
De fondo suena Viva la Vida de la banda británica Coldplay. Ade no sólo disfruta de la letra y melodía mientras cose a máquina sino que además, hay cierta analogía entre la historia detrás de esa obra musical, y la reinvención de esta jubilada de 64 años.
Según explicó alguna vez Chris Martin, el líder del grupo se inspiró en el cuadro de la artista mexicana Fridah Kahlo, que enferma y desde su cama pintó una de sus obras más emblemáticas, que lleva por nombre el mismo que la canción.
“Ésta pobre mujer soy yo (o mi espalda), haciendo tapabocas en el invierno pasado. ¡Cómo me salvaron! Ahora me puedo cortar el pelo. Y también ir creciendo en mi emprendimiento. Porque ustedes me ayudaron. Gracias”, escribió en su cuenta de Twitter @Maria, La Salsa. El mensaje fue aplaudido por la comunidad en red.
Detrás del usuario se esconde Maria Adelina, aunque le gusta que le digan Ade. Ese tuit que compartió fue una especie de agradecimiento, aunque sirvió de ejemplo para muchos.

Jubilada desde hace casi cuatro años, encontró su verdadera vocación cuando pensó que su tiempo ya había pasado. “A los 60 dejé de trabajar, después de casi dos décadas en el rubro gastronómico. Era asistente de cocina. Era una tarea que me gustaba, pero también lo hacía por la necesidad económica”, le cuenta a Infobae.
Nacida y criada en Villa del Parque, Ade fue madre soltera. Siempre fue el sustento de su casa. “De mi madre heredé el PH donde vivo con mi hija. No tengo aire acondicionado, ni auto, tampoco pago un alquiler. No falta nada, pero tampoco sobra tanto”, admite.
Desde que dejó el mercado laboral se dedicó a disfrutar de su tiempo libre, cocinar para otros, escuchar música pop -uno de los géneros que más le gusta-, mirar programas de viaje y cultura por internet. Hasta que llegó la pandemia.
“Con la inflación y la incertidumbre noté que mi jubilación dejó de rendir. Vivo al día. Todo estaba aumentando. Incluso mi hija tuvo que rescindir el contrato y mudarse conmigo para achicar los gastos”.
Una tarde de mayo del 2020, en pleno aislamiento social y obligatorio, su hija le acercó unos retazos de tela. “No salía ni a la esquina por temor al Covid-19, la única que lo hacía era ella para trabajar. Me habrá visto un poco desanimada, y la verdad que me sentía inútil. Me incentivó a hacer alguna manualidad”, recuerda.
Así fue que recuperó una antigua máquina de coser que tenía en alguno de los placares de su casa. “MI madre fue manicura y mi padre mozo. Me había regalado un libro de corte…pero nunca le había prestado atención”, admite.
Empezó a vestir la casa: manteles, cortinas, repasadores. “El tiempo se me pasaba volando, ponía música de fondo y me dejaba llevar. Hasta que se me ocurrió hacer barbijos”. Con la ayuda de algunos moldes que tomó de internet, otro poco de ingenio y tiempo, Ade hizo tapabocas. “Note que me había quedado lindos”. Sin pensarlo, un tarde se animó a ofrecerlos en el local de la esquina que vende ropa para chicos. “Le entregué unos diez. A la semana me llamó porque se vendieron todos. Así durante casi cuatro meses. Estaba motivada”.

Pasaron casi dos años, y Ade jamás dejó de trabajar. “Lo que empezó como una necesidad económica y anímica, se volvió una pasión. Me emociono de pensarlo”. Hoy ya no cose barbijos y se expandió al rubro de la blanquería: repasadores, manteles, cestos, posa vasos. “Soy una creativa”, asegura.
Así se vende en las redes sociales. Desde que puso en marcha su emprendimiento creó una cuenta de instagram @Adecitacreativa, donde publica sus diseños. En poco tiempo logró varios clientes. “El título de emprendedora me queda grande, me gusta pensar en una persona que crea lo que ama”.
Es detallista y autoexigente. Entrega cada pieza envuelta en una bolsa reciclada que hace con los retazos que le sobraron. Además las perfuma con hojas de laurel, romero y lavanda. “Creo que la gente lo valora, tomo con mucho respeto a mis clientes”, opina. Aunque en realidad, el secreto de todo está en el amor que le pone a lo que hace.

El relato de Ade es una pequeña gran muestra del mito que sostiene que a los 60 se termina la vida útil. Ya no es así.
Para Ana Gambaccini, dedicada desde hace tiempo a difundir y promover la llamada silver economy o economía plateada (que apunta al sector de la población que supera los 50 años), es necesario revisar el concepto de vejez, porque durante los últimos 40 años aumentó la expectativa de vida y hay una nueva longevidad.
“La mujer que antes a los 60 ‘era una abuelita’ ahora es una persona que tiene ganas, salud y energía para desarrollar su potencial. No se puede llamar ‘vieja’ a una sexagenaria, si va a vivir hasta los 90 años”, sostiene Gambaccini.
En esa sintonía, Ade confirma que la edad es un número. Piensa seguir creciendo en su proyecto personal. “La demanda crece, y a veces no puedo con todo sola, así que en algún momento me gustaría incorporar alguien para formar un equipo”.
Mientras tanto, la canción Viva la Vida sigue sonando mientras cose sin límites. “Hago y hago cosas, porque lo que no se vende hoy, se vende mañana. ¡Qué viva mi creatividad!”
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