El presidente Javier Milei le concedió un reportaje a su pareja, Amalia “Yuyito” González. El encuentro televisivo, emitido por el canal Magazine, fue organizado para conmemorar que recientemente se cumplió un año de la entrevista que le concedió el entonces candidato presidencial a la conductora y actriz. A partir de aquel primer encuentro, Milei y González afianzaron una relación de amistad que con el correr de los meses posibilitó el inicio de la historia de amor que actualmente protagonizan.
Durante el cara a cara, el mandatario argentino habló de la reciente salida de la canciller Diana Mondino del Gobierno, repasó detalles hasta hoy desconocidos de la convivencia en la Quinta de Olivos y hasta se animó a desandar una de sus pasiones: el canto. Así, Milei eligió “Libre”, el himno inmortalizado por Nino Bravo -Luis Manuel Ferris Llopis- que en realidad fue compuesto por José Luis Armenteros y Pablo Herrero, en 1972.
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La letra de Libre
Tiene casi veinte años y ya está cansado de soñar pero tras la frontera está su hogar, su mundo y su ciudad.
Piensa que la alambrada sólo es un trozo de metal: algo que nunca puede detener sus ansias de volar.
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Libre como el sol cuando amanece yo soy libre como el mar.
Libre como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar.
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Libre como el viento que recoge mi lamento y mi pesar, camino sin cesar, detrás de la verdad y sabré lo que es al fin la libertad.
Con su amor por bandera se marchó cantando una canción, marchaba tan feliz que no escuchó la voz que le llamó y tendido en el suelo se quedó, sonriendo y sin hablar, sobre su pecho flores carmesí brotaban sin cesar.
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Libre como el sol cuando amanece yo soy libre como el mar.
Libre como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar.
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Libre como el viento que recoge mi lamento y mi pesar, camino sin cesar, detrás de la verdad y sabré lo que es al fin la libertad.
La historia de la canción Libre
El propio Milei explicó la historia de la canción. “El sistema comunista siempre se impuso por la fuerza. ¿Si fuera tan bueno, por qué tienen que obligar a la gente para entrar a esa basura, no? Y básicamente lo que cuenta la canción libre es la historia de Peter Fletcher, un chico de 19 años que se encuentra que de un día para el otro los malditos comunistas habían construido una alambrada y no podían pasar”, introdujo.
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Y continuó: “Antes se podía pasar de la Alemania capitalista a la comunista y viceversa. Como la gente se estaba yendo del comunismo, ¿que se les ocurrió a los comunistas? Armar un muro”.
El jefe de Estado detalló que hay tramos de la canción que refieren al intento de Fletcher de escapar, pero finalmente fue descubierto y abatido por las autoridades comunistas.
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“Lo reventaron a tiros y lo interesante de esta situación es que los malditos comunistas no lo dejaron ahí. Lo llevaron al centro de la plaza y lo dejaron agonizar frente a la gente para que supieran lo que les iba a pasar si querían escaparse del comunismo”, completó el Presidente.

Para escribir Libre, efectivamente Armenteros y Herrero se inspiraron en una historia real que había tenido lugar 10 años antes. Una trágica historia que los había impactado cuando la leyeron en los diarios. O acaso la prensa la había refrescado al cumplirse el décimo aniversario y de ahí tomaron el hecho.
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Ya había transcurrido un año desde la construcción del Muro de Berlín. Dos jóvenes alemanes que se encontraban en el lado Este querían sortear el obstáculo e irse a radicar a Alemania Federal. La misión era complicada. Peter Fechter y Helmut Kulbeik pasaron varias semanas observando con detenimiento cada movimiento de la guardia, las rutinas, las diferentes características de la construcción. Hasta que se les ocurrió un plan. Algo precario, pero ellos consideraban que si aprovechaban la velocidad y la agilidad de sus 18 años podía tener éxito. El 17 de agosto de 1962 se decidieron a llevarlo a cabo.
Peter y Helmut eligieron cuidadosamente el lugar desde donde intentarían la fuga. El Muro se iba reformulando todo el tiempo, semana a semana adquiría nuevas medidas de seguridad para no ser traspasado. A lo largo de su recorrida su ancho variaba, había barreras, torres de vigilancia, sistemas de disparo automático, distinto número de tropas. Todos esos factores entraron en su análisis.
Los dos adolescentes se escondieron en una panadería pegada al Muro. En ese lugar exacto la seguridad parecía vulnerable. Conocían de memoria el movimiento de los guardias. Había un breve momento en que se producía un punto ciego en el lugar que ellos se encontraban. Debían aprovecharlo. Saltar, caer en lo que se denominaba Pasillo de la Muerte, (también conocido como Zona de Seguridad o Zona de nadie), un pasaje que estaba entre los dos muros, correr rápido una decena de metros hasta alcanzar el alambrado. Luego sortear el alambre de púa y trepar la cerca para caer del lado occidental.
Del otro lado no solo los esperaba la libertad. A Peter lo aguardaban su hermana, su cuñado y sus sobrinos que vivían en la otra punta de la ciudad, y a quienes veía con frecuencia hasta que se construyó el Muro. Peter, obrero de la construcción, había obtenido un permiso de salida pero a último momento le habían denegado esa posibilidad. Su juventud, las ansias de respirar un aire nuevo, la sensación de que a pesar de tener solo 18 años su tiempo se acababa, lo empujaron a encarar la aventura.
Peter Flechter y su amigo lograron saltar sin ser vistos pero mientras escalaban el cerco, el último obstáculo, que los separaba del lado Occidental, fueron divisados por los guardias del lado Oriental.
Primero fue un grito. Seco, terminante, intimidatorio. Los chicos no giraron la cabeza y apuraron sus movimientos. Enseguida llegó la ráfaga de disparos.
Helmut consiguió llegar a lo alto del muro y dejarse caer del otro lado. Estaba ileso. Y en libertad. Peter fue alcanzado por una bala que ingresó a la altura de la cadera. Cayó de espaldas contra la tierra. Quedó tirado en la Zona de Nadie. A su alrededor se fue formando un charco de sangre oscura.
Además de los soldados de ambos lados de la división, muchas otras personas habían presenciado el hecho. Los testigos pidieron que atiendan al chico que estaba tirado. Estaba con vida pero perdía mucha sangre. La gente se fue acumulando y comenzó un griterío clamando por clemencia. Pero nadie fue a asistir a Peter.
Los soldados del lado occidental le tiraron un botiquín para que intentara unas curaciones preliminares. Fue una idea ridícula. El chico estaba demasiado débil y semiinconsciente. Los soldados de ambos lados no se animaban a acudir en su ayuda. Unos días antes había habido un incidente con heridos graves y nadie se quería arriesgar.

Durante 50 minutos Peter Flechter agonizó ante la vista de cientos de personas que solo miraron. Cuando dos soldados del lado oriental lo recogieron ya nada se podía hacer. Peter, a los 18 años, había muerto de un balazo, procurando su libertad, tratando de cruzar el muro absurdo.
Treinta y cinco años después del disparo fatal, en 1997, con Alemania ya reunificada, los guardias que dispararon contra Peter fueron juzgados por homicidio. Los dos (había un tercero pero falleció antes del juicio) fueron condenados a 21 meses de prisión, una pena que no era de cumplimiento efectivo. Los jueces dijeron que era imposible determinar cuál de los tres guardias hizo el disparo que ocasionó su muerte.
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