Agregar Infobae enGoogle

“San la Huerta”, el plomero que creó la primera escuela de agroecología urbana y instaló macetas recicladas en las calles

Carlos Briganti se define como “reciclador urbano, docente de plomería y huerta, mejor dicho: docente y huertero”. Construyó una huerta en la Universidad de Buenos Aires y sueña con convertir los costados de las autopistas en huertas colectivas. “El cambio está en cada uno, hoy podés empezar, no necesitas irte a Europa”, dice un hombre de 57 años que asegura que está cambiando el mundo

San La Huerta
De empezar en un tren, a tener la terraza, pasó a ser padrino de espacios verdes, organizar un movimiento del club del compostaje y coordinador de la huerta agroecológica “La Margarita”
Guardar

Todo lo que Carlos Briganti tocaba lo convertía en vida, y por esta razón lo apodaron San La Huerta, incluso le hicieron una estampita que circula por las redes. Con discreción, es influencer ya que cuenta con más de 30 mil seguidores en Instagram bajo el nombre @elrecicladorurbano sin presumir de su logro: cuenta por allí todos los secretos para crear una huerta en un balcón o terraza. Se define como “reciclador urbano, docente de plomería y huerta, mejor dicho: docente y huertero”. Una persona que hace lo que ama, que vive para los demás y que dice: “Creo que estoy cambiando el mundo desde mi lugar, es como Galeano, las pequeñas personas que cambian todo, y yo tengo tierra bajo las uñas”.

A los ocho años creó su primera huerta, con ayuda de su padre, la preparó en un viejo gallinero, sin duda eso fue un camino de ida, todavía recuerda aquella pala con la que inició todo esto. Eso se convirtió en su vida. Hoy dice: “Cuando una persona tiene una huerta cambia la visión del mundo. Tu casa no es lo mismo cuando tenés una compostera: tirás la mitad de los residuos, ahí entendés las consecuencias de un montón de cosas. ¿En serio puedo producir un limonero o un banano en mi casa? Sí, es increíble. Todas las terrazas deberían tener compostera y huerta. Hay caminos, lo está haciendo el primer mundo, tenemos un montón de terrazas al cohete, el cambio viene lento pero consistente”.

Es uruguayo, pero a los 21 desembarcó en la ciudad de la furia en busca de encontrarse a sí mismo. Un tío le abrió las puertas, trabajó en la construcción, se formó como plomero, y posteriormente profesor de aquel oficio. Sus hijos son argentinos, como el documento que tiene en el bolsillo derecho, que a pesar de ser extranjero vivió más de la mitad de su vida en medio de los edificios porteños. El huertero agrega: “Entendí finalmente para qué vine al mundo, para resistir en la urbanidad de otra manera. ¿Por qué dejé algo que amaba que era el campo cuando tenía un horizonte azul? Con el tiempo cuando fue creciendo esto, me di cuenta de que este era mi lugar de destino. Cuando veo que todos estos jóvenes me siguen, estoy rodeado de mucha juventud, la alimentación es fundamental, nosotros producimos comida. Todo es un cambio de conciencia que muchos todavía no se dieron cuenta, tienen que despertar”. De esta manera, encontró su lugar en el mundo, entre asfalto y ladrillos, con un pequeño centímetro de verde que crezca en cualquier rincón.

San La Huerta
Carlos Briganti es una estrella en las redes sociales: su cuenta de Instagram bajo el nombre @elrecicladorurbano ya cuenta con más de 30 mil seguidores

Hace 14 años, con un perfil muy bajo comenzó a predicar sobre el cambio climático y cómo cada uno podía hacer algo ante el calvario. Agarró un tacho de pintura vacío y comenzó su viaje en un tren con asiento incluido. A ese instrumento lo llamó el compostacho, y para él se trata de su oficina: en ella pone todo lo que necesita para enseñar, desde compost hasta fertilizantes naturales y semillas. Él mismo, recuerda aquel momento: “Hace años que trabajo en absoluto anonimato, me empezó a conocer la gente por las redes. Tengo un tacho de 20 kilos bien preparadito y empecé a irme en el tren a dar charlas, toda zona oeste y sur. Me sentaba en mi tachito, iba dando charlas en todos lados. Así empecé, todo a pulmón”.

