Fue custodio de cinco presidentes y compartió con Perón sus últimas fiestas: Navidad de 1973 y Año Nuevo de 1974. Tiene 71 años y vive en Beruti, localidad de poco más de mil habitantes, en el partido de Trenque Lauquen. Es el dueño de Casa Zoppiconi, uno de los almacenes de ramos generales más antiguos de la provincia de Buenos Aires. Trabaja allí desde los 22 años cuando volvió en el año 1976, días antes del último golpe militar.
Al cumplir los 18 había emigrado para formarse en el Colegio Militar, impulsado por el ex presidente Alejandro Lanusse, amigo de su familia, para ser parte de su custodia. Acompañó, también, a los cuatro presidentes que lo sucedieron hasta el golpe del 24 de marzo: Cámpora, Lastiri, Perón y María Estela Martínez de Perón, Isabelita.
Daniel Zoppiconi es testimonio, es historia viva. Habla con pasión de esa etapa que le tocó transitar y comparte en esta charla algunos momentos únicos con Perón. “Fui custodio de cinco presidentes. Un día entra un coronel -Perón ya era presidente - y le cuenta que yo estuve en el tiroteo de Ezeiza, me tocó controlar la torre, entonces Perón me dice: ´Te jugaste la vida por nosotros, venite a la custodia conmigo´”. Así fue.
-¿Estaba a solas con él?
-Todos los sábados y los domingos, era un hombre amable. La primera, segunda semana le decía Señor, después ya era uno más de nosotros. “Vení, sentate acá conmigo vamos a conversar. ¿Cómo es tu casa?” preguntaba. Hablábamos de la familia, de cómo vivíamos, si teníamos baño, si el piso era de ladrillos, tierra o mosaicos, qué comíamos. Le interesaba conocernos. Me decía que yo era uno de los pocos amigos jóvenes que tenía y que no tendría que haber venido de España porque no le daba la salud. “A mí me falta salud”, decía.
- Y le regaló una de las diez Medallas de la Amistad (con la cara de Evita)
- Sí se las dio a los que consideraba sus amigos. Yo tengo una, las otras las tienen Balbín, Sanfilippo, Roberto Galán, Lorenzo Pepe, Rucci y los otros tres custodios. La Navidad de 1973 y el Año Nuevo 1974 lo pasé con él, Isabel y el general Damasco (Jefe de la custodia). ¡Mire si era sencillo! Era una persona muy humana, me decía: “Andá a largar los perritos”, me decía. Tenía dos blancos y uno color chocolate. Para mí era un trabajo como cualquier otro y yo trataba de hacerlo lo mejor posible.
- ¿Hablaba con él de temas políticos?
- De política no hablaba, yo metí la pata porque le pregunté ¿Por qué se pone así? “No tendría que haber venido de España porque no le voy a poder cumplir a la gente como le cumplí antes”. Bueno no se aflija -le decía yo-, si la gente lo quiere mucho. “Eso es lo que me pone triste hijo, porque estoy rodeado de gente que no es competente, que piensan en su bienestar y no en el pueblo. Ustedes tienen que unirse, no perder los derechos, sino van a bajar de categoría, van a terminar trabajando por la comida”. En un momento le pregunté: ¿Si usted es el presidente de la república, por qué no los saca? “Porque hay compromisos contraídos y a mí no me gusta. No estoy como cuando era joven, ahora estoy viejo, no es lo mismo que antes”.

Zoppiconi es un hombre noble, sensible. Tiene cierta nostalgia de esos años de juventud. Se entusiasma cuando cuenta que su Viejo Almacén cumplió 110 años de atención ininterrumpida. “Nunca cerramos desde el 27 de mayo de 1914. Sólo mediodía los días 25 de mayo, 20 de junio y 9 de julio”, acota.
Invita a todos a la fiesta de doma que se realizará los días 21 y 22 de septiembre y de la que participarán nueve tropilleros y habrá 7 millones en premios. “Eso será muy bueno para el pueblo, pero no alcanza. Queremos hacer crecer Beruti, que sea algo más que un punto en el mapa. Como decía el general Perón, “que progresemos”. Y nos cuenta orgulloso que le cumplió un deseo a Perón: Volver a comer galleta de campo.

“Un día que me tocó comer con él como otras veces, dice: ‘ ¡Qué lindo este olorcito! Se siente el olor de un asado´ y me pregunta: ´¿Maaa, dónde te criaste vos?´ Le cuento que en el campo. ´¿Y cómo comen un asado?´ Le digo que hacemos el fuego en el medio, mi papá lo hace así, agarramos el pan, cortamos de la parrilla y comemos así toda la familia junta. Ese es un asado, asado al pan. Él no sabía que se llamaba así. Si usted me dice que esto es una porquería, por el asado que servían, esto también, le digo. Nos habían dado unos mignoncitos así (hace el gesto de chiquito) y le cuento que en mi pueblo hacen pan casero, en horno de barro a leña y hacen galleta. ¡Para que le habré dicho! Se agarraba la cabeza. ´Desde que vine de la chacra mía no volví a comer galleta. Me voy a morir sin comer galleta’”.
Luego Perón le pidió a Zoppiconi un favor. “Cuando vaya a visitar a mi familia le traigo. ´Bueno te vas un viernes te venís con la galleta y nos comemos un asado en Olivos’ ”, recordó el custodio del ex presidente.
“Y así fue, le pregunté a Pino, el panadero, si podía hacer seis o siete galletas bien grandes para el presidente de la república. Pino no creía que era verdad. Y cuando volvía, en el tren de las 6 salí con las galletas que pelaban. Perón estaba más contento que si le hubiera regalado un coche. “No me voy a morir con el antojo”, dijo y nos comimos un asado en Olivos.
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