
Uriel Romano es rabino y desde febrero de este año vive a media hora de Miami, en los Estados Unidos, y desde allí alienta a la Selección Argentina, que por las victoria de los últimos dos encuentros y la clasificación a los octavos de final del Mundial de Qatar no deja de generar pasiones por su desempeño y logra el apoyo de hinchas de todo el mundo.
Sobre esa “pasión irracional” que el fútbol despierta y la ley judaica reflexionó el rabino a través de un hilo de Twitter en el que dejó varios conceptos.
“Quisiera compartir una reflexión sobre el mundial y Shabbat. Sé que a muchos les parecerá una pavada siquiera la discusión. Sé que a otros les parecerá ridícula y blasfema mi opinión pero acá va: quien es Shomer Shabbat (observante) no mira la televisión en Shabat. El aspecto técnico halájico de porqué estaría prohibido es problemático si uno mira las fuentes ya que de estar prohibido es apenas una prohibición de segundo grado de origen rabínico. Mirar la tele en Shabbat no es como prender fuego, salir de comprar, construir algo, ponerse a sembrar… uno podría encontrar si quiere la vuelta halájica para mirar la tele en Shabbat (como tantas otras cosas). La más sencilla: un timer”, escribió en el inicio de un hilo de tuits donde indica el uso de esa función para que el televisor encienda solo.
Sobre esas consideraciones y sobre cómo se vive la Copa Mundial en su comunidad, habló con Infobae. “Lo que yo planteo, y parte de mi filosofía, siempre tiene que ver con la pregunta y ver cómo el mundo actual y la sociedad en la que vivimos, y demás, repercute en mi judaísmo, en mi vivencia judía y cómo mi judaísmo repercute en el mundo secular”, comienza a explicar.
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“Por un lado, encuentro que abstenerme en el Shabbat de entrar a Internet, ver mis emails, estar con mi celular, ver una película, como lo hago todos los Shabbat, todos los viernes y sábados de mi vida, me ayuda a desconectarme del mundo, de la hiperconectividad y demás. El judaísmo parece, en ese caso, una herramienta que me ayuda a vivirlo mejor, pero muchas veces hay excepciones a la regla o hay momentos en los que esa abstención de la tecnología podría preocuparnos como cuando uno tiene un familiar enfermo o necesita estar en contacto”, sigue su explicación y ejemplifica.
“No uso el celular en Shabbat, pero cuando mi mujer estaba en las ultimas tres semanas del embarazo y yo iba a la sinagoga en Shabbat, a trabajar como rabino (normalmente lo dejo apagado el viernes a la tarde y lo abro el sábado a la noche, en mi casa no estoy con el celular), por supuesto que hablé con ella. Llevé el celular, lo dejé en silencio, pero si llegara a pasar algo, por supuesto que quiero estar. Cuando nació mi hijo volví a apagarlo. Normalmente me hace bien y es sabia la tradición judía de desconectarse de la tecnología, pero qué pasa cuando no lo es entonces”, indaga.
Allí reflexiona sobre la idea de “no angustiarse”. “El Oneg, que tiene que ver con el placer, con disfrutar, pero cuando uno va a estar pensando que será el partido del Mundial, que todo el mundo lo va a estar viendo, pero yo no y eso me angustia, esa angustia es parte integral de lo que debería ser el Shabbat, que debería ser un día de deleite de disfrute, o no lo es. Cuando no hay vuelta tratamos de buscar soluciones creativas para hacer la excepción a la regla. En mi caso, tiene que ver con ver este partido y luego sigo mi Shabbat. Antes y después es como siempre”, dice.

Según la tradición judía, el Shabbat es el séptimo día de la semana, es el día sagrado de la semana en el judaísmo rabínico, en el judaísmo mesiánico y para la Iglesia Adventista del Séptimo Día, y debe ser celebrado en primer lugar mediante la abstención de cualquier clase de trabajo, no encender el fuego (no usar tecnología, en estos tiempos), por ejemplo.
”Muchos de quienes observamos Shabbat entendemos que mirar la tele no está dentro del ‘espíritu’ de Shabbat. Mirar la tele es algo cotidiano (uvdin deJol), pero más allá de eso no está en el espíritu general de Shabbat de conectar con la familia, cantar en la mesa, estudiar, jugar juegos de mesa… desconectarse de la tecnología en general. O por lo menos así lo vivo yo”, sostiene.
También apunta que “uno no es más santo por no ver un partido del mundial en Shabbat. No hay que martirizarse por esas cosas, ni es Kidush Hashem la abstención. Sé que muchos observantes ven el partido, pero muchos con culpa o en silencio para que otros no los critiquen. Creo siempre en la sinceridad ante todo”.

El rabino admite que aunque no ser un apasionado del fútbol, durante el Mundial sabe que vivirá un mes especial. “Hace años que en los mundiales, cuando toca en Shabbat un partido de Argentina, lo veo. Y sin culpa. Voy al shil, hago el Kidush, disfruto Shabbat con mi familia, pero durante dos horas me aparto del espíritu semanal de Shabbat para disfrutar de algo que me conecta también con mi identidad. No deja igual de hacerme ruido pero puedo convivir con ese ruido y no ocultarlo”.
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Cómo se vive el Mundial en los Estados Unidos
El primer partido contra Arabia Saudita fue a las 5.00 de Fort Lauderdale, donde vive, y Romano lo vio con unos congregantes que le pidieron verlo con él y armó en su oficina el espacio para recibirlos.
“Ellos disfrutan de nuestro fanatismo, de nuestra pasión porque no lo viven en lo suyo y vivieron 15 para verlo en una pantalla gigante, que tengo en la oficina, y les aclaré que en ese tiempo no era su rabino sino un argentino disfrutando y terminé sufriendo”, cuenta.

El encuentro contra Polonia, que Argentina ganó ante Polonia y que la dejó como primera del Grupo C, lo vio allí mismo con un grupo de niños de la escuela primaria de la congregación que también desearon vivir la experiencia mundialista.
“El fútbol no esta conectado con la parte más espiritual que tenemos, pero aún así genera una pasión hay una conexión entre el fútbol y lo religioso que tienen que ver con lo irracional. Soy una persona racional durante mi vida, pero durante el tiempo del partido todo mi racionalismo, toda mi cordura, todo mi estar centrado, mi mindfulness se vuela un poco de fanatismo y a veces a uno lo angustia, pero por otro lado, creo que uno tiene que aprender a lidiar con esa parte no racional porque ya sean las creencias personales como también esas pasiones irracionales nos hacen humanos”, finaliza.
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