
En San Juan, en el departamento Zonda, están las tierras de la Estancia Maradona. En el puesto Agua Pinto se conserva un rancho de dos ambientes, de unos 400 años de antigüedad, que había sido usado y ocupado por José Clemente Sarmiento, el papá de Domingo Faustino. Aún se conservan en el lugar los primeros postes telegráficos, que fueron colocados en 1870, que hoy constituyen un símbolo del empuje que el sanjuanino, durante su presidencia, le dio a la tecnología y la ciencia.
En sus viajes a Europa y Estados Unidos, había visto los avances del progreso, y soñó en traer esa realidad al país. Se propuso dicha tarea de la mano de los científicos y de los ingenieros. Para él, personalidades de la talla de Benjamin Franklin, Charles Darwin o Samuel Morse eran ejemplos a imitar.
Había conocido el telégrafo en Francia y comprobó su utilidad cuando visitó Estados Unidos y se maravilló por su expansión. Entendió que debía replicarlo en Argentina. “Diez mil millas de telégrafo se realizan en un año. Así se progresa”, escribió.
La primera línea telegráfica se había instalado en el país en 1860 entre Buenos Aires y Moreno. En 1869 se unió la ciudad porteña con Rosario, aunque tres años antes se había transmitido el primer mensaje telegráfico desde Buenos Aires a Montevideo por la Compañía Telégrafo del Río de la Plata.

Sarmiento resolvió ampliar las líneas telegráficas hacia el interior del país, y encomendó esa tarea al ingeniero francés Enrique Tassart. El 17 de enero de 1871 organizó la Administración Central de los Telégrafos, detallando su organización y designando a sus integrantes.
Su dirección estuvo a cargo del inglés Carlos Burton, quien había sido el primer empleado del Telégrafo Nacional y su primer director designado en 1869. Había sido contratado por el gobierno argentino para dirigir la construcción de la primera línea Rosario-Paraná.
El 18 de mayo de 1871 se habilitó la línea Buenos Aires - Córdoba. Dalmacio Vélez Sarsfield había sido enviado a su ciudad natal para la inauguración, mientras que Sarmiento, Bartolomé Mitre y Guillermo Rawson esperaban el mensaje en el edificio del Banco Maui y Cía., que era donde funcionaba la central telegráfica. Vélez Sarsfield llamó desde Córdoba y respondió Sarmiento. Hubo emoción y Mitre felicitó a Sarmiento.

El telégrafo se extendió a las provincias de Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Catamarca y La Rioja. El 2 de febrero de 1871 se había firmado el contrato que conectó a Tucumán con Chilecito, incluyendo líneas telegráficas a las ciudades de Catamarca, La Rioja y Andalgalá.
En 1872 Sarmiento logró el enlace telegráfico internacional con Europa, y en julio de ese año se inauguró el Telégrafo Trasandino. En su último año de su presidencia, se tendió el primer cable submarino.
En la primera escuela para telegrafistas, su primer profesor fue Adolfo Fernández, contratado en España. Para Sarmiento, “los telégrafos son los caminos de la palabra”. Al terminar su mandato, se había tendido una red de cinco mil kilómetros.

Cuando se desempeñó como embajador en los Estados Unidos conoció a Benjamin Gould. De esa amistad surgiría la fundación del Observatorio Astronómico, fundado en la provincia de Córdoba el 24 de octubre de 1871. Gould, que se instaló con su familia en el país a fines de 1870, se desempeñó como su primer director. Junto a sus cuatro ayudantes -Eugenio Bachmann, Water Davis, Chalmers William Stevens (que moriría por un rayo en 1884) y Egelberto Guterman- se dedicó a la determinación de la posición y brillo de las estrellas visibles a simple vista. De esta investigación nació el trabajo Uranometría Argentina, publicado en 1877.
El equipamiento había sido encargado en Europa. Gould -que en su país había sido el primer astrónomo en recibir el título de doctor de su especialidad- fue uno de los primeros en utilizar la fotografía en estudios astronómicos. Renunció con todos los honores -hasta un pueblo lo recuerda- en 1884.
En una dependencia del observatorio, también a instancias de Sarmiento, se instaló la Oficina Meteorológica Argentina, fundada en 1872. Fue la primera en América del Sur y la tercera en el mundo, detrás de Hungría y Estados Unidos.
A través de la ley N° 322 del 11 de septiembre de 1869 se creó la Academia Nacional de Ciencias, solo seis años después de la norteamericana. Tenía entonces la responsabilidad de formar profesores en ciencias naturales y exactas, además del desarrollo de la investigación científica. Los primeros docentes fueron extranjeros, en su mayoría alemanes. Sarmiento le había encargado a Hermann Burmeister, un alemán nacionalizado argentino, naturalista, paleontólogo y zoólogo que desde 1862 era el director del Museo Argentino de Ciencias Naturales, la contratación de esos docentes.
Se encargó de remarcar la ausencia en nuestro país de producción de insumos básicos como papel, vidrio e incluso telas. Le echó la culpa a los españoles los que, en su momento, habían expulsado a los judíos y a los moros y cuando conquistaron América, la habían colonizado sin artes industriales. “El progreso es el soplo divino, el espíritu de Dios que marcha sobre las aguas”, señaló. Era preciso fomentar la industria.
A través de la Exposición de los Productos del Suelo e industria Argentina, quiso mostrar hacia dónde quería llevar el país. Fue inaugurada el 15 de octubre de 1871 en Córdoba y estuvo abierta hasta enero del año siguiente. El presidente destacó la importancia de la ciencia en el desarrollo de la técnica y el surgimiento de la industria. Diversos productos de producción nacional fueron exhibidos por dos mil expositores. Pensada inicialmente para organizarla en Buenos Aires, la epidemia de fiebre amarilla obligó a trasladarla al interior.
Su éxito se vio acompañado porque ya llegaba a la provincia el Ferrocarril Central Argentino, otra de las obsesiones del sanjuanino. Ya había llegado a Córdoba y se planeaba el tendido hacia el norte y contrató al ingeniero alemán José Enrique Rauch para que diseñase el trayecto desde Salta a la costa del Pacífico, lo que décadas más tarde se haría realidad como el Tren a las nubes. “Conductores de civilización”, llamaba a los trenes.

Era consciente que una producción y el comercio de intercambio era imposible sin un puerto adecuado. Le encargó a, constructor del Canal de Suez Ferdinand de Lesseps, la confección de planos para que la ciudad de Buenos Aires tuviera su puerto. Sin embargo, luego de un largo peregrinar, el proyecto se desechó.
Fue revelador el desarrollo del primer censo en el país en 1869, que brindó información clave que fue usada, no solo por Sarmiento sino por los presidentes que lo sucedieron, para llevar al país por la única senda posible, la del progreso.
Fuentes: Museo Histórico Sarmiento; Observatorio Astronómico Córdoba; Academia Nacional de Ciencias.
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