Paloma, Josué y el barrio que los veía caminar de la mano: los rincones donde se encontraban y lo que sus familias ignoraban

Los adolescentes, que fueron asesinados en un descampado de Florencio Varela, eran queridos y conocidos por los vecinos. Una recorrida por los lugares que frecuentaban y los testimonios de quienes los conocieron

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Caso de Paloma y Josué
Paloma Gallardo y Josué Salvatierra vivían sobre la calle Calingasta, a media cuadra de distancia (Foto/Gastón Taylor)

Sobre Calingasta al 1100, en la intersección con la calle Ángel Cabrera, vive la familia de Josué Salvatierra, el adolescente de 14 años que fue asesinado junto a su novia Paloma Gallardo, de 16, en un descampado de Florencio Varela, cercano al puente de Bosques. La fachada de la casa, ubicada sobre una calle de tierra, tiene ladrillos a la vista y está rodeada por rejas, alambre y una chapa. Son cerca de las 10 de la mañana del martes 4 de febrero y de la puerta, cerrada, cuelga una cortina blanca. Hacia el fondo, se divisa una pileta de lona y algunas gallinas inquietas. No hay timbre, pero algunos aplausos son suficientes para que se acerque un perro a ladrar. Segundos después, José Adrián Salvatierra (26), el hermano mayor de Josué, aparece. “Disculpá, pero no quiero hablar”, le dice a Infobae.

Horas antes, durante la tarde del lunes, los Salvatierra habían despedido los restos de Josué con flores y globos de River Plate, el club del que era hincha. Para evitar a los medios, explica ahora José, sus padres se fueron a lo de sus tíos y él quedó en la casa con un primo. “No hay palabras para describir lo que sentimos. Ojalá encuentren a los responsables. Mi hermano era un pibe bueno y educado, como nos crio mi papá. Tenía un montón de amigos. Sé que Paloma era una de ellas, que se hablaban, pero yo no la conocía”, resume y pide terminar la conversación.

Caso de Paloma y Josué
José Adrián Salvatierra, hermano de Josué, recibió a personal de la Guardia Comunal (Foto/Gastón Taylor)

A solo media cuadra de distancia, en Calingasta al 900, vive la familia de Paloma Gallardo. Desde el domingo el ingreso a la casa está vallado. A excepción de algunas cámaras de televisión y algunos vecinos que van y vienen, no hay movimientos en el lugar.

Yo los veía de la mano a cada rato. Ella iba hasta la casa de él todos los días. Después caminaban a la plaza”, cuenta Tomás (17), vecino de Paloma. Maldonado, un hombre de 70 años que vive en el barrio desde hace 30, también recuerda a los adolescentes. Trabajó toda su vida como sereno de obra y, tras jubilarse, abrió un almacén en la entrada de su casa. Ahí, cuenta, fotocopiaron los carteles con las caras de Paloma y Josué con los que empapelaron el barrio durante los días que los creyeron desaparecidos. “A Josué lo vi crecer desde que estaba en la panza de su mamá. Era un pibe muy querido. Acá venía a comprar pan y fiambre todos los días. Un chico educado, estudioso, siempre con una sonrisa”, dice.

Los padres de Josué lo acompañaban de cerca. “No era un pibe de la calle. Su papá, en algún momento, tuvo una changa de cartonero, pero no se dedica a eso actualmente”, insiste Maldonado.

Caso de Paloma y Josué
El almacén de Maldonado, donde Josué iba a comprar pan y fiambre (Foto/Gastón Taylor)

Una vecina que vive justo frente a los Salvatierra también destaca la humildad de la familia y algunos rasgos del joven. “Josué era chico tranquilo. A veces lo cruzaba cuando iba o volvía de la escuela. Otras lo veía jugando a la pelota acá en la esquina. Mi marido hablaba más con él porque le dábamos verduras para las gallinas”, cuenta y hace memoria acerca de cómo arrancó todo. “Cuando se conocieron las primeras noticias de su desaparición, creímos que se trataba de una travesura. Pero al día siguiente, al ver que no había rastros de ellos, empezamos a preocuparnos. Nos pareció raro porque Josué no salía a ningún lado”, explica la mujer y dice que espera que encuentren a los responsables. En la puerta de su domicilio, un cartel con las caras de Paloma y Josué pide “Justicia”.

