
A las 10:14 de la mañana del jueves 12 de noviembre, la Cancillería anunció el nombre del nuevo embajador argentino en los Estados Unidos, en reemplazo de Gerardo Werthein, quien quedó a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores luego de la salida abrupta de Diana Mondino. “El Gobierno de la República Argentina tiene el honor de anunciar que el señor Alejandro Carlos Francisco Oxenford será designado como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante los Estados Unidos de América. Su experiencia y compromiso fortalecerán las relaciones bilaterales y promoverán una cooperación fructífera entre ambas naciones”, especifica la presentación de la cartera del gobierno nacional.
Alejandro Carlos Francisco Oxenford pasa del Consejo de Asesores Económicos de Javier Milei a la oficina en Washington. Fue reconocido por el Foro Económico Mundial y galardonado como Joven Líder Mundial. Era emprendedor “unicornio”, fundador de empresas de innovación como DeRemate, OLX y Letgo, inversionista en tecnología, presidente de ArteBA, viejo rival de Marcos Galperín cuando en la década del noventa competían por ser punta de lanza en la ebullición del mercado de internet. Es ahora embajador y será siempre hijo de Alejandro Pablo Oxenford y María Cristina “Kitty” Lahusen. A él le dicen Alec. Alejandro está reservado para identificar a su padre, presidente de Sullair, una compañía de maquinaria pesada para la industria y la construcción. Nacido el 25 de enero de 1969, su infancia transcurrió en una década afectada por la violencia política. Era apenas un niño de primaria cuando Eduardo Tomás Oxenford, su tío de 26 años, fue secuestrado por una banda parapolicial. La lideraba el ex comisario Roberto Ignacio Buletti y estaba compuesta por otros uniformados como Ignacio Báez, Héctor Rubén Galeano, José Benigno Lorea, Carlos Alberto Lorenzatti y Félix Roque Miera. La llamaban “la banda de los comisarios”.
Fue un secuestro extorsivo seguido de muerte. Lo mataron el 8 de noviembre de 1978. El cuerpo apareció nueve años después, el 13 de noviembre de 1987. Estaba enterrado en el jardín de la casa que el grupo había alquilado en Lomas de Zamora para convenir el encierro y negociar la entrega a cambio de dinero. Lo buscaron porque era hijo de Eduardo Valentín Oxenford, ingeniero de vocación, próspero empresario y presidente de la Fábrica Argentina de Alpargatas. Antes y después también fue integrante de la mesa comitiva de YPF, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) intervenida, cofundador del Instituto para el Desarrollo de Empresarios en la Argentina (IDEA), vicepresidente primero del Consejo Empresario Argentino y, entre el 29 de marzo y el 20 de agosto de 1981, ejerció el cargo de ministro de Industria y Minería, bajo la gestión del presidente de facto Roberto Eduardo Viola.

El escritor y periodista Ricardo Ragendorfer escribió en 2021 en Télam un artículo sobre la historia del policía que fue también narco, secuestrador, asesino, condenado a cadena perpetua, abogado recibido en prisión y liberado. Según la declaración indagatoria del ex comisario Buletti, el padre respondió al llamado de los captores: “Sí, señor. Ya sé que lo han secuestrado. Pero les diré dos cosas: que los 750 mil dólares no los reuniré jamás, y que ya hice la denuncia policial”. Algunas versiones afirman que el crimen fue posterior al pago del rescate, un procedimiento que la banda de los comisarios repitieron con los secuestros de los empresarios Osvaldo Sivak y Benjamin Neuman.
Sivak había sido raptado el 8 de agosto de 1979, cuando dos hombres armados lo abordaron en su vehículo en el cruce de avenida del Libertador y Cerrito. Su apellido estaba vinculado al consorcio del Buenos Aires Building. Su hermano, Jorge, era banquero y marxista. Osvaldo pudo ser liberado luego de que el pago del rescate, estimado en dos millones de dólares, se fraguara por una intervención policial que derivó en una balacera. Los secuestrados también pertenecían a la fuerza: los subcomisarios José Ahmed y Alfredo Vidal, a la postre captores de Mauricio Macri. Uno de los policías que ayudó a la víctima en el caso Sivak, que protegió el dinero de la familia y que se convirtió posteriormente en el custodio personal fue Roberto Ignacio Buletti.
Y Sivak volvió a ser secuestrado seis años después. Se había exiliado en Uruguay. Había regresado al país alentado con el retorno de la democracia. Hasta que el 29 de julio de 1985, cuando se dirigía a una sesión de terapia en el barrio porteño de Palermo, lo interceptaron dos delincuentes para esconderlo en un taller mecánico en Lanús. Pidieron tres millones de dólares por su rescate. Pactaron el pago de un millón cien mil dólares por su liberación. Dejaron el efectivo en la puerta número uno de la cancha de Independiente. No tuvieron noticias de él durante dos años. El final era previsible: su cuerpo fue hallado el 5 de noviembre de 1987.

Con Neuman, el procedimiento fue idéntico. Lo secuestraron el 15 de febrero de 1982: intervinieron su tránsito camino a la ciudad de Buenos Aires. Lo mantuvieron en cautiverio en una quinta en Talar de Pacheco. Cobraron el rescate en un tren y no demoraron en asesinarlo de un disparo en la cabeza. Hallaron su cuerpo años después. “Los tres casos mencionados, pese a la distancia temporal entre ellos, fueron realizados por delincuentes de una misma banda -cuya conformación inicial no varió sino que se amplió en su número de miembros- que sustancialmente se valieron, para planificarlos y cometerlos, del conocimiento y la información adquirida y proporcionada por el ejercicio de la función específica como agentes de la Policía Federal, invocando, en ocasiones, potestades supuestamente inherentes o derivadas de esa condición”, sostuvo el fallo dictado por la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal en 2013, donde señala que los autores del hecho ocurrido en 1985 “dependían de la Policía Federal Argentina” para dejar firme la condena contra el Estado por el caso Sivak y ordenar el resarcimiento económico a la familia.
“La banda de los comisarios” resultó ser la mayor organización de secuestradores de la historia argentina, una agrupación de policías ultraderechistas vinculados a tareas represivas y de inteligencia negra que cometió capturas durante la dictadura militar para hacer caja para ellos mismos o para altos mandos del gobierno de facto. En total, sus botines sumaron más de doce millones de dólares.
Al tío de Alec Oxenford lo secuestraron y lo asesinaron. A su abuelo, solo lo secuestraron: fueron los Montoneros y lo liberaron con vida. “A mi tío lo mataron, y a mi abuelo no, pero quedó mal. Terminó hundiéndose, nunca se pudo recuperar, lo trataron muy mal. Era el año 77, dictadura militar. Al tío lo secuestró la policía, al abuelo un grupo terrorista contrario al régimen. Los dos bandos. Fue por plata en ambos casos. Fue un momento muy malo. Luego nos fuimos a vivir a Brasil, por seguridad”, contó en el capítulo “El emprendedor que es un Unicornio en sí mismo” del libro Los nuevos reyes argentinos, que el periodista Sebastián Catalano escribió en 2017.
Se instalaron en San Pablo. Él era un niño de apenas once años. Su relación con Brasil se extiende hasta la actualidad: hasta la flamante designación, residía en Río de Janeiro. “Brasil era el mercado más importante para nosotros. Del 2005 al 2015, con OLX todo el tiempo tuvimos oficina en San Pablo, después en Río. Me acostumbré mucho a estar ahí”, relató en una entrevista a la Revista Ñ, en donde contó también allí abrió Alpha Capital, una compañía de inversión en empresas tecnológicas, y que su pareja es oriunda de Río.
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