En lo profundo del noroeste argentino, rodeada de montañas áridas, cardones altivos y cielos despejados que parecen eternos, existe una ciudad que lleva un nombre capaz de confundir al más despistado. Se llama Londres, pero no tiene niebla ni buses de dos pisos, ni guarda relación alguna con la capital del Reino Unido. Esta Londres está en Catamarca, es cálida y polvorienta, y su identidad está tejida con historia, tradición e impronta criolla.
Hasta allí llegó, casi de casualidad, Rodrigo Ortega, un porteño de 33 años. Ortega ya había estado en la capital del Reino Unido, pero su afición por correr maratones lo llevó a inscribirse en una que se realizó en esa provincia norteña.
Hace ocho años, Rodrigo incorporó el running a su rutina y no dejó de sumar kilómetros desde entonces. Comenzó con carreras urbanas cortas -de 10 kilómetros o medias maratones- y con el tiempo empezó a viajar para correr el interior del país e incluso en el exterior. “Estuve en la maratón de Londres, Berlín, Chicago, Nueva York, también en Italia, Croacia, París y Escocia”, contó a Infobae.

El gusto por combinar running y viajes se intensificó después de la pandemia. En 2021 decidió trazarse una meta concreta: recorrer las 23 provincias participando en al menos una carrera en cada una. “Mi objetivo era traerme una medalla de cada una de ellas”, explicó.
El proyecto se convirtió en un registro minucioso. Rodrigo planificó cada desplazamiento en función de las fechas y ubicaciones de los eventos deportivos. Esta iniciativa la lleva documentada en sus redes sociales, donde comparte videos de sus recorridos. “Aparte de correr, me gusta contar y mostrar lo que veo”, señaló. Así, el running dejó de ser solo una actividad física para convertirse también en una forma de explorar y narrar el país.
En Catamarca, una de las provincias que le faltaban, participó de una carrera de montaña en la localidad de Pozo de Piedra, en el departamento Belén. Para llegar, voló a La Rioja y desde allí alquiló un auto. “Manejé unas cinco horas hasta Belén, parando en los lugares que me encontraba en el camino, como Fiambalá, Tinogasta y Anillaco”, recordó.

Rodrigo descubrió la Londres catamarqueña cuando se puso a investigar qué lugares visitar durante su estadía en Belén. “Cuando vi en el mapa que había una localidad cercana que se llamaba igual que la ciudad inglesa, me llamó la atención y fui a conocerla”, contó.
Con apenas unas pocas calles, casas de adobe y una plaza que reúne a los vecinos en las tardes apacibles, Londres parece detenida en el tiempo. Sin embargo, es una ciudad viva, con 467 años de historia a cuestas, lo que la convierte en la segunda más antigua de Argentina.
Fundada en 1558, mucho antes de que existieran muchas de las metrópolis actuales del país, esta Londres cambió de sitio, de nombre y de jurisdicción varias veces a lo largo de los siglos, pero siempre resurgió, como si el destino insistiera en conservarla.

“Investigué que originalmente se llamaba Londres de la Nueva Inglaterra y que fue un asentamiento español de defensa durante las guerras calchaquíes. Actualmente, se encuentra al pie de las Sierras de Shincal; pero fue cambiando de lugar varias veces a causa de los enfrentamientos con los pueblos originarios”, precisó Rodrigo, quien estuvo un par de horas recorriendo el pueblo.
“Era temprano y no había mucha gente en la calle. Me llamó la atención la tranquilidad del lugar y la municipalidad, que funciona también como espacio de promoción de la producción artesanal”, relató. En ese edificio encontró exhibidos productos locales como tejidos, mermeladas, adornos y joyas, todos con los nombres de sus creadores.
“Hoy en día podemos encontrar en Londres construcciones antiguas, paisajes hermosos entre sus cerros y montañas, museos que resguardan la historia, costumbres y arte del pueblo y todo el noroeste argentino”, describió.

L Londres catamarqueña no está hecha de piedra gris ni de castillos góticos. Aquí reinan el adobe, la tierra rojiza y los paisajes que cortan el aliento.
Ubicado a 279 kilómetros de San Fernando del Valle de Catamarca, es un pueblo atravesado por la Ruta Nacional 40 que se levanta cerca del turístico kilómetro 4.040.
Quienes llegan hasta aquí, muchas veces como parte de un viaje mayor por los Valles Calchaquíes o rumbo a Belén, se encuentran con un lugar que sorprende por su nombre, pero enamora por sus historias. Porque esta Londres no es solo un punto en el mapa ni una rareza toponímica: es un testimonio de la persistencia de los pueblos, un rincón que invita a ser recorrido a pie, con tiempo, y donde cada piedra parece guardar un relato.

“Otras de sus atracciones son el Festival Provincial de la Nuez, la Ruta del Telar y la Reserva Arqueológica Shincal, zona que llegó a ser habitada por los incas entre el 1471 y 1536”, recomendó Rodrigo.
Así como su llegada a la “Londres Argentina” fue por una maratón, su visita a la ciudad inglesa fue por el mismo motivo. Estuvo en la edición número 45, que se celebró en 2025 y que, según los organizadores, batió el récord Guinness de participantes: “Había 56.640 personas y yo fui una de ellas. Incluso, me mandaron un enlace por mail para que comprara por 20 dólares el certificado del récord, pero todavía no lo hice”, admitió.

Comparar esa ciudad con la Londres catamarqueña resulta inevitable. Una es una metrópolis de más de ocho millones de habitantes; la otra, un pueblo de calles silenciosas y arquitectura colonial. “Si tuviera que explicarle a un inglés qué es nuestra Londres, le diría que es un rincón escondido del norte argentino, con una identidad muy fuerte ligada a sus raíces prehispánicas y su tradición artesanal”, dijo Rodrigo.
Durante su travesía por el país y por el mundo, Rodrigo no solo acumuló medallas: también sumó conocimiento. Y en Argentina, principalmente, descubrió circuitos turísticos que no suelen formar parte de los recorridos tradicionales.

Para él, correr no es solo una actividad física. Es también una forma de cartografiar el país desde otro ángulo. Y en ese recorrido, encontró -sin buscarlo- “una Londres que no aparece en las guías de Europa, pero que guarda una historia propia y silenciosa en el corazón del noroeste argentino”.
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