
Poco antes de las 13 del caluroso 30 de diciembre de 2004, Paula Brindisi llegó al centro porteño para dejar sus huellas marcadas sobre la Avenida 9 de Julio. La modelo y productora fotográfica, capturó la atención de cientos de personas cuando, montada sobre sus tacos altos cruzó el corazón del centro de Buenos Aires desnuda.
Sí. Vestía solamente su propia piel y así cruzó la avenida. Paula había planeado la performance como parte de un proyecto artístico llamado “urbanudismo” que, rápidamente, se convirtió en un tema de debate que trascendió los límites del arte para instalarse en la conversación pública.
Por estos días se cumplieron 20 años de ese momento. Y Paula accedió a charlar con Infobae para revivir si caminata desnuda por el asfalto porteño. “No cambiaría nada de esa performance. ¡Fue impecable!”, arranca Brindisi.

Segura, como siempre. Orgullosa de lo que defiende como una “manifestación de arte”, agrega: “Vivo investigando todo lo que es diferente a la costumbre y a la estructura sociocultural de cada país”. Al mismo tiempo define de qué se trata el UrbaNudismo. “Sobre todas las cosas, es un proyecto fotográfico que busca abarcar la más amplia variedad de cuestionamientos que alguien pueda hacerse tanto con uno mismo como con los demás”.
En aquella tarde de 30 grados de temperatura, Paula logró lo que bien podría calificarse como una especie de récord Guinness de reacciones y de tomas fotográficas como de gestos y microgestos humanos mientras la miraban.
Tras ese recuerdo, en tiempo presente, reflexiona: “Creo que el tiempo es lo único que realmente tenemos como valor verdadero. El resto es pantomima. Tantas personas ocupadas en el otro, en destruir al otro, en hacerlo enemigo... No lo entiendo. Se pierde el tiempo y busca la perfección del ‘ser interior’ en resultados tan superficiales como, actualmente, la Inteligencia Artificial que en defintiva es la tan deseada vida eterna que reemplaza al humano hasta en lo sexual. Yo, a pesar de todo, me ocupo de mi diversión basada en proveer también diversión a los demás a través de mis juegos didácticos”.

Sin prejuicios
Paula comenzó su vida de modelo en las fiestas itinerantes del Condon Clú, en la década del 90. “Yo vengo del rock and roll. Desde los 12 años fui al Condon. Se llamaba así porque las que trabajábamos como performers dábamos preservativos en la entrada. Cada viernes se hacían fiestas en distintos clubes y se entregaban folletos en el que figuraba de dónde se haría la próxima fiesta. Ahí tocaban las bandas más importantes de Argentina”, revive.
En esos clubes, conoció a muchos miembros del ambiente artístico de finales de la década del 90 e inicios del nuevo siglo.
“Fui pareja libre, por así decirlo, de Gabriel Ruiz Díaz, bajista de Catupecu Machu, hasta que se accidentó y estuvo grave. Ese fue el peor suceso que viví. Lo vi accidentado y durante todos esos años lo visité las veces que pude. En el primer tiempo, iba a verlo estando embarazada, luego le daba a mi beba (tengo una hija de 17 años). Se la ponía en sus brazos, pero nunca reaccionó. Lo tengo tatuado en mi muñeca, me hice el tatuaje apenas pasó”, revela sobre el vínculo con el músico que tras un choque sufrió lesiones múltiples, las que incluyeron un traumatismo craneoencefálico grave. Murió en 2021.
En esos años, Paula trabajaba en los boliches de moda. “Me llevaba un remís y trabajaba en los dos lugares totalmente opuestos: uno era rock y otro, electrónico. Después empecé a trabajar en Club 69 y en Niceto. Luego de eso, filmé mi vida privada durante un año. Fui el primer reality de Argentina. Más tarde me mudé a Barcelona y inventé esto del urbanudismo. Caminé, digamos, desnuda por un montón de lugares. Las fotos que hice son recontra provocadoras, de risa, de todo lo que te puedas imaginar”, destaca.

