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La increíble historia de la primera piloto argentina de acrobacia, que llegó a su boda volando cabeza abajo

Jennifer Dillon fue reconocida por la Federación Aeronáutica Internacional y acaba de ser declarada “personalidad destacada” de su ciudad, La Plata. Hoy busca posicionar la actividad como deporte profesional y desea que más mujeres se sumen a una actividad que, define, está “muy masculinizada”

Jenny Dillon, la primera mujer piloto argentina de acrobacia reconocida por la FAI
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Jennifer Dillon aclara, de entrada, que no es la primera mujer piloto en Argentina, sino que las precursoras fueron Carola Lorenzini (1899-1941) y Charito Germanó (1937-2010). Pero ella sí es la primera que compite en acrobacia en planeador en el país y la primera en obtener la licencia deportiva para esa disciplina, emitida por la Federación Aeronáutica Internacional (FAI).

Llegar hasta aquí significó un largo camino en subida: comenzó en el mundo aeronáutico como azafata y un taller aéreo que tomó en Tandil, en 2001, marcó su camino. Así se inició como piloto en acrobacias aéreas y comenzó a trazar el camino para otras mujeres que, como ella durante sus años de secundaria, querían volar. Hoy lleva aún más alta la vara que dejaron sus precursoras del aire.

Esto la hizo tener el reconocimiento de sus pares varones a nivel internacional. “Su éxito y espíritu pionero impulsó este deporte y la convirtió en un ícono de inspiración y fomento de la acrobacia aérea”, dicen de ella en la web de la FAI donde anticipan que “su historia encenderá una chispa en otras mujeres”.

Lo hace y no solo con las congéneres: desde 2014, dirige junto a su padre una escuela en la que dicta cursos teóricos de carreras aeronáuticas, es socia fundadora de la Asociación Argentina de Acrobacia Aérea y participa de manera activa en la Asociación de Mujeres en Aviación Argentina para fomentar y difundir la actividad aeronáutica en general y la deportiva en particular. Este jueves 19 de mayo, fue declarada personalidad destacada de La Plata, ciudad en la que vive desde los 2 años.

Jenny Dillon, piloto de acrobacia
Jenny Dillon, la primera piloto argentina de acrobacia reconocida por la Federación Internacional (@jennydillon.jok)

El mundo de cabeza

Jennifer Dillon tiene 38 años, nació en una familia que ama volar y durante su adolescencia descubrió que compartía esa pasión. Su padre, Carlos Dillon, es piloto de aviación y sus tíos Ernesto y Enrique pilotos de Aerolíneas Argentinas. Aunque su vida no transcurrió únicamente en un aeroclub, siempre le despertó particular curiosidad todo lo que veía que ellos hacían, pero, sobre todo el sentir que demostraban.

“La felicidad que mi papá sentía fue mi mejor inspiración”, reconoce en diálogo con Infobae. “Ver la felicidad y el disfrute de él mientras trabajaba era algo supremo. Lo miraba y pensaba: ‘¡Mi papá se va a trabajar feliz!’, y no era algo muy usual. Y mucho menos que, con los años, siguiera sintiendo esa felicidad además de tanta pasión y entusiasmo. Eso fue lo que me inspiró”, admite el día que la declararon “Personalidad Destacada” de La Plata.

Volviendo atrás, cuando decidió seguir por el camino del aire y la felicidad, lo hizo “tal vez por una cuestión cultural”, reconoce, estudiando para ser Tripulante de Cabina, lo que antes se llama azafata, porque no sabía cómo arrancar: “Pensé que era la única posibilidad dentro de todo lo que se ofrecía en la aviación. Creí que para las mujeres esa era la única opción cercana a volar”.

Jenny Dillon, piloto de acrobacia
A Jenny la relaja volar y dice que ese es un momento único para ella (@jennydillon.jok)

A los 20 años, obtuvo la primera licencia aeronáutica como tripulante y a los dos años acompañó a su padre y hermanos a un Taller Aeronáutico en Tandil donde había charlas y demostraciones de diferentes tipos de vuelo (helicópteros, planeadores, aeroaplicación, vuelos ejecutivos).

