
“La primera vez que tomé un palo de golf sentí mucha felicidad”, recuerda Brisa Cabrera, la campeona Nacional de Golf en su categoría que desde hace tres días tiene el primer equipo propio para jugar. No pasa un día, sin mirar todo el tiempo que puede torneos de ese deporte: observa cómo cada jugador mueve la cabeza, la pegada y cada tiro. Su máximo referente es Tiger Woods, a quien sueña conocer algún día. Hoy busca ayuda para viajar a los Estados Unidos para cumplir con la beca que ganó en la Escuela de Golf de Hernán Rey, en Orlando.
Al verse en el futuro se imagina como jugadora profesional y sabe que tiene todo para lograr cualquier meta que se proponga. Y sabe que lo hará de la mano de Darío, su papá, entrenador y caddy del club donde, a escondidas, le enseñó con cinco años sus primeros tiros porque como no eran socios no se les permitía jugar.
“Nos metíamos por el costado del Golf Club La Cumbre para enseñarle y que cuando venía uno de los socios, nos escondíamos entre los pinos y seguíamos jugando cuando se iba, hasta que un buen día uno de ellos nos asoció muy gentilmente”, agradece y recuerda: “La primera vez que la vi tirar y embocar me di cuenta de que tenía muy buena puntería”, admite el hombre.
Durante mucho tiempo, jugó con palos prestados, pero su padrino deportivo, Rally Juan Grillo, le regaló un bolso con palos nuevos, guantes y zapatillas.

Desde hace un tiempo, Brisa está becada en ese club donde antes se escondía y lleva ese nombre en alto. “Siempre digo que mi hija tiene un ángel especial y que será la futura N°1 del mundo”, confía el padre. Lo mismo opina Claudia, la mamá. “Es una iluminada, Dios la tocó con su mano y, aunque a veces se enoja con ella porque una jugada no le sale bien, le recuerdo que Él está a su lado y que confié”.
La familia, económicamente humilde y con un corazón lleno de riquezas. Darío mantiene ese trabajo y Claudia además de ser ama de casa y la columna de la familia, atiende un lavadero en su propio hogar. “Lavo en las maquinas algunas cosas, pero los acolchados o las ropas finas siempre las lavo a mano, con el cuidado y el amor como lo hago con mi ropa y la de mi familia. Eso es lo que le digo siempre a mis hijos, que cuando hagan algo por los demás lo hagan como si fuera para ellos”.
La historia
Brisa nació el 6 de julio de 2010 en Córdoba y vive en La Falda. De pequeña corría (aún le gusta correr), pero sin que sepa bien cómo, un día el golf le llamó la atención. Le pidió a su papá que le enseñe y no hubo vuelta atrás.
“Recuerdo que lo primero que me gustó del golf es que no había violencia al jugarlo y a mi papá le gustaba mucho. La primera vez que jugué fue mágico, me sentí emocionada aunque le pegaba no tan bien como ahora”, asegura la niña y sigue: “Como soy zurda y los palos para zurdos eran muy caros, mi papá me cortó un palo y le puso cinta de embalar para que yo pudiera jugar. Después me enseñó a jugar con la derecha”.

Darío recuerda esos primeros pasos. “Cuando la hice pegarle a la pelota, a unos 40 metros del hoyo, apenas le pegó lo hizo tan bien que me dije: ‘¡No puede ser, fue casualidad!’, pero lo hizo de nuevo. ¡No sabés! En el camino a casa estaba loco de contento y le conté a mi mujer lo que había pasado y casi gritando le dije: ¡Va a ser la número uno del mundo!”.
El aliento en casa es fundamental. Mientras la nena y su papá jugaban, Claudia, de ahora 52 años, le confeccionaba la ropa para que jugara cómoda. “Ella es flaquita, pero alta y la ropa que venden le quedaba o grande o chica, y además es cara así que toda la que puedo se la hago yo”, cuenta orgullosa.
La niña, cuenta que pasa el tiempo que puede viendo a los profesionales y que cuando está en casa con las amigas su momento favorito es que ellas le pidan que saque la alfombra y jugar. “Me encanta cuando me piden que les enseñe, les explico cómo se tienen que parar y pegarle, aunque lo más importante es la puntería”, aclara.

“Lo más importante es la pegada, tiene que ser algo armonioso”, revela y confiesa que pese a pasar horas jugando no le duelen las piernas pese a caminar tanto porque ya está acostumbrada.
Esperanzada, no ve la hora en que pueda con su familia juntar el dinero para poder viajar a los Estados Unidos. “Para mi lograrlo sería un gran sueño. Me gustaría mucho poder estar allí y seguir aprendiendo. Mi otro gran sueño es ser una de las mejores jugadoras de golf de Argentina y del mundo”.
Mientras Brisa habla, sus padres la miran con orgullo y no evitan la emoción cuando la niña se despide con un “que Dios te bendiga”. “Creemos mucho en Dios siempre y seguramente está ahí metiendo la mano para que a ella le vaya bien y pueda pueda lograr el sueño”, dice la madre.

También admite con algo de dolor que “por ser hija de caddy y venir de una familia humilde, practicar ese deporte de elite y hacerlo bien, a algunas personas no le caen muy bien”.
La mujer destaca que además de ser buena en el deporte es una excelente hija y nieta. “Ayuda a sus abuelas, las espera o ayuda cuando van a comprar para que no lleven solas las bolsas. Está siempre atenta a sus abuelas, que las ama”, dice con emoción.
En noviembre, la pequeña golfista (y menor de tres hermanos) tendrá la oportunidad de estar en la academia de Hernán Rey en Orlando y espera que, una vez más, ese Dios en quien cree la siga bendiciendo.
*Para colaborar con el viaje de Brisa, la familia recibe ayuda en el alias: todosporbrisa
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