Caso de Paloma y Josué
El barrio pide "Justicia" por el crimen de los adolescentes (Foto/Gastón Taylor)

Gustavo y Ruth viven a la vuelta de la casa de los Salvatierra. “Estamos tristes. Hoy más que nunca hay que cuidar a los chicos como oro”, dice la mujer mientras toma un mate en la vereda de su casa. De los ocho hijos del matrimonio, dos conocían a Paloma y a Josué. “Estuvimos juntos en el Programa Envión (NdR.: una iniciativa orientada a generar redes socio-comunitarias para mejorar las condiciones de vida de las juventudes). Era un pibe calladito. Siempre se sentaba en un rincón con el celular”, cuenta Emiliano (20). Milagros (16), en tanto, recuerda que cuando era más chica iba a la misma iglesia que Paloma. “No éramos amigas, pero la conocía”, agrega.

Caso de Paloma y Josué
Emiliano y Milagros, a la izquierda, conocían a Paloma y Josué (Foto/Gastón Taylor)

Paloma y Josué eran alumnos de 5° y 2° año de la Escuela Secundaria N° 63 de Bosques. Primero fueron amigos y, hace unos meses, habían empezado una relación amorosa.

El jueves pasado, los dos les dijeron a sus padres que iban al gimnasio, aunque en realidad fue una excusa para verse a solas. En ese contexto, ambos caminaron hasta un descampado cercano a sus casas, que quedaba a unas quince cuadras del lugar donde iban a hacer ejercicio, para pasar el rato juntos. No volvieron a verlos con vida.

La investigación, a cargo del fiscal Hernán Bustos Rivas, titular de la UFI N° 5 de Florencio Varela, señala que fueron atacados para robarles lo poco que tenían. El resultado preliminar de las autopsias determinó que Paloma falleció por una “lesión cerebral con fractura de cráneo” y “traumatismo encefalocraneal grave”. Josué también tenía una fractura en el cráneo y traumatismo encefalocraneal grave que derivó en una hemorragia cerebral.

Caso de Paloma y Josué
Mientras estuvieron desaparecidos, los vecinos empapelaron el barrio con fotos y datos de los jóvenes (Foto/Gastón Taylor)

Lorena Hipelmaier es la dueña de Nata Gym, el gimnasio donde iban Paloma y Josué, ubicado a solo ocho cuadras de sus domicilios, en la equina de San Antonio y Marcos Paz, frente a la plaza donde también solían pasear. Según cuenta la mujer, la pareja se inscribió el 13 de enero pasado. Desde entonces, iban de lunes a viernes de 19.30 a 20.30. “No faltaban nunca. Hacían bicicleta, algo de brazos y espalda; pero, en realidad, entrenaban poco porque se la pasaban besándose”, dice a Infobae.

La familia de Josué sabía que, cuando iba al gimnasio, él debía volver antes de las 21. Por eso, cuando el 30 de enero no regresó, fueron a buscarlo. “Llegaron a eso de las 20.45 y me preguntaron por ellos. ‘No vinieron’, les dije y les mostré los videos de las cámaras que tengo acá”, relata Hipelmaier. Preocupada, al día siguiente, la mujer llamó a la familia Gallardo: “Me acuerdo de que su mamá se refería a Josué como un ‘amigo’ de su hija. Le dije: ‘No eran amigos. Él la inscribió como su novia’. Todos estaban al tanto de eso”, explica.

“La verdad es que todo esto me afectó un montón porque hubo varios padres que decidieron sacar a sus hijos del gimnasio, como si nosotros tuviéramos la culpa de algo. Este es un lugar superfamiliar, acá nos conocemos todos”, lamenta Lorena.

Caso de Paloma y Josué
Nata Gym, donde entrenaban Paloma y Josué, queda a ocho cuadras de sus casas y a unas quince del descampado donde los encontraron sin vida (Foto/Gastón Taylor)

El crimen de los adolescentes conmocionó a los vecinos. Tres días después de su desaparición, sus cuerpos fueron encontrados en un descampado en Bosques, en el camino que hacían al gimnasio. Las pericias confirmaron que fueron asesinados a golpes, pero aún no se identificó a los responsables. El lunes por la noche, familiares y allegados marcharon para exigir justicia: cortaron la ruta 36 y se movilizaron a la comisaría 4ª del distrito.

A 72 horas del hallazgo, hoy desde las 18, la familia Gallardo se prepara para despedir los restos de Paloma. En la calle Canalejas, el viento levanta polvo con fuerza. La luz de la casa de la adolescente sigue encendida, como si la noche no hubiera terminado. El barrio, ahora en silencio, sigue esperando respuestas.

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