Esas fotos pasan por cuestiones que tienen que ver con la religión hasta con la cultura en general. “Tienen que ver con el prejuicio, la libertad, el humor. Y hay videos buenísimos de las intervenciones: vamos en cana, no vamos en cana, las puteadas, las viejas, los jóvenes, etcétera... ¡Es impresionante lo que se genera!”, describe el andamiaje de vivencias por medio de la performance.
Hoy, Paula cuestiona las reacciones de las personas frente al desnudo y asegura que no es nudista sino que realizó intervenciones para demostrar, justamente, los problemas frente a los cuerpos desnudos, los propios y los ajenos.
“No me considero menos ni superior al resto. Soy una mujer súper pensante, ultra mental, de hecho, hago cuentas todo el día, y trabajando haciendo negocios. Me encanta lo que hago, me apasiona, amo mis juegos didácticos pensado para desafiar mentes. Yo armo cada producto, lo armo en una caja transparente, todo tiene su formita, se van armando con imanes, con encastre, con plástico o con goma. Todavía madera no trabajó”, detalla.

Tras contar cómo son los juegos con los que trabaja, y que distribuye en escuelas estatales, se lamenta: “Para mí es una pena que mi hijo de 11 años no esté compartiendo semejante cosa conmigo. Vivo en una casa hermosa con mis tres gatos, que son mamá, papá e hija. Estoy a una cuadra del río, este es el lugar donde siempre quise estar. Nadie me hace de banca, económicamente, todo lo hago yo. Y a pesar de eso, tengo que vivir con este silencio de la Justicia ante comportamientos insanos de una madre perturbada y turbia, porque pasó por sobre los derechos del niño, que son los derechos más importantes que hay en este mundo y más respetados, salvo en mi caso. Mi mamá tiene la tenencia especial de mi hijo desde que tiene 3 años, y desde hace 8 no me deja verlo. Esa es la actitud de mi madre, que no me defiende, ni me cuida y, mucho menos, cuida a mi hijo”.
El niño quedó con la madre cuando, Paula asumió problemas en su vida y buscó solucionarlos. En ese momento, le pidió colaboración a la mujer, hoy de 66 años, para que la ayudara con el niño mientras ella se ocupaba de su salud, pero ésta le niega todo tipo de contacto, pese a que la Justicia ya avaló que se vincule con su hijo. Pide no ahondar más en el tema, porque le duele, y recordar el evento que la llevó a la fama nacional.

Aquel 30 de diciembre
El 30 de diciembre de 2004, Paula quiso exponer la hipocresía del ser humano, según lo describe. “Esto que hice no me parece un hecho pasajero. Hoy me llama la atención lo simbólico de lo que hice en la 9 de Julio. Imaginate lo que significó que hasta hoy sigo pagando consecuencia de eso, además de reconocimiento. A mucha gente le gusta el no prejuicio, el sentirse cómodos consigo mismos. Y hay gente que me agradece por esto que hice y por el concepto que expreso”, asevera.
El que dejó huellas fue un evento sin precedentes hasta ese día y por eso fue ampliamente cubierto por todos los medios de comunicación. Pero, además, generó un intenso debate público sobre los límites entre el arte, la expresión personal y las normas sociales.
Por esos días, mientras algunos defendieron la acción de Paula y la vieron como una manifestación artística que cuestiona la hipocresía social respecto al cuerpo humano, otros lo consideraron una provocación innecesaria en un espacio público.

Esa intervención parte de un proyecto más amplio, “Urbanudismo”, mediante el cual busca documentar la interacción entre la desnudez y el entorno urbano. Este concepto no solo incluye fotografías y videos, sino también performances en vivo en las que la desnudez es presentada como un estado natural, ajeno a las connotaciones sexuales que muchas veces se le atribuyen en contextos sociales tradicionales.
Además del cruce de la Avenida 9 de Julio, Brindisi realizó otras intervenciones similares, como el recorrido sin ropa por el barrio de Boedo en 2015, junto a la modelo Titania Tagliani. Estas acciones la consolidaron como una figura controvertida dentro del arte performático en Argentina.
“Hoy veo que la sociedad misma que me juzga al punto de que hasta mi madre no me deja ver a mi hijo. Más allá de que no quiero hablar de éste tema, puntualmente, porque es mi privacidad y un tema delicado, pero entiendo que sigo pagando las consecuencias de esa expresión”, finaliza.
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