
Sergio solía sacar a la vereda a su Renault 12 de color beige para lavarlo y secarlo al sol del sábado. Era su padrastro y el auto con el que la llevaba, a veces, al colegio, a veces, a pasear. Ella recuerda la particularidad de esos viajes en el Renault 12: la gente los miraba pasar asombrados. A ellos los veían por añadidura, la mirada de admiración la merecía el andar del vehículo. A ella le inquietaba esa atención desmesurada con rasgos de devoción por los autos. Cuando en 2018 su padrastro murió, el auto se quedó en su casa y en ella el embrión de una fascinación.
“Esa mirada se extrapoló a mí cuando él falleció porque me empezaron a llamar la atención los autos, como si fuesen cosas que ya no me pasaban desapercibidas”, define. Para entonces, Isabella estudiaba Iluminación y Cámara en la Universidad del Cine. Mientras le enseñaban cómo cargar de expresividad y emociones a un objeto en una filmación, en su casa el auto que había pertenecido a su padrastro se convertía en una especie de signo. “Fue algo casi poético -define-. Ese objeto que seguía en mi casa estaba cargado de una potencia distinta, de memorias, de sonidos. Era su presencia”.
No identificaba la figura de su padrastro en otros autos antiguos, pero sí había engendrado un interés incierto por la iconografía de ciertos vehículos. “Al principio no sabía lo que sentía -describe-. Intuitivamente sentía que me llamaban la atención los autos. Entonces dije ‘bueno, voy a empezar a sacarles fotos’”. De industria automotriz, de marcas y de modelos, lo desconocía todo. Solo tenía especial devoción por la profundidad conceptual de los autos como sentido de pertenencia de las personas y una mirada atinada y entrenada de colores, enfoques, planos.

En su infancia se había adueñado de una cámara semiprofesional que tenía su papá, Julián Medina. Le gustaba sacar fotos y editarlas en un photoshop que se llamaba Picasa: esa exploración bruta y voraz del programa le enseñó la gama de colores, enfoques y planos. Tenía diez años y ya se reconocía apasionada del cine y la fotografía. De su papá, colombiano que en Argentina se convirtió en un comerciante de artículos de limpieza, aprendió el esfuerzo y la constancia. De su mamá, Liza Gieco, hoy directora de arte y durante muchos años escenógrafa de Pol-ka, mamó la veta artística. Isabella se apellida Medina Gieco, tiene 26 años, es nieta del mítico músico León Gieco y trabaja en Disney como responsable artística de una producción para niños.
Un día cualquiera, andando en bicicleta con su mamá por Olivos, se detuvo en el frente de una casa. Le ordenó a Liza que también se detuviera. Algo la había maravillado. La fachada de la vivienda combinaba madera con ladrillos, amarillos y naranjas con blanco. Pero desde su mirada la escena también se mezclaba, armónicamente, con un fitito amarillo estacionado. “Era un auto que tenía unas ruedas rarísimas y el mismo tono de color de una casita de cuento que asomaba por el fondo. Como para terminar de compaginar todo, el borde de la vereda también era del mismo color. Era una composición perfecta. Me fascinó pensar si ese auto estaba puesto ahí a propósito o si era pura casualidad”, recuerda. Y le sacó una foto.

A partir de entonces, necesitaba que esa contingencia mágica le volviera a pasar. Se predispuso. “Si uno se configura para encontrar algo, va a empezar a parecer. El ojo ve algo que se imaginó antes”, dice. Distribuidos aleatoriamente por la ciudad y la provincia de Buenos Aires comenzaron a aparecer autos estacionados en composé con el fondo: mismo colores, mismos tonos, mismas condiciones. Se preguntó si era una obra de la eventualidad o si alguien había decidido amalgamar autos estacionados con su entorno. La mayoría son autos antiguos camuflados con construcciones también antiguas. Es una decisión casi editorial: “Soy nostálgica hasta de cosas que no viví”, dice.
A cada auto mimetizado que encontraba, le sacaba una foto. A cada foto que sacaba, la colgaba en sus redes sociales. De a poco, se empezó a crear una suerte de comunidad. “Se volvió como una especie de juego colectivo. La gente me mandaba sus fotos y de pronto empecé a tener en mi cuenta personal, seguidores que solo querían ver esas fotos que subía. En un día tal vez había conseguido diez. Mis amigos me dijeron: ‘¿Por qué no hacés algo con esto?’”.

