su familia fue un pilar. Su mamá, su hermano, sus tíos, todos estuvieron atentos a lo que necesitara para darle ambas manos. “Nunca me dijeron: ‘¿dónde te estás metiendo?’, por querer cursar esa carrera. Al contrario, siempre fue: ‘Dale para adelante’. Es más, mi hermano me ayudó a armar las presentaciones del proyecto final. Yo ponía el contenido, él se encargaba de que las imágenes quedaran bien, que los colores cerraran. Y estuvo muy bien porque los profesores me dijeron que estaba todo perfecto”, dice orgulloso y consciente de que con su graduación, toda la red que lo contuvo también había triunfado.

Quienes también lo acompañaron fueron sus compañeros de cursada, que lo ayudaron con los apuntes y fueron a darle apoyo éste miércoles, cuando a las 18:30 defendió su trabajo final. Ese apoyo también se lo brindaron sus amigos de Los Búhos, el equipo de fútbol para ciegos de Santa Fe, donde además de jugar, participa de la comisión directiva. “Fueron todos, me esperaron y al salir, me abrazaron... y también me arruinaron”, se ríe. “Me tiraron de todo y después, ¡me pelaron con dos maquinitas! ¡No hubo piedad para el ciego! —bromea—. Pero fue hermoso, una fiesta y así lo viví”, detalla el momento que no olvidará jamás.

Ese orgullo compartido entre quienes más quiere es lo que más valora. “Uno estudia solo, sí. Pero no llega solo. Hay mucha gente que te banca, que te anima cuando estás por bajar los brazos. Y eso vale tanto como el título”, dice emocionado.

Bruno también contó con un apoyo invisible para otros, pero fundamental: la universidad diseñó un acompañamiento integral para garantizar su inclusión real. “Se planteó un trabajo fuerte con tutores para que pudiera adaptarse a la vida universitaria”, explicó Román Llorens, el ingeniero que estuvo a cargo de accesibilidad. Se organizaron encuentros entre docentes de la secundaria y los profesores del primer año para abordar los primeros contenidos, y a lo largo de toda la cursada, el plantel docente se fue adaptando con creatividad y compromiso. Desde un pizarrón magnético con hilos para enseñar funciones —desarrollado por la profesora Valeria Bertossi— hasta maquetas con cola vinílica para representar diagramas, cada obstáculo fue una oportunidad para innovar.

Incluso se creó un software especial, el “BruniFIER”, que permitió adaptar herramientas de programación originalmente visuales para que pudiera usarlas con su lector de pantalla. “Nunca me encontré con un ‘no te podemos enseñar’. Todo lo contrario: siempre buscaron la forma, otra app, otro apunte. Siempre hubo predisposición”, cuenta Bruno. Su paso por la facultad no solo fue un aprendizaje personal: también provocó una transformación institucional.

Bruno Rodríguez
Recién recibido, Bruno cumplió el ritual estudiantil al terminar su carera

Un futuro con nombre propio

Ahora que ya es ingeniero, Bruno quiere seguir estudiando y capacitándose. Sabe todo el potencial que tiene para lograrlo. “No me quiero quedar como programador junior. Me interesa la infraestructura, el desarrollo en la nube, el área de DevOps. Hay mucho por aprender, cursos, certificaciones. Y quiero ver qué de todo eso me llama para especializarme. La idea es seguir creciendo como profesional”, subraya.

Pero antes de eso, se permite algo de celebración. De abrazar la alegría inmensa que implica cerrar una etapa tan importante. “Fueron diez años. Pero cada uno de esos años me enseñó algo, no solo de lo académico, sino de convivir con otros, de manejarme en el sistema universitario, de confiar en mí mismo. Y hoy lo miro para atrás y digo: valió la pena”.

Bruno no se asume como ejemplo, pero sí quiere dejar un mensaje claro: “Si alguien tiene ganas de hacer esta carrera o cualquier otra, que sepa que se puede. Siempre que haya ganas de aprender y predisposición del otro lado, se puede. Y ojalá haya muchas más personas dispuestas a incluir de verdad. Porque cuando eso pasa, las cosas suceden”, finaliza.

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