Ese camino que inició, saltó a la fama en plena pandemia, cuando sus huertas producidas con materiales reciclados se hicieron conocidas por un gran número de seguidores. Recuerda: “Se armó una cosa infernal y en pandemia salió hacer 30 huertas en la vereda, cuando no se podía salir, yo tenía la mía en la vereda, intervenimos toda la vereda, son neumáticos pintados y decorados. La gente entendió que el encierro no era un condicionamiento para ir a la vereda, reconstruye el tejido social. Daba vivos por Instagram, empezó a entender lo bueno de producir en tu techo, de ese espacio oleoso en tu techo. Ese fue el impacto de las redes sociales”. Lo que para él implica: las redes sociales son un camino para comunicar la construcción de un cambio.

Además de huertero es escritor y se encuentra realizando su segundo libro, mientras que su obra Una huerta en mi terraza ya superó las 3.000 copias vendidas, con el objetivo de financiar las charlas gratuitas que da por todo el país. “Lo escribí rápido, porque tengo todo en la cabeza, con esto solo me tengo que poner a redactarlo y escribirlo, es lo que hago todo los días, mis propios preparados y biofertilizantes, y lo comparto en las redes sociales para que los demás lo puedan hacer. Los secretos están en las redes, mi libro lo usó para financiar”, agregó Briganti.

San La Huerta
La estampita de "San la Huerta"

Sus encuentros son para todos, literalmente: para todos y todas. Carlos no cobra por hablar, ni por enseñar. Deja a su lado un tachito para quienes quieran colaborar con su causa, y por supuesto para comprar libros, los que quiere donar en forma de una gran biblioteca como legado para la humanidad.

Crítico, es un soñador empedernido con que todo es posible, incluso con la utopía de cambiar el mundo. Su mayor inspiración sería convertir los costados de las autopistas en huertas para todos y todas. Todas las noches, antes de acostarse tiene una idea que no lo deja conciliar el descanso: huertopolis, crear la huerta más grande de la ciudad en algún gran predio abandonado. Atento, discute y se expresa: “No voy a parar hasta hacer huertas al lado de las autopistas, ya está en Santa Fe, yo quiero hacer lo mismo acá. Estoy esperando que los funcionarios se despierten y me habiliten una franja, un perimetral, un baño químico, y el resto lo pongo yo y la gente. Lo poco que pedimos para cambiar la realidad, tenemos hectáreas al lado de la autopista y vía del tren, juntando pasto, que tienen que gastar cortándolo. Pedimos poco. Es una tarea titánica, todos se tiran la pelota y nadie se quiere comprometer. Necesitamos que un funcionario diga que este es el camino que tenemos que hacer, los jóvenes ya lo vieron y los funcionarios todavía no. Necesito que se despierten, quiero hacer una huertópolis en la ciudad, en alguna hectárea vacía. Con eso te transformo todo, te hago una huerta modelo para que lo vengan a ver toda la ciudad”.

San La Huerta
“No voy a parar hasta hacer huertas al lado de las autopistas, ya está en Santa Fe, yo quiero hacer lo mismo acá. Estoy esperando que los funcionarios se despierten y me habiliten una franja, un perimetral, un baño químico, y el resto lo pongo yo y la gente", dice

San La Huerta, que dice que va lento pero a conciencia y que cientos de jóvenes siguen cada paso que da, confirmó que en su forma crítica de activismo está el camino para el cambio de paradigmas que, según él, todos necesitamos. Repite, una y otra vez: “Una huerta es un multiplicador de cambio de conciencia, ahí se da la conversación. Se discute salud, educación, se discute. Cómo se puede vivir en la humanidad decentemente, cómo faltan espacios verdes, plantar 100 millones de árboles, es una máquina que genera oxígeno alimento y sombra, y alimentará los pájaros. Tenemos que empezar por hacer algo y dejar de mirar para otro lado”.