Esa experiencia cambió todo: voló por primera vez acrobacia en un planeador, realizó el primer vuelo de acrobacia y el primer vuelo en planeador. No hubo vuelta atrás. “Entendí que eso era lo que quería hacer, pero en Argentina no había escuelas formativas para esta disciplina”, dice y cuenta que su formación en aviones debió realizarla en los Estados Unidos. Dieciséis años después, realizó su primera competencia volando un planeador.

Tiempo después, conoció a Marcos, su esposo, en el aeroclub que compartían para entrenar y donde, en 2017, se casaron: Jenny llegó a su boda piloteando un avión y Marcos Martín, su esposo y colega, otro.

“Preparamos un show de acrobacias sobre el Aeroclub La Plata (donde nos conocimos). Y, como en las competencias, cada uno hizo una maniobra aérea conocida y otras nuevas”, recuerda sobre la noche especial que aunque maravillaron a los invitados, ninguno se sorprendió de lo que veían.

Jenny Dillon - boda
Jenny llegó a su boda piloteando un avión y Marcos Martín, su esposo y colega, otro (AMAA - Asociación Mujeres en Aviación Argentina)

“No fue algo sorpresa porque, aunque no lo contamos, como nos casamos en el aeroclub y todo sabían a qué nos dedicamos, ¡era esperable que apareciéramos volando! ¡Ja, ja!”, reconoce sobre la que para ella fue una noche especial rodeada de sus seres queridos y la familia aeronáutica.

Un año más tarde, el matrimonio Jenny-Marcos entrenó en planeador para competir en el National Aerobatic Championship, que se se realizó en Spitzerberg, Austria, en agosto del 2019, y fueron parte del primer equipo argentino en competir internacionalmente en la clase GLIDER.

Ella se quedó con el segundo puesto en su categoría y, pasado un tiempo, en Dolores (provincia de Buenos Aires) fue parte de la primera competencia de acrobacia para avión y planeador que organizó la Asociación Argentina de Acrobacia Aérea, de la que es socia fundadora, y obtuvo el primer puesto en su categoría y en la general. Además, logró el puntaje más alto de todo el certamen, lo que se tradujo en posicionarse entre los mejores pilotos de acrobacia del país.

Jenny Dillon, piloto de acrobacia
"La acrobacia me permitió estar en lugares donde nunca imaginé que iba a estar" (@jennydillon.jok)

“La acrobacia me permitió estar en lugares donde nunca imaginé que iba a estar. Me costó un montón llegar hasta acá porque es un mundo masculinizado, en general, y en la acrobacia en particular, digamos, y solo para algunos hombres porque es una actividad cara”, define desde lo económico a la disciplina que describe como su pase a la felicidad.

Jenny compite y suma galardones, pero dice que la verdadera competencia es con ella misma. “Es eso, superarme a mí misma. Mi desafío de volar, de aprender cosas nuevas y volar bien”, dice.

Entre suspiros, cuenta también sus sensaciones: “Me da tranquilidad, mucha tranquilidad. La gente lo relaciona con la adrenalina, pero a mí me relaja y genera una sensación tan placentera y de tanta felicidad que es difícil explicarlo... Me emociona definirlo porque no evito recordar todo lo que me costó llegar hasta acá”.

Ese “hasta acá” significa su primer vuelo en planeador, en 2003; haber volador una nave más grande, en 2006; el curso que realizó al año siguiente; el entrenamiento formal de acrobacia que logró en 2011 y que nunca dejó de practicar ni entrenarse para perfeccionar la técnica de las figuras que realiza. Poco antes de la pandemia por el coronavirus, Jenny logró tener su propio avión soñado.

Hoy, lo que sueña, mientras mira por la ventana su propio avión, es que más mujeres y hombres puedan acceder a la enseñanza aeronáutica, que ese enseñanza se formalice y que en Argentina la acrobacia que practica sea un deporte profesional. “El reconocimiento que recibí hoy tiene como destinatarias a todas las mujeres que deseen insertarse en la aviación porque es un mundo que que todavía está muy masculinizado. Es mi objetivo”, finaliza.

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