Su pasatiempo estaba teniendo una repercusión inesperada. Le sorprendió la adhesión a su propuesta. Tenía muchas fotos de autos sin saber qué hacer con ellas. Primero pensó en armar un fotolibre, después en una muestra fotográfica. Inventó una palabra y una cuenta de instagram: @carmaleones, un término que no esconde su significado y junta las palabras “car” y “camaleones”. Se nutra de fotos artísticas. Isabella, desde su mirada fotográfica, les dice “cuadros”. “Era como si el auto fuese, en ese lugar donde estaba estacionado, un cuadro. Las hojas secas, una casa antigua: el otoño. O algo más trash: un gato que cae, un tacho de basura. Todo eso con el auto ahí para mis ojos era un cuadro”.
Isabella había encontrado en la calle algo que no estaba escondido. “La fotografía es capturar un instante. Desde la genealogía de la palabra, significa dibujar con luz. Se trata de algo que tiene que ver con lo lúdico y lo genuino. Es algo que está en la calle. Son las cosas que nos pueden salvar de la rutina estresante, de lo cotidiano. Una buena canción, una buena foto, un buen plato de comida te conecta con un momento lindo”, dice y asegura que hay obras pequeñas caminando por la calle, que no es necesario visitar un museo para encontrar arte, que solo hay que afinar un poco la mirada.

En un viaje a Cuba había percibido esa conexión entre los autos antiguos y las fachadas vetustas. Esa premisa nostálgica se había hecho mella. Le gusta la permanencia de lo viejo y cuestiona la obsolescencia programada de la modernidad. “En una sociedad de consumo sólo hay lugar para lo efímero. No hay tiempo para contemplar las cosas que están ahí. A todos nos pasa. Hasta que un día alguien ve a su mamá con otros ojos, a un pájaro que canta o hasta un rayo de sol que te pega. La idea es que podamos ser más agradecidos, que las cosas comunes nos conmuevan”, reflexiona.
De ese archivo prolífico, rescató sesenta fotos que ocupan el largo de su feed. Tiene muchas más: las va administrando. Las publicaciones se distribuyen no por orden cronológico, sino por patrones cromáticos. Todas las fotos son suyas y también vuelca en una historia destacada las que les envían sus seguidores. En algún futuro, le gustaría fundar un proyecto colaborativo que arme una “búsqueda del tesoro de autos antiguos en combinación con su fondo”. Pero no será ahora: “Irá fluyendo. Es un proyecto que no abarca toda mi vida. Es algo que está ahí y me divierte: se trata de resaltar las cosas que están dispuestas en el camino, verlas de otra manera, sacarles una foto para que pase de algo que estaba en la calle a algo que trascienda y se convierta en otra cosa. Cuando le saco una foto, ya deja de ser un mero auto estacionado en la calle”.

“Es una mirada distinta de las cosas -dice-, una invitación a parar un poco la velocidad de cada día, de sacar los ojos del celular y usarlo para registrar algo bello y llamativo”. Esa mirada de fotógrafa obedece a su matriz artística, que nace en su abuelo. “Poder ver las cosas de una manera más genuina tiene que ver con el arte que me rodeó desde chiquita, es un poder transferido. Haber tenido ese ejemplo tan cerca desde chiquita obviamente me inspiró”, describe la nieta de uno de los íconos de la música argentina.
Cuando le contó de Carmaleones, Isabella dice que León Gieco se cagó de la risa. Él solo le aconsejó que se divirtiera con lo que quisiera hacer de su vida. Y ella encuentra, en ese mensaje, una versión poco conocida de su abuelo y la raíz de un proyecto profesional. “Él siempre me dijo que tenía una mirada linda y poética de las cosas. Hicimos algunos videos juntos que, por ahí, se conviertan en algo. Me siento privilegiada de verlo desde un lugar más íntimo. Quizás, en algún momento, eso tome otra forma, como por ejemplo un documental. Me encantaría. Él muestra el 30% de lo maravilloso que es: una persona muy graciosa que se ríe de todo”.
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