Reconoce el trabajo de sus colegas, con mucho cariño se expresa sobre la huertera Ana Armendriz, de la primera huerta comunitaria de Palermo Luna de Enfrente, al decir: “Ana es increíble huertera, la quiero mucho y la apoyó. Está cambiando el mundo. Todos tenemos la posibilidad. Todos podemos cambiar el mundo, lo tenes que entender, con tu pequeño aporte y creatividad, lo pones a trabajar en un proyecto como este y cambio”. De esta manera, encuentra en el mundo actores que no se conforman con la realidad y deciden cambiarla. De empezar en un tren, a tener la terraza, pasó a ser padrino de espacios verdes, organizar un movimiento del club del compostaje y coordinador de la huerta agroecológica “La Margarita”.

Termina el llamado, con un mensaje contundente, con las manos con tierra está por atender aquellas macetas que cubren un techo de 60 metros en Chacarita, y dice: “El cambio está en cada uno, hoy podés empezar, no necesitas irte a Europa, lo último es un tacho con un agujero donde puedes reciclar tus residuos orgánicos para que no se vayan a un desecho sanitario. Apunto a que la gente no gaste dinero, recicle la basura, es el tacho que está en todo el mundo. Esos grandes de pintura, se masificaron. Es la mejor compostera del mundo y cualquiera lo puede hacer”.

SEGUIR LEYENDO:

Últimas Noticias

San Cayetano: nació lejos de este suelo y terminó por convertirse en uno de los símbolos religiosos más venerados de la Argentina

El santo del pan y del trabajo nació en Venecia, estudió en Padua y Roma, trabajó en Nápoles bajo la corona española, la devoción a su figura llegó a Santiago del Estero desde España y finalmente encontró su santuario en Buenos Aires promovido por Santa María Antonia de san José. La historia de una figura que, como los argentinos, pertenece a un crisol de pueblos que se cruzan, supo adaptarse y transformar su herencia en algo nuevo

San Cayetano: nació lejos de este suelo y terminó por convertirse en uno de los símbolos religiosos más venerados de la Argentina

El Faro del Fin del Mundo, la luz que desafió al océano: las torres que guiaron a los navegantes durante más de 2.000 años

Durante siglos, una luz en la costa guio a los navegantes. Desde el Faro de Alejandría hasta San Juan de Salvamento, estas construcciones muestran cómo la ingeniería y el trabajo humano transformaron la navegación. Desde 1989, cada 7 de agosto se conmemora el Día Mundial de los Faros

El Faro del Fin del Mundo, la luz que desafió al océano: las torres que guiaron a los navegantes durante más de 2.000 años

La última apuesta de Natalio Botana: un croupier desafiante, un Rolls Royce fuera de control y un diario que cambió al periodismo

Nació en Uruguay pero se instaló en Buenos Aires en su juventud. Fundó Crítica, que llegó a imprimir 900.000 ejemplares por día. Se enamoró de la mujer que irrumpió en su despacho para increparlo y el suicidio de un hijo los separó para siempre

La última apuesta de Natalio Botana: un croupier desafiante, un Rolls Royce fuera de control y un diario que cambió al periodismo

Tiene 27 años, se abrió camino en una profesión de hombres e hizo del camión su hogar: “Gano el triple que en mi anterior trabajo”

Nadia Espíndola es misionera y desde hace tres meses se desempeña como camionera para una empresa argentina. Sus primeros pasos en el rubro los dio en 2024, cuando fue contratada por una compañía brasileña que la llevó a transitar por distintas rutas del Mercosur. “Ordeno la cabina del camión como su fuese mi casa”, contó

Tiene 27 años, se abrió camino en una profesión de hombres e hizo del camión su hogar: “Gano el triple que en mi anterior trabajo”

“No me gusta dormir solo, no funciono solo”: Julián Weich habló sobre el amor, la búsqueda de paz y su relación con la muerte

En Ellos, el nuevo ciclo de Infobae, el conductor reflexionó sobre su vida en pareja, el vínculo con sus hijos y los cambios que atravesó en el ámbito personal y profesional. Además, compartió su mirada sobre la soledad, el paso del tiempo y su forma de pensar la finitud

“No me gusta dormir solo, no funciono solo”: Julián Weich habló sobre el amor, la búsqueda de paz y su relación con la muerte